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SUPLEMENTO

¿Por qué los socialistas participamos en elecciones?

Farid Reyes

En la fotografía: Flora Aco ex precandidata a Diputada Federal por el Frente de Izquierda Anticapitalista en la Ciudad de México, Dauno Tótoro dirigente del PTR chileno y candidato a la Convención Constituyente en su país, Nicolás del Caño es diputado nacional por el PTS argentino y es ex candidato a presidente en su país, Leticia Parks referente del MRT brasileño y ex candidata por una Bancada Revolucionaria de Trabajadores en su país

¿Por qué los socialistas participamos en elecciones?

Farid Reyes

Sobre el parlamentarismo revolucionario, el régimen democrático burgués, la conformación del Frente de Izquierda Anticapitalista y la campaña de Flora Aco.

Luego de la instauración del neoliberalismo, con la caída del Muro de Berlín y la derrota de diferentes procesos revolucionarios que se abrieron en las décadas de los 60 y 70, el espectro de lo que se consideraba socialista y revolucionario en todo el mundo sufrió un importante retroceso. Viejos luchadores y militantes de izquierda se refugiaron en la academia con una concepción escéptica de la posibilidad de terminar con el capitalismo o bien se integraron directamente a partidos nacionalistas o reformistas corriéndose hacia el centro.

Fueron pocos los sectores revolucionarios que resistieron este periodo, pero su labor fue crucial, pues transmitieron las experiencias de la lucha de clase trabajadora, así como lecciones estratégicas para las nuevas generaciones. El marxismo revolucionario inspirado en la tradición de Marx, Lenin, Trotsky o Luxemburgo logró mantenerse vivo, aunque con fuerzas muy reducidas, comenzando a retomar un lugar en el debate de ideas hasta el periodo más reciente, en particular luego de la crisis del año 2008.

Quienes nos reivindicamos socialistas hoy, retomamos las enseñanzas de los revolucionarios de otros tiempos, siendo una de estas la necesidad de presentar electoralmente una alternativa de independencia de clase, ahí donde sea posible y haya condiciones de superar las trabas del Estado burgués que lo impiden, para combatir la resignación del “mal menor” que muchas veces se presenta en las elecciones y señalando la necesidad de participar en el parlamento, sin confiar en las instituciones del régimen capitalista, pero para utilizar cualquier candidatura o espacio conquistado electoralmente como una tribuna de denuncia de los padecimientos de la clase trabajadora y de los sectores populares.

Para los marxistas, el eje está en la lucha de clases, participando coyunturalmente en cada conflicto fortaleciendo la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas, con la perspectiva de movilizar de forma revolucionaria al conjunto del movimiento de masas con la clase trabajadora a la cabeza. La participación electoral resulta una táctica importante para que las ideas de los socialistas lleguen a millones, siendo el objetivo estratégico la conformación de un partido obrero de combate integrado por los sectores más conscientes de la clase trabajadora, que participe en cada lucha como una escuela de guerra y que logre conquistar una influencia de masas a partir de defender los derechos democráticos y las reivindicaciones más sentidas de los sectores oprimidos de la sociedad (indígenas, LGBT+, migrantes, mujeres, negros), un partido que se prepare para la conquista del poder político por el proletariado.

La participación electoral desde esta perspectiva, busca por tanto horadar las bases del Estado burgués, sembrando la desconfianza de las masas trabajadoras en este régimen de explotación y sus instituciones, atacando a los políticos profesionales al servicio de los empresarios que viven muy por arriba de la mayoría trabajadora. Al mismo tiempo que se busca impulsar el desarrollo de la consciencia de clase del proletariado, así como avanzar con los aliados de la clase trabajadora en el objetivo de construir la hegemonía obrera.

Breve recuento histórico

La participación en campañas electorales y en el parlamento burgués no es algo nuevo para las organizaciones que se reclaman marxistas. Desde los tiempos del propio Carlos Marx, en los grupos obreros socialistas se comenzaba a discutir conformar partidos políticos comunistas. Tiempo después, es Engels, el compañero de Marx, a quien le toca impulsar la participación electoral en las organizaciones socialdemócratas, como se conocía a los socialistas en aquél momento.

Engels sabía que la lucha de clases no se iba a ganar con resultados electorales, por lo que entendía tácticamente la participación parlamentaria. La clave era acumular fuerza (no electoral, sino militante y dentro de sectores estratégicos) y ganar influencia de masas, siendo el objetivo lograr una revolución victoriosa. El amigo de Marx, es parte de la generación de trabajadores revolucionarios que logra conquistar cierta legalidad en distintos países luego de que las organizaciones marxistas habían estado proscritas y operaban en clandestinidad.

Ya muerto Engels, la socialdemocracia agrupada en la Segunda Internacional, avanza en el terreno electoral convirtiéndose en una fuerza política relevante en países como Alemania, Francia o Inglaterra, logrando bancadas de diputados socialistas que proponían un programa obrero y que postulaban como horizonte terminar con la sociedad capitalista para dar paso a una sociedad sin explotación.

La bancarrota de la Segunda Internacional

Rosa Luxemburgo, fue parte de la dirección del partido más grande la II Internacional, el Partido Socialdemócrata Alemán. Una organización que logró crecer al punto de llegar a ser la primera fuerza parlamentaria, con importantes sindicatos a su cargo y la capacidad de movilizar a millones de trabajadores. No obstante, con este crecimiento las presiones para integrarse al Estado burgués también crecieron.

Rosa, junto a otros revolucionarios como Karl Liebknecht, Clara Zetkin, Anton Pannekoek o Franz Mehring, encabezaron una importante lucha contra la adaptación de la socialdemocracia alamana, coincidiendo con el ala izquierda de la socialdemocracia rusa (el partido bolchevique), en distintos ámbitos políticos y estratégicos. Para Rosa Luxemburgo, para Lenin y para cualquier militante marxista revolucionario de la época, era claro que los socialistas debían participar en los parlamentos —a sabiendas de que este es un campo burgués— con la intención de agitar un programa de lucha hacia las masas trabajadoras.

Rosa desarrolló una visión contraria a la que defendía el ala derecha de la socialdemocracia alemana con August Bebel primero y luego con Karl Kautsky, quienes postulaban que el capitalismo iría a un periodo de desarrollo y progreso armónico, por lo cual se podía pensar en avanzar hacia el socialismo con reformas ganando terreno electoral. Lejos de ello, como había previsto Luxemburgo, el capitalismo avanzó directo hacia la guerra mundial imperialista (la primera).

Los diputados de la II Internacional traicionaron todo principio de clase y votaron en sus distintos países a favor de comenzar una carnicería que llevó a la muerte a millones de trabajadores; todo para que los millonarios de un país se impusieran sobre sus competidores en otra nación imperialista, peleando por materias primas baratas y mercados para imponerse como dominantes. Luxemburgo había entendido, retomando a Marx, que la dinámica de competencia propia del capitalismo avanzaría hacia la crisis y la guerra, por eso era necesaria una estrategia revolucionaria.

La adaptación y traición de la socialdemocracia demostró la importancia de construir organizaciones revolucionarias que les disputaran la influencia de masas a reformistas, conciliadores y traidores en momentos claves, como lo hicieron los bolcheviques con los mencheviques. Se mostró claramente la importancia de concebir la participación en el parlamento de forma táctica, para difundir las ideas socialistas, en tanto que la clave era movilizar de forma revolucionaria a las masas obreras y populares contra el Estado burgués.

La Tercera Internacional, táctica y estrategia

Luego del triunfo de la revolución rusa, el Partido Bolchevique llamó a las fuerzas revolucionarias de la clase trabajadora a nivel internacional a unirse en una nueva internacional revolucionaria. Ya anteriormente algunos pocos revolucionarios consecuentes que rompieron con la II internacional habían mantenido contacto y discusiones desde la Conferencia de Zimmerwald donde se reunió la izquierda socialista que se oponía a la Primera Guerra Mundial en 1915, sin embargo, con el impulso de la revolución victoriosa de Lenin y Trotsky el llamado tendría una enorme convocatoria.

A fundar la nueva internacional, acudieron alas izquierdas de los partidos socialdemócratas de todo Europa y de otras partes del mundo, organizaciones que venían del anarco comunismo y del anarco sindicalismo, entre otros grupos de izquierda y marxistas. Los primeros IV Congresos de esta nueva internacional (antes de que Stalin tomara el control y se trasladara a la internacional su política burocrática y sus métodos asesinos), son enormes escuelas de táctica y estrategia para los marxistas revolucionarios. Los revolucionarios que integraron esta III Internacional acordaron cambiar el nombre a las organizaciones marxistas en el mundo, y —para distinguirse de los socialdemócratas— discutieron que las nuevas organizaciones revolucionarias surgidas de fusiones con alas izquierdas de diferentes tradiciones, pero referenciadas en la revolución rusa, pasarían a llamarse Partidos Comunistas, por ello también esta internacional es conocida como la Internacional Comunista.

En la III Internacional, a la que también perteneció el marxista italiano Antonio Gramsci, se comenzó a pensar en términos de táctica y estrategia. Para los socialistas anteriormente, lo común era hablar de la “táctica electoral” o de la “táctica sindical”, sin embargo, es con el triunfo de la revolución rusa, que el pensamiento y la práctica marxista incorpora, a partir de aportes de Lenin y Trotsky quienes eran conocedores de pensamiento militar del general prusiano Carl von Clausewitz, la noción de la estrategia como “el arte de hacerse con el mando”, a partir de la conjunción de las distintas tácticas.

En las discusiones de estos congresos se debate con los sectores que venían de la socialdemocracia y otros grupos, que podríamos ubicar como un ala derecha, los cuales le daban un excesivo peso al problema electoral, adaptados a dinámicas oportunistas de los partidos de la II Internacional, la cual tenía algunas secciones de decenas y cientos de miles de afiliados.

Dentro de los estatutos para integrarse a la III Internacional, las 21 condiciones, la onceaba condición planteaba:

“Los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista tienen la obligación de someter a revisión los componentes de sus grupos parlamentarios y destituir a todos los elementos desleales, de hacer que tales grupos estén subordinados al presidium del partido no solo de palabra sino en los hechos, exigiendo que cada parlamentario individual comunista subordine toda su actividad a los intereses de una propaganda y una agitación auténticamente revolucionarias.”

De esta forma se dejaba claro que el objetivo de la participación de los Partidos Comunistas en la lucha parlamentaria, sería opuesta a la de la Internacional socialdemócrata.

Por otro lado, Lenin discutió también de forma contundente el ala ultraizquierdista de las secciones holandesa y alemana, que tenían a la cabeza a militantes como Amadeo Bordiga, Paul Mattick o Anton Pannekoek (quien había compartido algunas posiciones con Rosa Luxemburgo), quienes negaban la necesidad de participar electoralmente para lograr conquistar un peso de masas en la opinión pública.

El objetivo de participar en las elecciones, no era el buscar administrar el Estado capitalista para otorgar algunas mejoras a las clases explotadas, por el contrario, el objetivo táctico era ganar la simpatía de millones y acercar ideológicamente a las posiciones marxistas a las masas trabajadoras. Una palanca para generar consciencia de clase, al tiempo que se agitaba la organización y la movilización extraparlamentaria. Aprovechar la democracia burguesa, ahí donde fuera posible, para llevar un programa revolucionario a los asalariados y a sus aliados pobres del campo y de la ciudad, retomando sus demandas más sentidas y defendiendo sus derechos inmediatos, pero con el objetivo estratégico de construir partidos de miles de revolucionarios profesionales, preparados para intervenir en los momentos críticos de la lucha de clases habiendo ganado influencia de masas.

Participar en los procesos electorales resultaba importante como una táctica que permitía ampliar masivamente la influencia de las ideas socialistas, esto junto a otras tácticas como la participación sindical (hoy podríamos también hablar de la intervención en determinados movimientos sociales con el objetivo de forjar alas izquierdas en los mismos), sería clave para construir partidos a nivel internacional con militantes revolucionarios capaces de ganarar a la mayoría de la clase trabajadora a las posiciones socialistas. Esto lo discutieron duramente Lenin y Trotsky con los ultraizquierdistas que planteaban aventurarse a luchas revolucionarias habiendo construido partidos y organizaciones importantes (de varios de miles de obreros conscientes), pero sin contar con el apoyo aún de las masas trabajadoras.

Aquí es importante aclarar que los bolcheviques no ganaron a la mayoría de la clase trabajadora y al campesinado por la vía electoral (si bien participaron en su momento en las elecciones parlamentarias de la Duma zarista), sino que lo hicieron en los soviets surgidos al calor de la revolución de febrero de 1917 que derrocó al Zar. No obstante, los revolucionarios rusos estaban conscientes de que la toma del poder en occidente y en países europeos sería un proceso en muchos sentidos más complejo que en la experiencia rusa, por lo que no dudaban en la necesidad de que los marxistas participaran en los procesos electorales y conquistasen bancadas de parlamentarios que funcionaran como puntos de apoyo para la lucha de la clase obrera en todos los países, como parte de la tarea de horadar la confianza en las instituciones de la democracia burguesa.

El Frente de Izquierda Anticapitalista en México y la candidatura anticapitalista de Flora Aco

Siguiendo esta tradición de parlamentarismo revolucionario, recientemente el Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS), junto al Movimiento Al Socialismo (MAS), la Liga de Unidad Socialista (LUS) y el Grupo Socialista Obrero (GSO) conformaron un frente político electoral para intervenir en elecciones.

Si bien entre estas cuatro organizaciones existen diferencias estratégicas y programáticas, a partir de la discusión de un programa para presentar en las elecciones, logramos conformar el Frente de Izquierda Anticapitalista (FIA) que lanzó como precandidatas a Diputadas Federales a Flora Aco como titular y Leda Victoria como suplemente. Aún en el marco de la pandemia y el semáforo rojo, y ante la hipocresía del INE que habla de un sistema democrático consolidado mientras no toma en cuenta las condiciones extraordinarias para las candidaturas independientes, los militantes del MTS impulsamos una importante campaña que juntó miles de apoyos ciudadanos (firmas) y recorrió con caravanas, carteles y volantes las calles del distrito 23 de Coyoacán.

Flora Aco, una joven trabajadora del Estado, parte del movimiento de mujeres y de la diversidad sexual, recibió el apoyo de sindicalistas, intelectuales, artistas, organizaciones estudiantiles y de Derechos Humanos. Flora, quien fue despedida por organizarse y luchar por defender condiciones de trabajo, es una referente de la lucha por los derechos laborales y busca ser una voz de izquierda anticapitalista independiente de los partidos del régimen.

Desde el MTS estamos impulsando la construcción de una alternativa política, pues estamos convencidos de la necesidad de poner en pie un partido de trabajadores socialista, antiimperialista y revolucionario. En el marco de esa pelea estratégica, la clase trabajadora merece tener sus propios representantes, tribunos de los padecimientos del pueblo, que denuncien la opulencia obscena de los ricos y poderosos, y que agite la necesidad de la organización y el combate para construir una sociedad sin ningún tipo de explotación ni opresión.


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