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Red Internacional

Las múltiples expresiones de la violencia patriarcal han sido visibilizadas a partir de la emergencia del movimiento de mujeres. Sin embargo, una de ellas continúa estando oculta, la cual, repercute principalmente a las mujeres de la clase trabajadora; este flagelo escondido es denominado como precarización laboral.

Viernes 26 de noviembre | 21:50

La base del sistema capitalista se encuentra sustentada a partir de la opresión y la explotación de millones de personas en beneficio de un puñado de individuos que concentran la riqueza mundial.

Particularmente, la opresión hacia las mujeres es un elemento que al capitalismo le es funcional, ya que, este sistema económico aprovecha al patriarcado para aumentar la explotación a la mitad de la clase trabajadora, es decir, a las mujeres. Además, este mecanismo funge para multiplicar la precarización al conjunto de la clase.

Aunque las mujeres fuimos incorporadas al mercado de trabajo, la desigualdad en comparación con los varones es visible, dado que no solo se afrontan las dobles o triples jornadas laborales, como lo es el trabajo doméstico, la percepción de salarios más bajos -por tareas o puestos similares a las de un trabajador-, sino también se suma la falta de derechos como, el derecho a decidir libremente sobre nuestros cuerpos.

Durante las últimas décadas y con el inicio del neoliberalismo, la feminización del trabajo ha crecido de manera exponencial, debido a la perdida del poder adquisitivo de las familias trabajadoras que requieren de más de un salario para sostener los gastos. De aquí se deriva la brecha entre lo público (trabajo productivo) y lo privado (reproducción, trabajo doméstico), en el que a las mujeres les era impuesto sostener únicamente las tareas del hogar, posteriormente, pasa a conformar estas dobles o triples jornadas, ya que una mujer además de trabajar una jornada laboral en el ámbito productivo, también tiene que garantizar todas las tareas de la reproducción de la vida.

En tanto, esta incorporación al mercado de trabajo no significa que existan condiciones laborales dignas o independencia económica para las mujeres, ya que la contratación se concentra en áreas de trabajo infravaloradas, de mayor precarización y explotación laboral, por ejemplo: cajeras de supermercado, camareras, limpiadoras, maquiladoras, enfermeras, profesoras, etcétera. Actualmente, más del 50 por ciento de la población mundial femenina pertenece al mercado laboral, con una brecha salarial del 23 por ciento.

La precarización laboral con rostro de mujer en México

La actual crisis sanitaria y económica evidenció las problemáticas estructurales y las repercusiones del impulso de reformas neoliberales a las que se enfrentan las y los trabajadores. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) se recuperaron el 95 por ciento de los empleos, pero en el sector informal, con menores salarios y mayores niveles de precarización. Tan solo 1.8 millones de trabajadores fueron expulsados del mercado laboral, de los cuales 1.3 son mujeres.

Asimismo, la brecha salarial exhibe que el 67.6 por ciento de las mujeres percibe entre uno a dos salarios mínimos, en comparación con el 58.6 por ciento de los hombres que se ubican en este rubro. Adicionalmente, 2.1 millones se encuentran en desocupación de los cuales el 70 por ciento son mujeres, es decir, que cerca de 1.5 millones de mujeres estaban trabajando durante la pandemia y en el primer trimestre de 2021 dejaron de hacerlo, en tanto, la cifra para los varones es solo de 604,422 desempleados.

Sumado a ello, -en el marco de la pandemia- la carga laboral tuvo un incremento para las mujeres, debido a que más del 70 por ciento se encarga del cuidado de niños, adultos mayores y acompañamiento educativo. En el país, las mujeres trabajan 59.5 horas a la semana, mientras que los varones trabajan 53.3 horas, siendo el trabajo doméstico no remunerado el que representa mayor porcentaje de horas dedicadas al trabajo en México.

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Estas condiciones materiales, implican una condición de vulnerabilidad para las mujeres trabajadoras y de sectores populares, pues, principalmente las mujeres de la clase trabajadora, son quienes viven la violencia patriarcal más recrudecida, siendo el feminicidio el último eslabón de una larga cadena de violencias, y de los cuales se registran 11 por día. Por otro lado, mientras la derecha reaccionaria, en conjunto con la Iglesia, impulsan políticas anti derechos, son las mujeres más precarizadas las que están expuestas a abortos clandestinos e inseguros, dichos sectores reaccionarios lo único que pretenden es mantener la ofensiva patriarcal y así retroceder en las conquistas que el movimiento de mujeres ha obtenido, como el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) con respecto a la despenalización del aborto.

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Así, la precarización laboral es una expresión de violencia patriarcal, dado que no solo ocupamos los puestos de trabajo mayor precarizados y explotados, sino que ello implica que la opresión sea descargada de forma mucho más cruenta sobre las mujeres trabajadoras y de sectores populares.

En el marco del potente movimiento de mujeres que comienza a gestarse a nivel internacional, es imprescindible visibilizar a aquellas que viven de forma mucho más cruda la opresión. Es necesario que el movimiento de mujeres abrace una perspectiva anticapitalista y que denuncie la mancuerna entre capitalismo y patriarcado, por ello es indispensable que el movimiento de mujeres sea independiente de los partidos del régimen y sus instituciones, que solo defienden a los empresarios y protegen las obscenas ganancias capitalistas. Un movimiento que, además, teja alianzas con el conjunto de sectores explotados y oprimidos, y en primer lugar con la clase trabajadora que está viviendo los estragos de esta crisis.

Solo a través de esta vía podremos imponer mejores condiciones laborales y un salario acorde a la canasta básica y la inflación, así como el impulso de guarderías, lavanderías y comedores públicos y gratuitos. Además, de conquistar el aborto legal, seguro y gratuito en todo el país.

¡Nuestros derechos los conquistamos en las calles!




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