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Red Internacional

Ante la llegada de miles de dosis de la vacuna contra el COVID, surgen interrogantes sobre su almacenamiento y distribución.

Miércoles 6 de enero | 23:18

El año pasado se anunció que las vacunas desarrolladas para combatir la cepa del COVID 19 llegarían al país a partir de diciembre. Hasta la fecha, han arribado cuatro embarques con un total de 11 mil 305 dosis. Una cantidad aún insuficiente para los 126 millones de habitantes del territorio nacional. Se tiene previsto vacunar, en total, al 60 % de la población para poder reducir de manera significativa la mortandad por la enfermedad.

La tecnología con la que se desarrolló la vacuna supuso una nueva complicación, ya que las dosis requerían permanecer a una temperatura de menos de 70 ºC; normalmente, las vacunas se mantienen a una temperatura de entre 2 ºC y 8 ºC. En una de sus conferencias vespertinas, López-Gatell declaró que en el país no existía una red de refrigeración tan grande y potente para almacenar la totalidad de las dosis. Eso, sumado a que el periodo máximo de almacenamiento es de 30 días, ha llevado a implementar una dinámica de “cuenta gotas” para traer la vacuna desde Europa.

La trasnacional Pfizer fue la primera en hacer convenio con el gobierno mexicano para la importación de la vacuna, de la cual se necesitan dos dosis aplicadas con 21 días de diferencia para hacer efecto. Por lo que el escaso personal médico que ha sido vacunado aún no puede considerarse inmunizado, realmente, contra el virus.

Hay, por lo menos, tres tipos de vacunas más esperando concluir las fases de pruebas para ser aplicadas a la población. Las autoridades apuestan más a la elaborada por la farmacéutica china CanSino, ya que no necesita un sistema tan complejo de refrigeración y es de una sola dosis.

El sistema de refrigeración

Al anunciarse las especificaciones de la vacuna de Pfizer, una de las primeras preguntas fue sobre el sistema de refrigeración donde se mantendría, pues tiene requerimientos muy particulares. Los ultracongeladores necesarios para el mantenimiento de la vacuna existen en el país, pero únicamente se han usado para fines de investigación. Instituciones como la UNAM y el IPN tienen en su poder una decena de ultra congeladores en las que conservan tejidos y otra clase de muestras.

Actualmente, México es uno de los siete países, junto con Suecia, China, Brasil, Estados Unidos e India, donde se fabrican los ultracongeladores. En el país, dicha producción está a cargo de la empresa Delca Científica. Desde hace doce años la empresa fábrica estos aparatos, en lo que va de la pandemia se ha vendido 20 equipos; principalmente a Estados Unidos y Nuevo León. Con bombo y platillo, Issac del Carrillo, gerente general de la empresa, anuncia que cuentan con la más alta tecnología japonesa en sistemas de refrigeración y tiene una garantía de 20 años. También puntualiza que será responsabilidad de cada gobierno adquirirlos (o no) para el mantenimiento de la vacuna.

La salud para quien pueda pagarla

En un momento de crisis sanitaria en la que han muerto en el país más de 129 mil personas, los grandes empresarios siguen anteponiendo sus ganancias al bienestar de miles de personas. La distribución de la vacuna sería mucho más sencilla de contar con el sistema de refrigeración para distribuirla. Pensemos, por ejemplo, en las zonas rurales donde la mayoría de la población no cuenta con servicios básicos como agua corriente y luz eléctrica. ¿De qué manera se garantizará la vacunación en esos lugares?

El sistema de salud privado es uno de los negocios más rentables, todos quieren acceder a atención médica de calidad. Las familias más precarias se endeudan para poder solventar los tratamientos de enfermedades, mientras que un sector privilegiado tiene acceso a la más alta tecnología para curarse.

Si durante esta pandemia se ha planteado la reconversión hospitalaria del sector privado para atender los casos de COVID, ¿no sería lógico pensar también en una estatización bajo control obrero de las empresas que fabrican este tipo de sistemas de enfriamiento?

Además de eso, se vuelve necesario el aumente al presupuesto de las universidades públicas y que su investigación se oriente a combatir enfermedades y crear vacunas de forma local; en primer lugar, para romper con la dependencia sanitaria, pues a todas luces, al no producir nuestras propias vacunas, nos vemos obligados a importarlas de los países imperialistas. Ésa es la causa de que estos tratamientos lleguen a cuenta gotas, cuando podría ser más rápido para cuidar de la salud de la población.

La vida de los trabajadores vale mucho más que las ganancias de los empresarios. Por eso en necesario buscar una alternativa política que realmente nos represente, una alternativa de trabajadores para trabajadores. Conoce las propuestas de Flora Aco, aspirante a candidata independiente en Coyoacán.




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