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Red Internacional

ELECCIONES 2021. Proceso electoral: cuando el crimen se convirtió en norma de la “democracia”

Con el crimen de Alma Rosa Barragán se llegó a los 88 asesinatos a candidatos y aspirantes para las elecciones de junio 2021, convirtiéndolas en las más violentas desde el 2000. Superando con creces los 61 homicidios registrados en las elecciones del 2015.

Jueves 27 de mayo de 2021 | 00:14

El día de ayer, durante un acto de campaña, la candidata por el partido Movimiento Ciudadano y empresaria conocida en su localidad, Alma Barragán, fue asesinada. Poco tiempo después de que Barragán hiciera una invitación por redes sociales, a los vecinos de las comunidades de la Manguita, el Ombligo y Pico de pájaro, para unirse a su recorrido, dos camionetas y varias motocicletas arribaron al lugar y abrieron fuego en su contra. Barragán intento refugiarse en su vehículo, pero falleció por las heridas de bala. Además de la candidata resultaron heridas 5 personas más, entre ellas dos menores de edad.

En las últimas décadas la violencia durante los periodos electorales se ha convertido en algo acostumbrado, parece no haber un proceso electoral sin decesos de candidatos. Según Etellekt Consultores, empresa analizadora de riesgo, durante este proceso electoral han sido asesinados 88 políticos, convirtiéndolo en el segundo más violento desde el año 2000. Lo que representa un incremento del 29.5% con respecto de las elecciones intermedias del 2015 en donde fueron asesinados 61 políticos. Destaca el hecho que de los 88 asesinados, el 75% representaba a la oposición de los gobiernos estatales.

El presidente y su cerrada mención a la violencia electoral

Al respecto, en la mañanera de hoy, AMLO lamentó el asesinato de la candidata ofreciendo sus condolencias a la familia de la víctima y aseguró que se investigaría el crimen en conjunto con las autoridades estatales.
Sin embargo, aprovechó para pedir que no haya violencia, ni de parte de quienes protestan, ni de las autoridades.

Sin que tenga mucha relación la situación de violencia electoral con la represión de la protesta social, arremetió contra los jóvenes normalistas de Chiapas poniéndoles como “ejemplo de violencia” porque, según el presidente, “tiraron bombas” en las protestas de la normal Maztumactzá, justificando así la brutal represión policial, donde agredieron centralmente a jóvenes estudiantes. Debemos destacar que, hasta el día de hoy, muchos continúan presos y sobre ellxs pesan cargos judiciales, en una muestra clara de lo que les espera a aquellos que reclamen sus derechos en el marco de una crisis económica que se vaticina devastadora para la clase trabajadora.

Sin volver al grave problema de los crímenes electorales, se refirió a la eficacia de la resistencia civil pacífica, haciendo mención a personajes históricos como Gandhi, Mandela y Luther King. Sin embargo, AMLO no menciona el contexto en que se desarrollaron estos movimientos, pues a la par se continuó con la represión, como la que sufrió la comunidad afroamericana, situación que sigue presente hasta nuestros días como bien lo señala el caso de George Floyd. Y en el caso de Gandhi, la pobreza extrema y tan polarizada que se vive en la actualidad en el país asiático y los más de 250 mil muertos por covid-19 dan fe de ello.

La cotidianeidad de la violencia

La violencia en México, en el marco electorales, ha alcanzado niveles estratosféricos. La cantidad de muertes que hay en cada proceso electoral se ha convertido en algo relativamente normal de escuchar en los medios.

El asesinato de Alma Barragán es tan solo una muestra de cómo se manejan las elecciones en el país y de la descomposición social que existe con el despliegue del crimen organizado, en lo cual ha sido fundamental la complicidad y asociación entre éste y los distintos niveles del estado.

La violencia en las elecciones no afecta solamente a aquellos blancos del atentado, sino que alecciona a toda una población sobre cómo se maneja la política de los partidos del régimen en México y puede tener un carácter amedrentador.
En ese contexto, considerando además el rol de los partidos que contienden en estas elecciones, como representantes de los intereses de los empresarios, y de la asociación que muchos de los mismos tienen con el llamado “crimen organizado”, es de suma importancia que los trabajadores cuenten con sus propias representaciones políticas para pelear por sus derechos




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