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Red Internacional

Levantemos un movimiento de la diversidad combativo y en las calles, que busque la liberación de nuestra sexualida y de la humanidad entera.

Diego Juárez@diego_enp2

Viernes 17 de junio | 01:28

Se cumplen 53 años de las revueltas de Stonewall, que fue el enfrentamiento de gays, trans, travestis, bisexuales y lesbianas, con la policía que los criminalizaba, perseguía, golpeaba y torturaba. Estas revueltas, que duraron tres noches, fue el resultado de años de hartazgo a la violencia sistemática de las fuerzas represivas en complicidad con el Estado y la Iglesia.

Estas revueltas callejeras fueron parte de un sentir de época, donde a lo largo del mundo en los 70 y 80 había surgido una juventud combativa que protagonizó la lucha de las mujeres, de los afroamericanos, contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos, además del Mayo Francés junto a los trabajadores, la que estuvo en Tlatelolco, la que luchó contra las dictaduras en América Latina y España.

Una juventud que cuestionaba todo, incluso las normas establecidas por este sistema patriarcal y capitalista que nos impone una sexualidad heteronormada que no cuestione el orden “natural” de las relaciones erótico-afectivas y del “modelo” de familia.

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El movimiento LGBT+ en la actualidad

Han pasado muchas décadas de aquellas movilizaciones que empezaban a surgir en todo el mundo que luchaban por la libertad sexual, y en los últimos años, tras el avance de las movilizaciones y la visibilización de las disidencias, ha habido avances en derechos democráticos, recientemente se aprobó el matrimonio igualitario en 27 estados, también leyes de identidad de género en 19 estados y en 11 se votó la prohibición de los Ecosig, las mal llamadas “terapias de conversión”.

Pero esto sigue siendo insuficiente porque a la par vemos un avance importante de la violencia hacia las disidencias, con el aumento en los crímenes de odio, lo que expresa que esos derechos no se ven reflejados en la cotidianidad de las disidencias. Simplemente del 2017 al 2021 se registraron 461 crímenes de odio, sin contar los casos no registrados, además recordemos que este año iniciamos con 8 crímenes de odio, siendo enero uno de los meses más violentos.

Por eso es insuficiente, no basta con pelear por algunas migajas que nos da este sistema, no basta con algunas reformas, aunque desde ya la conquista de derechos nos deja en mejores condiciones, no nos garantiza una vida digna.

De hecho, este movimiento por la liberación sexual que comenzó cuestionando todo, que enfrentó a la policía, a las mafias de los bares que ganaban a costa de nuestra exclusión de los espacios públicos, que cuestionó al sistema patriarcal y capitalista, será celebrado con movilizaciones enormes en casi todo el mundo, pero también de carrozas de empresas que mientras se jactan de ser amigables y contratar a personas LGBT+ mientras despiden y precarizan, quedando en solo propaganda y en el “dinero rosa” que engorda sus bolsillos.

Todo esto debido a la cooptación y apaciguamiento que hubo del movimiento LGBT+ y sus organizaciones, durante la etapa neoliberal, donde las organizaciones que hoy se autoproclaman la representación de la población LGBTIQ+, antepusieron una agenda limitada al respeto a las identidades y la conquista de algunos derechos, una agenda punitiva contra la discriminación como si con eso bastara para resolver todos los problemas, pero sin contemplar la compleja ligazón con la clase, raza y nacionalidad.

Donde esta cooptación y la pelea por reformas ha llevado a que se celebre cada vez que una persona LGBT+ es parte de la policía, del ejército siendo que son las mismas fuerzas represivas que han servido para acosarnos, reprimirnos o aleccionarnos por salirnos de la heterónoma impuesta por este sistema, también se celebra cuando llegan a algún alto puesto político, como si eso significara grandes avances para nuestros derechos, pero es todo lo contrario, porque votan leyes anti obreras o avalan guerras por parte de los países imperialistas, lo mismo pasa con las personas de las disidencias que ocupan cargos empresariales, mientras mantienen precarizados a les trabajadores.

Esa idea de un camino a través de un buen trabajo, de ascenso social, empalma de lleno con la idea de la meritocracia: con el esfuerzo individual, es posible salir adelante. Para las generaciones jóvenes, que sienten como propia la pelea contra la discriminación más allá de su sexualidad o identidad de género, este camino aparece cada vez más como una utopía. Se evidenció desde la crisis del 2008 y más aún con la desencadenada tras la pandemia que solo profundizó la brecha entre ricos y pobres. Sin embargo, desde sectores de derecha y ultraderecha insisten con estos discursos, que buscan depositar la responsabilidad y la solución a grandes problemas sociales en las personas individualmente.

Por otro lado, las políticas de inclusión han tenido múltiples beneficios para los empresarios. Desde el diseño de un nicho de mercado específico al que dirigirse con una batería de productos y servicios, hasta para lavarse la cara ante nuevas generaciones de consumidores que exigen respeto a la diversidad, como también para beneficiarse con la desgravación de impuestos y no basta con que las empresas den dinero para proyectos LGBT+, refugios, entre otras, no queremos empresas en nuestro movimiento.

¿Qué perspectiva para luchar?

Nuestra opresión y explotación no puede ser concluida cambiando únicamente la cultura. Nuestra opresión está enraizada en las instituciones del estado capitalista: las prisiones, los policías, las escuelas, así como en el rol del cristianismo en el estado. Está enraizado en la familia actual, que es donde se reproduce la ideología patriarcal y capitalista, donde se empieza a educar a una edad muy temprana sobre los roles de género que son necesarios para obtener labor reproductiva no remunerada primordialmente de las mujeres y rompe con toda rebeldía y cuestionamiento en la juventud. Está enraizada en la alienación general dentro y fuera de los lugares de trabajo. Está enraizado en una sociedad de miseria sexual, en la que desgastamos nuestros cuerpos y mentes en el trabajo para solo ser una sombra de nosotros mismos al volver a casa.

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Porque la conquista de nuestros derechos no se puede dar en el marco de esta democracia para ricos ni de sus instituciones ni en sus partidos, ya que son ellos responsables de aplicar los planes contra los trabajadores, los miles de feminicidios y crímenes de odio que ocurre en nuestro país y que siguen sin ser castigados; dándoles carpetazo diciendo que son crímenes pasionales o ajustes de cuenta e incluso que tuvieron la culpa de su asesinato.

Que como bien escribe Andrea D’Atri en su texto Los roles: casados con hijos, “esta sociedad fundada en la explotación del trabajo asalariado, también reprime la sexualidad que no está ligada estrictamente con la función reproductiva como, por ejemplo, la homosexualidad, el lesbianismo, etc.” Por eso no podemos reformar nuestra salida de esto: necesitamos una revolución que termine con este sistema patriarcal y capitalista, que mercantiliza nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y deseos, para así crear las bases materiales para un cambio cultural masivo para liberar nuestro género, sexualidad y a toda la humanidad. Este es nuestro objetivo por el cual luchamos.

Por eso es necesario construir organizaciones y coordinaciones amplias para construir un movimiento independiente de los empresarios y sus partidos, que, por un lado, los partidos de derecha como el PES y el PAN nos imponen leyes conservadoras que dicen proteger la vida desde la concepción y la familia tradicional, buscando mantenernos bajo los mandatos patriarcales, negando nuestro derecho a decidir y a vivir nuestra sexualidad libremente.

A pesar de que MORENA cuenta con mayoría en los congresos y que tiene un discurso "progresista", ha dejado pasar este tipo de leyes como se vio en Guanajuato, Veracruz, Aguascalientes, entre otros, lo cual no es de sorprender, ya que AMLO ha dicho en varias ocasiones que el matrimonio igualitario y el aborto tienen que ponerse a consulta, cuando ningún derecho debe ser consultado.

Esto acompañado de la unidad entre las luchas del movimiento de mujeres, de las disidencias y la clase trabajadora en su conjunto, que es la que echa andar la maquinaria del país y el mundo, así como puede paralizarlos si se lo propone, haga propia la lucha por estos derechos y contra toda forma de opresión.

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