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Red Internacional

Precarización, más trabajo con salarios devaluados, presupuesto insuficiente, clases presenciales con riesgo de contagio y nuevas variantes del virus son algunos de los problemas que continuaremos enfrentando el próximo año.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Lunes 27 de diciembre de 2021 | 19:14

En mi columna de la semana pasada hice un análisis de la situación del magisterio en el año que termina. Ahí afirmaba que “la situación del magisterio no solo no ha cambiado desde los gobiernos anteriores, sino que en distintos aspectos el ataque se ha profundizado.

Nada bueno podemos seguir esperando del gobierno de la 4T que ya nos ha demostrado que dará continuidad a los planes de los organismos financieros internacionales y los grandes empresarios a nivel internacional en materia educativa.” En su último video del año, Delfina Gómez, secretaria de educación pública, lo confirma.

En su mensaje agradece a los docentes por su “profesionalismo, su compromiso y su apoyo” para atender a las niñas, niños y adolescentes en medio de la pandemia, al mismo tiempo que nos augura mayores retos que asegura enfrentaremos con la “vocación” que nos caracteriza. ¿A qué retos se refiere?

En primer lugar, comenzaremos el año casi de inmediato -apenas el 3 de enero-, luego de sólo dos semanas de descanso que resultan insuficientes para reponer la energía en uno de los ciclos escolares más difíciles que docentes y alumnos hemos enfrentado, dado que lo llevamos adelante de forma presencial -o híbrida en algunos lugares- en medio de una pandemia que, lejos de lo que quiere mostrar la secretaria de educación en su video, no ha terminado. La hemos enfrentado además con nuestros propios recursos debido a que no se otorgó ni un peso a las escuelas para dotarlas de lo necesario para regresar de forma segura.

En algunos estados comienza a anunciarse que el regreso a clases dejará de ser escalonado, es decir, acudirá la matricula completa de alumnos y alumnas hacinando los salones de clases, lo cual coloca a maestros y alumnos en un estado de riesgo mucho mayor que el que padecemos actualmente, sobre todo tomando en cuenta las nuevas variantes del virus como la ómicron que ya llegó a nuestro país.

Asimismo, este año nos espera una mayor carga de trabajo, pues una parte importante del presupuesto educativo se otorgó a la evaluación docente y al programa de capacitación, que, siguiendo los dictados de los organismos financieros internacionales, las y los maestros debemos garantizar fuera de nuestra jornada laboral, es decir, en nuestro tiempo “libre”, aumentando aún más el trabajo que ya de por sí realizamos fuera de nuestro horario.

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Por otro lado, igual que el resto de las y los trabajadores del país, las y los maestros nos enfrentamos a cifras históricas de inflación -como las que vivimos al cierre de este año que llegaron hasta el 7 %- lo que afectó enormemente nuestro poder adquisitivo. Se calcula que la inflación del próximo año será aproximadamente del 4 % lo cual, sin llegar a ser catastrófico, nos pone en una situación económica muy complicada, pues el incremento salarial está ligado a la evaluación docente, lo que nos obliga a realizarla si queremos aumentar nuestros ingresos para enfrentar la inflación.

Democratizar el sindicato, un enorme desafío para el magisterio
Pese a todo lo que las y los docentes hemos enfrentado el año anterior y las dificultades que se vaticinan para el próximo año, uno de los desafíos más importantes para las y los maestros es la democratización del sindicato, pues de lograrlo estaremos en mejores condiciones para enfrentar todos los ataques que se vienen.

Las y los maestros no podemos permitir que se repitan los procesos amañados y antidemocráticos que se llevaron a cabo ya en distintos estados de la república como Yucatán, Baja California o Nuevo León, donde, a pesar de la promesa de que con la “elección universal” se democratizaría el sindicato, lo que vimos fue más de lo mismo.

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Como planteamos aquí, “la reforma laboral de la 4T, en vez de promover una verdadera autonomía y democracia sindical, ha propiciado una mayor injerencia del Estado en las organizaciones obreras. Esto no ha significado su democratización, sino la continuidad de viejas prácticas corporativas heredadas del priato para mantener pasivo y subordinado al movimiento obrero, así como la legitimación de viejos y “nuevos” dirigentes sindicales corruptos y traidores”.

Es por ello que uno de los retos más importantes que enfrentaremos las y los maestros es democratizar, escuela por escuela, nuestro sindicato para ponerlo al servicio de luchar no solo por nuestros derechos laborales sino también en defensa de la educación pública.

Desde ahora debemos organizarnos en cada escuela, con nuestros compañeros y compañeras porque no podemos confiar en que ningún gobierno de los de arriba -incluyendo al gobierno de la 4T que ya demostró de qué lado está- resolverá nuestras demandas, sino que tenemos que luchar para conquistarlas.
Para ello debemos retomar las lecciones de la primavera magisterial de 1989 y de la historia combativa de la CNTE, quien debe romper ya con la tregua que sostiene con el gobierno para llamar al magisterio a unificarse en torno a un plan de lucha. Hay que poner en pie un gran movimiento magisterial que saque a los maestros y maestras de la pasividad a la que los han sometido y que luche para enfrentar los ataques de la 4T y los empresarios a la educación pública y nuestros derechos laborales.




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