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Red Internacional

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) busca regresar al trabajo presencial en medio de la pandemia, mientras las autoridades universitarias y gubernamentales marcan las pautas para atacar los derechos de los trabajadores.

Arturo RendónAcadémico de la agrupación Nuestra Clase

Jueves 26 de agosto de 2021 | 16:24

La UNAM anunció un regreso parcial al trabajo en las instalaciones, a partir de la publicación de los nuevos “Lineamientos generales para las actividades universitarias en el marco de la pandemia de Covid-19”, con el fin de que los trabajadores administrativos retomen sus funciones dentro de la universidad.

Se anunció que estos lineamientos fueron hechos por un comité de expertos, según ellos: “Estos lineamientos tienen como objetivo actualizar las medidas específicas sobre promoción y protección de la salud de la comunidad universitaria, en el marco de la evolución de la pandemia de COVID-19… que deberán ser establecidas en todas las entidades y dependencias para la realización o reanudación de actividades laborales, sociales, educativas, deportivas y culturales”, con la salvedad de que las clases presenciales no se llevarán a cabo este semestre.

Sin embargo, la máxima casa de estudios indicó que se eliminarán prácticas “comunes” tales como los tapetes sanitizantes, la toma de temperatura en accesos y las direcciones de circulación, cuestiones necesarias para detectar y combatir el virus, aunque según su reglamento la experiencia ha demostrado que no son necesarias (cosa que es cuestionable). Ya que dará preferencia a la sana distancia, límites a los aforos, horarios escalonados, espacios ventilados y uso de cubrebocas, lo cual no es equivocado, pero sí limitado para garantizar mejores condiciones para la comunidad universitaria.

Las condiciones laborales

La cuestión es que estos nuevos lineamientos apuntan a normalizar las actividades presenciales, muy alineado a lo que planteaba la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en su documento “Hacia la construcción colectiva de la nueva normalidad en la Educación Superior”, del 28 de julio de 2020. Donde planteaba una “nueva normalidad” para que los trabajadores universitarios regresaran a laborar presencialmente, en donde las escuelas privadas tuvieron especial peso pues el no uso de las instalaciones les planteó la exigencia de menores cobros de colegiatura, por lo que querían reabrir cuanto antes.

Y es que en los lineamientos no dejan ver cuándo se va a regresar la UNAM, lo cual se da en el marco de lo que se está discutiendo en la SEP, ya que impulsa la actual línea de imponer un regreso inseguro a clases presenciales en la educación básica, ya que no se encuentra planteada la vacunación masiva de los alumnos menores de edad ni tampoco la mejora paulatina de las instalaciones, lo que ha causado inconformidad amplia entre el magisterio y los padres de familia.

Por otro lado, existe un peligro latente contra los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT), ya que la implementación del modelo híbrido de forma institucionalizada requiere modificaciones a estos, pero se pretenden hacer sin consultar a los trabajadores, para eliminar materia de trabajo sindicalizada y con derechos laborales para profundizar la precarización; por ejemplo, en la UNAM en las últimas décadas se asentaron medidas de degradación de las condiciones laborales, que afectó las condiciones de trabajo y de vida de miles de docentes. Entre 2000 y 2021, de 14 mil nuevos puestos de trabajo que se generaron, 12 mil, son de profesor de asignatura y ayudantes, en otras palabras, se redujo la generación de empleo estable y aumentó la oferta de empleos precarios.

Estas condiciones se replican en todo el país a diferentes ritmos, pero todas apuntan a lo mismo, crear condiciones de trabajo cada vez más precarias. Además, no podemos olvidar que a los trabajadores de la educación les pusieron la vacuna Cansino que sólo les da 6 meses de inmunidad frente a la Covid.

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Este ataque también lo logran fomentando la división entre los trabajadores, asignando tendenciosamente derechos adquiridos. Por ejemplo, en la UNAM está el bono de calidad y eficiencia que se ofrece a quienes “realicen mejor su trabajo”, pero en estos momentos sólo pueden acceder a él los trabajadores que están en funciones.

Sin embargo, la institución no ha cumplido ni con eso, pues el año pasado, trabajadores de vigilancia denunciaron a la rectoría por el incumplimiento de pagos y bonos, cuando fueron ellos los únicos que no dejaron de laborar durante la pandemia. Así, el modelo híbrido y la nueva normalidad se intentarán imponer para atacar las conquistas históricas de la clase trabajadora.

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