Política México

CRISIS EN EL PRI

PRI: una elección del CEN que puede iniciar el fin del tricolor

El partido que fue hegemónico durante décadas en México (el “partido de la revolución”) y que permitió esa larga estabilidad en el país —como ningún otro en América Latina— está por elegir su Comité Ejecutivo Nacional en medio de la más grande crisis en toda su historia. Será como elegir un nuevo capitán del barco que está a punto de hundirse.

Sábado 10 de agosto | 22:14

Debilitado, desprestigiado, con varios ex gobernadores con órdenes de aprehensión y otros presos por fraude; con un ex presidente (Peña Nieto) y parte de su ex gabinete señalado como corruptos, y con una gran división interna y una militancia desmoralizada, el PRI busca mantener lo que queda de este partido y evitar que se desintegre. Sin embargo, la elección de la nueva dirección poco puede hacer, dada la nueva conformación del sistema de partidos y la fortaleza de la 4-T.

De golpe, el PRI pasó de un padrón de 6 millones 605 mil militantes validados por el Instituto Nacional Electoral de 2014, a 1 millón 300 mil el 6 de mayo de este año, como su misma dirección reconoció. Sin embargo, el “proceso de actualización” de su padrón en junio, el CEN logró que el INE reculara de su anterior valoración y le validara al PRI el padrón cuestionado.

Sin embargo, el PRI llega esta elección interna por un nuevo liderazgo (que en esta ocasión se realizará mediante el voto directo de sus militantes y no por delegados), enormemente disminuido y con un constante abandono de la militancia, cuadros y dirigentes. De ser el partido que gobernaba en casi todos los estados del país, hoy sólo mantiene el poder en 12 entidades federativas de las 32 que existen en la República y en las elecciones intermedias espera más derrotas.

En el 2006 sufrió un gran retroceso al perder los estados de Chihuahua, Durango, Quintana Roo Tamaulipas y Veracruz a manos de la oposición, algunos de los cuales fueron un bastión tricolor durante muchos años. El otro cimbronazo fue en el 2018, pues no sólo perdió la elección presidencial, sino que quedó en un lejano tercer lugar con el menor número de votos recibidos en su historia con 13.5% del total de la votación, equivalentes a 7 millones, 677 mil 180 votos (contrastando con el MORENA y su alianza que recibieron 32 millones de votos).

Este retroceso implicó que, de ser la primera fuerza tanto la cámara de diputados y la Cámara de Senadores, pasarán a ocupar el quinto lugar (por debajo del MORENA, el PAN, el Partido del Trabajo y Encuentro Social).

Último debate: acusaciones que muestran la decadencia tricolor

Bajo el panorama descrito arriba, en la selección final de los contendientes por la dirección del partido, quedaron el gobernador con licencia de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, y Lorena Piñón Rivera (casi desconocida). La ausencia en el último debate de las grandes figuras del priísmo mostró un proceso de división donde, además, la mayoría de los dirigentes son repudiados por la base.

Dado que todos los dirigentes del PRI y los gobernadores diputados y senadores han expresado siempre su ADN político, difícilmente podrían ir a un debate que cuestionara las verdaderas causas de la debacle del tricolor. Por ello, los contendientes se enfocaron en acusaciones y en ver quién tenía más cola que le pisen, esto además de pintar un futuro utópico para su partido.

A Alejandro Moreno (“Alito”), que se ausentó de la gubernatura de Campeche para pelear por la dirección del PRI —y que al aparecer cuenta con la bendición de la actual dirigencia y se le liga a Peña Nieto—, Ivonne Ortega lo acusó de representar a la cúpula partidaria, de ser corrupto, y de buscar lazos con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (por lo cual le apodan “Amlito"). A decir de Ortega, con Alejandro Moreno el PRI perdería su independencia y pasaría a ser dependiente de los planes del MORENA.

A su vez, Moreno, acusó también de corrupta A Ivonne Ortega y de dividir al partido (algo que suena surrealista dada la actual situación del PRI, donde hasta José Narro —quien es aspirante a contender por la presidencia de este partido y con 40 años de militancia— renunció hace poco). Lo cierto es que Ortega los últimos tiempos ha sido crítica de algunos aspectos de la política y la organización interna de su partido.

Sin embargo, terminó subordinándose a la línea tirada desde arriba en la última Asamblea Nacional del PRI, donde se definió la candidatura de José Antonio Meade. Con una dirección bajo Ortega, este partido podría aparecer relativamente más opositor al gobierno —sin chocar frontalmente con él.

La tercera aspirante, Lorena Piñón, aunque acusó a sus adversarios de corruptos, cuestionó fuertemente a Ivonne Ortega por su alianza con Ulises Ruiz (el asesino gobernador de Oaxaca durante el conflicto del 2006 que dio pie a la APPPO), tratando de señalar la calidad de la ex gobernadora de Yucatán. Es decir, que aparentemente, Piñón, intervino para favorecer a Alejandro Moreno, dadas las escasas posibilidades de la veracruzana.

Cualquiera quien gane la elección presidiría un partido débil, con tendencias centrifugas, con una pobre representación en el Congreso (cuenta sólo con siete senadores), y una gran crisis económica. Además, para cualquiera de ellos, será difícil mantener la frágil unidad del partido.

¿Hacia dónde va el PRI?

¿Hacia dónde apunta el destino del PRI una vez electa la nueva dirección? ¿Cuál es el espacio político que va a disputar para intentar recomponerse? ¿Se puede recomponer, dada la dinámica de crisis interna, signada por el nuevo marco político nacional impuesto con la 4a Transformación encabezada por AMLO? ¿Es posible que el partido más autoritario del país, que nació en 1929 con toda la fuerza que le dio el pacto entre las distintas corrientes vencedoras de la revolución de 1910, pueda girar a la “centroizquierda” como afirma una de sus corrientes internas?

Todas estas definiciones (renovación, recomposición, democracia, partidos de centroizquierda, etc.) planteadas en los debates del PRI nunca estuvieron en el imaginario de las actuales corrientes que disputan la dirección. Lo único cierto, es que el PRI necesitará de acuerdos con AMLO para no desaparecer de la escena nacional.






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