Géneros y Sexualidades

MUJERES

¿Qué moviliza a las mujeres?

En días previos, luego del 8M vimos los medios de comunicación desplegar una campaña mediática en contra del feminismo, sin embargo, poco se dice de las miles que salimos a las calles y las razones de nuestra movilización.

Joss Espinosa

@Joss_font

Viernes 12 de marzo

El 8M, pese a la pandemia y los intentos de desmovilización por parte del gobierno Federal con las vallas en palacio nacional decenas de miles tomamos las calles en la CDMX y en otras ciudades del país. Fue una jornada en la que se refrendo la denuncia a la violencia y la precarización que vivimos las mujeres a diario.

Los medios de comunicación se enfocaron más en visibilizar las acciones realizadas en el zócalo, y el “enfrentamiento” entre manifestantes y la policía, como si se pudiera hablar de enfrentamiento y no de una represión abierta en tanto que vimos un despliegue escandaloso de la policía de Sheinbaum, represión en la que además se denuncia que se utilizó balas de goma, gases e inhibidores de drones en el techo de palacio nacional, mismos que fueron denunciados como una fuerte forma de intimidación a las manifestantes.

Sin embargo, lo que no se dice es cual es la causa de que miles de mujeres hayamos tomado las calles el pasado 8 de marzo.

Las cifras de la violencia y la impunidad

La respuesta de familiares de victimas a las vallas puestas por AMLO en Palacio Nacional, es la clara evidencia de una de las principales consignas que movilizan a las mujeres en este país. Los miles de nombres escritos en las vallas con el encabezado “victimas de feminicidio” mostro la cruda realidad que vivimos las mujeres.

Por un lado, se denuncia que el 2020 en plena pandemia el feminicidio aumento un 1.4 %. El año pasado cerro con 940 feminicidios registrados, sumado a los 2mil 783 asesinatos a mujeres clasificados como homicidios dolosos, muchos de los cuales no son juzgados como feminicidios de forma deliberada. Sumado a eso, en lo que va del año se registraron ya 110 desapariciones de mujeres, que en su mayoría tiene entre 15 y 19 años.

Pero las mujeres y los familiares de victimas de feminicidio y desapariciones de mujeres no solo tienen que lidiar con la violencia, también con la terrible impunidad que impera en el país. Se estima que más de la mitad de los feminicidios quedan en la impunidad, pero esta cifra solo contempla a aquellos casos que fueron juzgados como feminicidios, la cifra se eleva si contemplamos los asesinatos de mujeres que son juzgados como homicidios o incluso como suicidios.

De ahí que el enojo expresado en las protestas de mujeres no solo son producto de la violencia sino la completa indolencia por parte de las instituciones. Resulta un calvario para los familiares de víctimas la búsqueda de justicia, siendo las instituciones del Estado las que son omisas y ponen trabas para la misma.

La respuesta de la 4T

Ante esta situación el gobierno de la 4T, y sobre todo AMLO han respondido minimizando la situación de violencia que atravesamos las mujeres, siendo las vallas en Palacio Nacional y la represión del 8M una de las grandes muestras de su respuesta.

Pero no solo han sido los desafortunados comentarios de AMLO en la mañanera, han sido medidas concretas con las que el gobierno le ha dado la espalda a las mujeres. Por un lado, continuó la militarización del país con la Guardia Nacional, que en sexenios pasados aumentó el feminicidio en un 800 %.

Por otro lado, recortó el presupuesto a refugios transitorios e instancias infantiles como parte de su política de austeridad republicana, que, lejos de afectar a los altos funcionarios como afirmaba, ha afectado a miles de mujeres que ya no pudieron acceder a estos derechos antes conquistados.

Asimismo, en medio de la pandemia no hizo nada para impedir los despidos y recortes salariales que en su mayoría afectaron a las mujeres, y que, huelga decirlo, el hecho de que las mujeres no tengan ningún ingreso propio las pone en una situación de vulnerabilidad mayor ante la violencia.

Entonces, ¿es real que el Estado no puede hacer nada en torno a los feminicidios?, pensemos cuantas denuncias de violencia sexual fueron ignoradas y terminaron en feminicidio, o en las mujeres que viven en extrema pobreza y están expuestas a las redes de trata y la violencia, o todas las mujeres que no pueden salir de una situación de violencia porque no tienen a donde ir.

Pese a que sabemos que la situación de violencia que vivimos es estructural, y mientras los gobiernos no rompan con el sistema capitalista patriarcal no pueden acabar con la violencia, si podemos imponerles medidas mínimas para reducir que los casos de violencia terminen siendo un feminicidio.

De igual forma, la 4T y sobre todo sus figuras feministas se jactan de haber impulsado leyes y medidas, como la Ley Ingrid o la Ley Olimpia, y aunque estas son una respuesta para contener el movimiento de mujeres y son vistas como conquistas, no han significado un cambio sustancial para las mujeres, sobre todo las trabajadoras y las más precarizadas.

Es las medidas concretas para evitar la violencia no se ven. Esto se expresa de forma más cruda si pensamos que mientras se destinan millones a la Guardia Nacional se recorta el presupuesto para derechos conquistados por las mujeres anteriormente, como lo mencionado en torno a instancias infantiles y refugios transitorios para victimas de violencia. Es decir, las prioridades de la 4T están en otro lado.

Por un plan integral contra la violencia

El potencial que hemos visto del movimiento de mujeres en los últimos años muestra no solo el repudio a la violencia, sino las posibilidades de imponer una realidad distinta para las mujeres. Y aunque las movilizaciones han sido muy importantes, uno de los grandes problemas es que este movimiento no tiene espacios de discusión y organización para plantear que salida ante la violencia. No podemos resignarnos a simplemente resistir ante la violencia, y espacios amplios, democráticos en los que coordinemos nuestras acciones podrían ponernos a la ofensiva ante la realidad mexicana.

Estos espacios podrían empujar alianzas con otros sectores que hoy están viviendo las consecuencias de la crisis económica y sanitaria, que en ultima instancia es la clase trabajadora en su conjunto, la cual es crecientemente femenina. La alianza entre el movimiento de mujeres y el movimiento obrero podría imponer al gobierno un plan integral contra la violencia.

Este plan podría contemplar no actuar solamente cuando un feminicidio es perpetrado, sino que podría tener medidas preventivas ante los asesinatos de mujeres. Por un lado, abonar a mejorar las condiciones estructurales de las mujeres, con trabajos dignos, que cuenten con salarios acorde a la canasta básica, para que las mujeres no dependan económicamente de los varones. Trabajos con licencias de maternidad, cuartos de lactancia y guarderías, para que el ser madre no sea impedimento para la emancipación económica de las mujeres

Medidas como guarderías, comedores y lavanderías financiadas por el Estado y accesibles para las familias trabajadoras podrían disminuir la carga laboral del trabajo reproductivo que recae en su mayoría hacia las mujeres.

Por otro lado, con impuestos progresivos a las grandes fortunas, la expropiación de los bienes e inmuebles de la iglesia podríamos construir refugios transitorios para victimas de violencia, para que las mujeres no tengan que esperar a la fatalidad de la violencia hacia ellas; de la mano de créditos baratos de vivienda si expropiáramos a las grandes cadenas hoteleras y las grandes inmobiliarias.

Esto ligado al acompañamiento multidisciplinario a victimas de violencia, y licencias laborales y escolares para las mismas.

Estas no son medidas extraordinarias e irrealizables, son medidas mínimas elementales que bien podría garantizar el Estado, en embargo su única política ha sido fortalecer la militarización y priorizar las ganancias de los empresarios. Esto demuestra, que, como hemos denunciado en otras ocasiones que los gobiernos no nos van a regalar nada, tendremos que arrancar todos y cada uno de nuestros derechos, y que estos sean pasos firmes para cuestionar de forma cada vez más profunda la violencia, mostrando que esta tiene un carácter estructural; y que para acabar con la violencia y toda forma de opresión a las mujeres en necesario transformar este mundo de raíz.

Porque no se va a caer, lo vamos a tirar, y para ello necesitamos una perspectiva anticapitalista, socialista y revolucionaria.






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