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Red Internacional

El presidente Andrés Manuel López Obrador recientemente hizo una afirmación que causó revuelo en redes sociales y en los medios de comunicación. Según él, "si el neoliberalismo no fuera corrupto, no sería tan malo".

Viernes 27 de mayo | 16:00

Obrador, cuestionado sobre la privatización del agua en Aguascalientes, se refirió al modelo neoliberal que, según el relato de la 4T, habría venido a terminar.

“Cuando se habla del modelo neoliberal, he llegado a sostener que, si el modelo neoliberal se aplicara sin corrupción, no sería del todo malo. Es que se puede tratar del modelo económico más perfecto, pero con el agravante de la corrupción no sirve nada. Entonces, el fondo es ese, el que impera la corrupción”, dijo.

¿Es posible que exista neoliberalismo sin corrupción? Y de ser así este modelo, ¿no sería tan malo como afirma AMLO?

Lo primero que habría que explicar es qué es el neoliberalismo. El modelo neoliberal no es otra cosa que la aplicación de medidas económicas ortodoxas, provenientes de la escuela neoclásica y monetarista de la economía. Es decir, medidas orientadas a favorecer la valorización del capital y maximizar la ganancia empresarial.

Dichas medidas se hicieron sobre la base de la crisis capitalista de 1974 en Europa y de 1982 en América Latina, que devinieron en la inviabilidad de los modelos keynesiano y de sustitución de importaciones respectivamente. En ambos casos eso significó que el neoliberalismo, para operar, requiriera de la privatización de las empresas paraestatales y el desmantelamiento de los servicios públicos del Estado de bienestar.

Este modelo, sin embargo, no implica únicamente medidas económicas que apuntan a aumentar la ganancia capitalista a partir del ataque a los sindicatos y los derechos sociales, abrir las fronteras a todos las empresas trasnacionales y sus inversiones, perder la soberanía nacional sobre los recursos y sectores estratégicos, garantizar la injerencia de organismos como el Fondo Monetario Internacional con la "autonomía" a los bancos centrales, etc. Sino también un bombardeo ideológico que promueve el individualismo, la meritocracia y la competencia individual; ello se traduce, por ejemplo en los empleos donde a los trabajadores se les impulsa a obtener su “comisión” extraordinaria, o en las universidades, a poner un plano de equivalencia entre las múltiples opresiones que convergen en la sociedad sin dar una preponderancia a la cuestión económica (de clase), pretendiendo con ello “inmunizar” a los estudiantes contra el marxismo.

Efectivamente este modelo ha sido acompañado, en México y el mundo, de grandes negociados entre políticos y empresarios que han rematado los bienes públicos y que hacen grandes fortunas vendiendo los recursos naturales. Tal fue el caso de Carlos Slim con la venta de TELMEX o Germán Larrea con los ferrocarriles.

Sin embargo, hay que decir, por un lado, que el problema de la existencia de corrupción no es exclusivo del modelo neoliberal, sino que es el propio del sistema y la administración del Estado capitalista lo que trae en sus genes la corrupción. ¿Acaso no ha habido corrupción en los ya mencionados modelos de tipo keynesianos y desarrollistas? Simplemente habría que recordar que el escándalo de corrupción de la empresa Odebrecht, la cual habría distribuido sobornos por unos 800 millones de dólares tanto a funcionarios del gobierno del PT en Brasil como a funcionarios de Enrique Peña Nieto en México, entre muchos otros.

Por otro lado, es importante entender que el neoliberalismo, una forma de capitalismo mucho más salvaje y explotadora que el capitalismo de Estado de bienestar, busca terminar con toda capacidad de la clase trabajadora de defender sus derechos.

Basado en supuestos y teorías que ponen por delante la valorización del capital, aún en un escenario utópico en el que un gobierno tecnócrata neoliberal no fuera corrupto, es claro que los cimientos de este modelo buscan otorgar todas las posibilidades al gran capital financiero trasnacional en detrimento de la clase trabajadora, los campesinos y los sectores medios que terminan arruinados en mercados controlados por monopolios y oligopolios.

El comentario de AMLO es un "guiño" a los capitalistas, siendo que el mandatario mantiene un modelo que en múltiples aspectos es continuidad del modelo neoliberal como lo es el extractivismo contaminante, el manejo de la política macroeconómica como una tasa de interés elevada que busca atraer inversión especulativa, la proliferación del outsourcing, entre otros. Esto contrasta con creces con el discurso que había puesto por delante durante años, en los que achacaba al neoliberalismo como la causa de todos los males del país y no el hecho de que el modo de producción en su conjunto (capitalista) sea un problema estructural al que no pretende dar solución ahora que está en el poder.

La afirmación de Obrador es errónea tanto porque la corrupción no es exclusiva del neoliberalismo, pues ésta va de la mano de la gestión capitalista, como porque el neoliberalismo es, en sí mismo, un modelo económico lesivo para la mayoría y que solo beneficia a la élite económica.

De la misma manera que cuando dijo que el problema del capitalismo no era la explotación, sino la corrupción, con estas declaraciones deja ver que su objetivo último es defender el capitalismo, así sea en su versión más intervencionista.

En este marco, resulta fundamental levantar una política claramente anticapitalista, que ataque la corrupción, pero también la explotación que genera la concentración de la riqueza que producimos todos los trabajadores en unas cuantas manos.




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