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¿Qué está pasando en la UNAM?

En la UNAM los profesores de asignatura y ayudantes, junto a los estudiantes, venimos realizando una importante lucha en el marco de la crisis educativa y económica. Acá te contamos la perspectiva de lucha que tenemos docentes y trabajadores administrativos que nos organizamos en la agrupación Desde las Bases.

Jueves 29 de abril | 19:35

Con 23 escuelas en paro y organizando asambleas de profesores y estudiantes, en esta nota desarrollaremos los elementos más relevantes y progresivos de la organización política y demandas, así como la dinámica del movimiento que de fortalecerse con la coordinación de las luchas y en avanzar en unidad, significaría dar pasos agigantados para dar marcha atrás a las políticas laborales y educativas de cuatro décadas de neoliberalismo.

1.

En primer lugar, a raíz de la falta de pagos en distintas facultades de la UNAM, adeudos de más de un semestre, en salarios, prestaciones y estímulos académicos, hoy el movimiento está denunciando que la base de estos problemas, que las autoridades nos quieren hacer ver como “administrativos”, es la precarización e inestabilidad laboral en la cual desarrollamos nuestra labor docente. Por ejemplo, un profesor de 20 años de antigüedad puede quedar en cualquier momento sin trabajo.

Las figuras de profesores de asignatura han sido a nivel superior la forma de precarizar, fragmentar y eliminar nuestro derecho a la organización política, quienes recibimos salarios de 3 mil a 7 mil pesos que no alcanzan para vivir.

También a partir del ir conociendo la realidad precaria de los profesores de asignatura y ayudantes, nos hemos enterado de otras figuras que existen en la UNAM con mayor precarización como lo están denunciando las y los profesores de idiomas de la Fes Iztacala que son contratados por honorarios, o en la misma entidad, en la carrera de psicología denuncian que por impartir clases algunos profesores y profesoras sólo reciben una constancia por su trabajo.

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Estamos visibilizando y denunciando algo que por años dentro de la máxima casa de estudios a nivel nacional y de la universidad más importante de América Latina, se había “naturalizado” e invisibilizado: existe una profunda explotación del trabajo legalizada por un Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) y un sindicato blanco, la AAPAUNAM, el cual no representa nuestros intereses, como ha demostrado históricamente. Ahora en plena pandemia y frente a la falta de pagos, declaró que recibir un salario es “orgullo y privilegio”, evidenciando su rol reaccionario.

2.

En segundo lugar, con este movimiento estamos denunciando que las clases virtuales se nos impusieron, pues docentes, adjuntos y comunidad no decidimos cómo y de qué forma se realizarían. A la fecha no se han garantizado las condiciones necesarias por parte de la patronal, la APPAUNAM y las autoridades de la UNAM, como son equipos y requerimientos tecnológicos para llevar a cabo las labores virtuales, lo cual ha implicado la extensión de nuestras jornadas laborales, no establecidas en nuestra contratación.

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¿Cómo le hicimos los profesores sin sueldo y con salarios tan bajos para dar las clases? El lema la “UNAM” no para, ha sido a costa del endeudamiento de los profesores y de que miles de estudiantes dejaran las clases. Por eso hoy, una de las demandas es exigir un bono covid de 20 mil pesos por el teletrabajo que estamos realizando, beca universal para los estudiantes y acceso irrestricto a la educación, además el regreso a clases se tiene que hacer consultando a la comunidad y no sin que antes todos tengamos vacunas y las condiciones necesarias para el regreso.

En días recientes Rectoría de la UNAM publicó un Programa de Apoyo a la Permanencia del Personal Académico del cual hoy salió la convocatoria. Si bien, el llamado del Rector, Enrique Graue, a levantar los paros porque ya “han sido emitidos mil 350 cheques” y supuestamente se está trabajando en la modernización de un sistema de administración, lo que busca este pronunciamiento es desarticular el movimiento.

Los profesores de asignatura y ayudantes sabemos que lo que vivimos como docentes no se trata de un “problema administrativo” sino de la precarización laboral y el castigo a nuestros salarios, situación que sólo puede tener una salida justa y dignificante de nuestro trabajo si conquistamos el derecho a la basificación para el 100% de la planta docente y no otra vez un programa como el que presenta la DGAPA, que es excluyente y refuerza el Estatuto de Personal Académico (EPA) y el CCT de la AAPAUNAM que no son más que la legalización de esta precarización laboral en que nos encontramos el 75 % de los docentes en la UNAM.

3.

En tercer lugar, el gesto de solidaridad histórica que los estudiantes han dado con sus docentes levantando 27 paros, ha sido una pieza clave para avanzar en la unidad y en la organización tripartita entre profesores, estudiantes y trabajadores administrativos. Hemos visto en la movilización y en las asambleas cómo pese a que la dirección sindical del STUNAM no se ha sumado activamente a nuestra lucha, trabajadores de base conscientes respaldan nuestra movilización y exigen con nosotros la basificación para todos los docentes y aumento salarial inmediato.

Sabemos que es fundamental extender esta unidad con los más de 30 mil trabajadores administrativos que de forjar la unidad, contaríamos con una fuerza de 60 mil trabajadores universitarios, desde dónde avanzar a construir un plan de lucha único con los sectores en lucha.

4.

En cuarto lugar, esta estructura laboral, está estrechamente vinculada a la estructura profundamente antidemocrática de la UNAM, en la que ni los Consejo Técnico ni Consejo Universitaria son representativos de los profesores, trabajadores y estudiantes, mucho menos la junta de gobierno que de manera cerrada designa al rector y este a los directivos de facultades, que a su vez ponen a sus grupos políticos en las academias y colegios y son éstos quienes de manera semestral asignan las horas a los profesores de asignatura y ayudantes.

Además, cuando comenzamos a organizarnos o denunciar las arbitrariedades y asignación de plazas a discreción, nos quitan horas o nos dejan sin clases. Por eso también exigimos la democratización de la universidad y denunciamos la profunda desigualdad en la distribución de ingresos donde la “casta dorada” recibe entre 100 mil y 300 mil pesos al mes, mientras a sus profesores no les pagan. Para aumentar el sueldo de docentes y trabajadores, es necesario reducir el de los funcionarios.

5.

Para concluir, sabemos que esta realidad de precarización y antidemocracia en las universidades -misma que no cambia la Ley General de Educación Superior recientemente aprobada-, los salarios castigados, la explotación laboral legalizada por CCT y sindicatos blancos, y el bajo presupuesto a la educación aún en este gobierno de la 4T, son problemas que nos atraviesan a todxs en los distintos niveles educativos con sus expresiones particulares. Por esto, sólo la más amplia unidad con los sectores en lucha puede ser una fuerza que incline la balanza a nuestro favor.

En ese sentido, es fundamental sumarnos al Encuentro Nacional en Defensa de la Educación Pública (ENDEP) que convocamos desde la Asamblea Interuniversitaria para el 8 de mayo y la marcha de este 1 de mayo son pasos para caminar juntos en forjar esa unidad.

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