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Red Internacional

Se acerca el 15 de mayo, las y los maestros del país conmemoraremos nuestro día sin haber visto aún la tan nombrada “revalorización del magisterio” prometida por el gobierno de la 4T.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Jueves 5 de mayo | 12:24

Nos encontramos en medio de uno de los ciclos escolares más difíciles en décadas, pues la imposición del regreso a clases presenciales en plena pandemia trajo consigo no solo riesgos para nuestra salud y la de nuestros alumnos y alumnas, sino una carga de trabajo intensificada producto del rezago educativo que arrastran.

Observo a mis compañeros y compañeras cansados, agobiados, con más incertidumbres que certezas. A tan solo unos días del 1 de mayo, día internacional de las y los trabajadores, donde cientos de maestros nos dimos cita nuevamente en las calles, quedó al descubierto que, a pesar del discurso de revalorización del magisterio, la educación pública continúa bajo un importante ataque donde los derechos de las y los docentes en todos los niveles educativos, y particularmente en el sector privado, están cada día más mermados.

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Reforma educativa y nuevo marco curricular

Cuando López Obrador estaba en campaña electoral prometió abrogar la reforma educativa. Esto no sucedió, sino que la nueva reforma que decretó le dio continuidad a la anterior en buena medida. Si bien se eliminó la evaluación de permanencia, la reforma de la 4T mantuvo un régimen laboral de excepción que sigue fomentando la desigualdad salarial para el gremio a través de las evaluaciones meritocráticas del USICAMM, sin que hasta ahora se haya comprobado -ni siquiera se ha realizado un estudio serio al respecto- que éstas tengan una repercusión real en el proceso de enseñanza-aprendizaje en las escuelas.

¿No tendrían que haber consultado al magisterio para definir qué tipo de reforma necesitábamos? Y me refiero a una consulta real, escuela por escuela, con la participación de todos los maestros y maestras, padres y madres de familia y alumnos, que tenemos mucho que decir sobre el proceso educativo que llevamos adelante día a día. El gobierno se limitó a realizar foros donde la participación mayoritaria fue de los empresarios y del SNTE, que no representa nuestros intereses como docentes, pues ha dejado pasar todos los planes que atacan nuestros derechos y la educación pública.

Lo mismo hizo con el Nuevo Marco Curricular; llevaron a cabo supuestas asambleas a las que las y los maestros de base ni siquiera fuimos convocados.
La necesaria consulta al magisterio no es asunto “formal”, sino que es imprescindible si realmente se pretende revalorizar nuestra labor. Somos nosotros quienes padecemos todos los días la precaria situación de las escuelas, el recorte cada vez mayor de los contenidos educativos, la falta de personal docente, de apoyo, médicos y psicólogos, así como personal de UDEEI suficiente, el hacinamiento en las aulas, la falta de presupuesto, la violación a nuestros derechos laborales, y un largo listado de condiciones que degradan la educación pública.

Mejorar las condiciones de las escuelas, una demanda histórica

Las y los docentes llevamos adelante nuestra labor en un sector muy importante socialmente. Educamos a las hijas e hijos de las y los trabajadores. Sabemos que la educación es un territorio en disputa, pues en manos de gobiernos que representan los intereses de los empresarios y no los de los trabajadores y el pueblo, es utilizada para reforzar la ideología dominante y está supeditada a los intereses de los empresarios que requieren mano de obra barata y dócil.

Es por ello que las maestras y maestros aspiramos -y muchos luchamos por ello- a una educación de alto nivel académico que emane de las verdaderas necesidades e intereses de los trabajadores y que seamos nosotros, los docentes, junto a los padres y madres de familia y alumnos quienes definamos qué se enseña, para qué y con qué métodos pedagógicos. Por eso necesitamos espacios de discusión entre nosotros y no imposiciones desde arriba por más “progresistas” que parezcan. En este sentido luchamos por una pedagogía que sea liberadora y no opresiva y que esté al servicio de las necesidades de los alumnos. Eso definitivamente no lo ofrecerá el Nuevo Marco Curricular de la 4T.

Por otro lado, sabemos que para desempeñar adecuadamente nuestra labor docente es necesario mejorar las condiciones de las escuelas, pues muchas carecen de lo más elemental, la pandemia lo demostró. El adecuado mantenimiento y la creación de más y mejores escuelas, que tengan todo el equipamiento necesario para garantizar actividades artísticas, deportivas y recreativas de los alumnos, así como su derecho a una alimentación adecuada, balanceada y nutritiva, no puede ni debe correr a cuenta de los padres y madres de familia, sino es el Estado quien debe garantizarlo.

El hacinamiento en las aulas es otro problema con el que nos enfrentamos cotidianamente. Gracias al escalonamiento de los alumnos y alumnas para mantener la sana distancia en las aulas, las y los maestros vivimos, por primera vez, lo que implica tener pocos alumnos por grupo y confirmamos que realmente hace la diferencia. Una verdadera revalorización de nuestro trabajo hubiera buscado alternativas -como la urgente construcción de escuelas y la reapertura de los turnos vespertinos- para evitar el hacinamiento en las aulas, cosa que no solo beneficiaría a las maestras y maestros sino también a las y los alumnos.

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Derechos laborales y defensa de la educación pública, un binomio inseparable

Las y los maestros necesitamos reducir la excesiva carga de trabajo que se ha incrementado en este ciclo escolar. La carga administrativa no debería realizarse fuera de nuestra jornada laboral ni debería ocupar tanto tiempo y atención de nuestra parte, pues esto influye negativamente en el tiempo dedicado a la enseñanza en el aula. Tampoco debería haberse extendido el calendario escolar, pues las y los maestros necesitamos tiempo para descansar y reponer energías.

Deberíamos laborar únicamente 6 horas 5 días a la semana, con salario de tiempo completo. 4 horas frente a grupo y 2 para planificar, evaluar y elaborar material didáctico, es decir, no podemos tener todas nuestras horas laborales frente a grupo y seguir planificando y evaluando en nuestro tiempo libre.

Asimismo, la actualización de las y los maestros debe realizarse dentro del horario laboral y debe responder a nuestras necesidades docentes y las de nuestros alumnos.

Por otro lado, frente al aumento en la inflación y la carestía de la vida, que ha llegado a sus niveles más elevados de los últimos años, necesitamos salarios que como mínimo cubran el costo de la canasta básica -alimentaria y no alimentaria- y aumenten por encima de la inflación. No podemos conformarnos con las promesas de aumentos “reales” si estos no revierten la pérdida histórica de nuestro poder adquisitivo.

Un docente que está cansado, que no se siente valorado, que debe tener dos o más trabajos para sobrevivir, no puede ofrecer una educación de alto nivel académico, por eso es indispensable que todas y todos cuenten con derechos laborales que permitan mejorar la educación pública.

Sabemos perfectamente que para conseguir todo esto, es indispensable un aumento al presupuesto destinado a educación que podría hacerse dejando de pagar la deuda externa e imponiendo impuestos progresivos a los grandes empresarios y reorientando el gasto destinado a las fuerzas armadas.

Las maestras, mayoría en el gremio, padecemos los feminicidios y la violencia contra las mujeres, así como la negación sistemática de nuestros derechos como el derecho al aborto. El sector educativo no puede permanecer impávido frente a esta situación que afecta a las maestras, a las madres de familia y a nuestras alumnas.

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¿Cómo conquistamos una verdadera revalorización?

Se ha demostrado una y otra vez que no se puede seguir esperando un cambio favorable de este gobierno que decía querer revalorizar al magisterio y ha hecho todo lo contrario. Ningún gobierno nos ha regalado nada en el pasado, ni nos lo va a regalar ahora, todo lo que tenemos lo hemos conquistado con lucha.

Necesitamos organizarnos en cada escuela para democratizar nuestro sindicato desde abajo y convertirlo en una herramienta que responda a nuestros intereses como trabajadores y defienda nuestros derechos. Para ello pensamos que es necesario poner en pie una gran corriente de maestras y maestros antiburocrática, combativa, que esté de lado de las y los trabajadores y que retome la mejor tradición del magisterio democrático.

Asimismo, necesitamos democratizar las escuelas, pues sigue habiendo una estructura vertical que a través de los directivos y de las demás autoridades educativas impone un control burocrático y reprime cualquier expresión de descontento.

Para conquistar todo esto, necesitamos unirnos con el conjunto de los trabajadores que están padeciendo condiciones similares. Pensamos que la manera de lograr una solución favorable a nuestras necesidades y demandas es impulsar la movilización más amplia posible, basada en nuestra propia fuerza como parte de la clase trabajadora. El magisterio debe prepararse para, junto a los sectores más explotados y oprimidos de la sociedad, arrebatarle al gobierno cada una de las conquistas que hemos perdido y luchar por más. El 15 de mayo es un excelente momento para tomar nuevamente las calles y empezar a poner sobre la mesa esta necesidad.

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