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Nicaragua y los feminicidios, la cruda realidad de las mujeres en Centroamérica

La violencia machista recorre el mundo y se recrudece, dejando detrás miles de víctimas y expresa su peor cara con el feminicidio. Crímenes cometidos contra mujeres principalmente en países atravesados por la pobreza, la precariedad de la vida y los altos índices de violencia, generando terreno fértil para que se reproduzcan actos barbáricos y en total impunidad.

Miércoles 4 de noviembre de 2015

El feminicidio y la violencia machista, a la alza

En 2011 se registraron 124 mujeres víctimas de violencia en el municipio de Waspam, aunque organizaciones civiles apuntan a la desconfianza en este dato pues en su sondeo se percatan de que hay muchas mujeres que no se atreven a denunciar por miedo, pues no cuentan con las condiciones económicas necesarias para protegerse, esto mientras las instituciones del estado evidencian que dan la espalda a esta terrible situación que atraviesan las mujeres.

María Teresa Blandón, integrante del Movimiento Feminista de Nicaragua, declaró que el problema no sólo es la cultura machista sino los altos niveles de impunidad, siendo éste el principal factor que permite se incrementen los casos, pues la justicia para las mujeres no existe.

Nicaragua se encuentra entre los países que no han firmado la CEDAW (Comité para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra las Mujeres), evidenciando la falta de interés por esta situación en la que no se respeta la vida de las mujeres a cualquier edad, aunque el mayor porcentaje de víctimas entra en un rango de 21 a 40 años.

Desde el 2006 se ha visto un incremento constante de feminicidios: 36 casos en ése año, 45 en 2007, para el 2012 se registraron 76, en el 2013 hubo 72 feminicidios y sólo 58 mujeres sobrevivieron.

Leyes machistas en contra de las mujeres

En la mayoría de los casos, un alto número de agresores conocían a su víctima y en muchos casos existía algún tipo de parentesco. Habría que aclarar que no sólo es un problema de índole privado en el que la violencia aumento de nivel y terminó en asesinato; los datos demuestran que el Estado protege a los feminicidas y niega el fenómeno reproduciendo la violencia a las mujeres. Los funcionarios en muchas ocasiones actúan en complicidad, al perder pruebas intencionalmente o al no hacer un peritaje riguroso.

Estos mensajes se anclan profundamente en una sociedad, que de por sí ya muestra descomposición, generando un caldo de cultivo para el feminicidio, con su correspondiente incremento de crueldad y ensañamiento.

Vivimos en una sociedad en la que se justifica el feminicidio, atribuyendo culpa a la víctima y cuestionando su manera de vestir o actividades cotidianas. Con el discurso de que ella provocó a su agresor, dejan de lado las atrocidades que muestran los cuerpos en los que se perpetuó una serie de torturas físicas, siendo las huellas de violación sexual el patrón común y que como basura, son arrojados a lugares públicos. Mientras los medios de comunicación reproducen contenidos misóginos y muestran a la mujer como mercancía.

Jugosas ganancias obtenidas por la explotación de mujeres

En este sistema capitalista en el que nuestros cuerpos son convertidos en mercancías y reducidos a un objeto para el placer masculino que puede ser comprado, violado y asesinado. Así, se producen ganancias multimillonarias por medio de las redes de trata, uno de los principales negocios generadores de riqueza a nivel mundial y en el que están involucrados empresarios y funcionarios públicos. Por eso no es de su interés combatir la explotación sexual, que en muchos casos después de años de esclavitud termina siendo asesinadas.

Las cifras las nutren mujeres de zonas pobres, dejando claro que si bien la violencia hacia la mujer es producto de su situación de opresión, el principal factor que ocasiona esta pandemia es su condición de clase. Las mujeres más vulnerables son las que viven en pobreza en poblaciones marginadas, de ahí emanan el grueso de trabajadoras, enfrentándose a zonas olvidadas e inseguras, quienes salen al trabajo o a la escuela y no regresan, porque en el trayecto son secuestradas.

En el 2012 el gobierno implementó la Ley integral contra la violencia hacia las mujeres y la reforma a la Ley 641, en la que se tipificó el feminicidio; además de reformas a artículos por paridad de género en candidaturas mediante la Ley 50-50. La intención detrás de estas medidas es desactivar el movimiento de mujeres y lavarle la cara al Estado: simulan tomar acciones por los reclamos de las mujeres, siendo evidente en los hechos pues los crímenes contra mujeres no han cesado. Esto es porque las bases estructurales del modelo capitalista que recrudece el feminicidio no han sido trastocadas. Siguen en pie las redes de trata, el narcotráfico sigue operando, las condiciones laborales siguen siendo extenuantes y mal remuneradas, los grupos delictivos y las fuerzas represivas del Estado siguen hostigando a la población y los políticos siguen enriqueciéndose a costa del pueblo, en fin, lista interminable de atropellos que repercuten directamente en la vida de una mujer pobre y trabajadora.

Impulsemos en toda Latinoamérica la campaña por #NiUnaMenos!

En Latinoamérica se expande el feminicidio. Pareciera que las mujeres asesinadas sólo son números en orden creciente, datos acumulados en estadísticas y no personas. Nos reducen a nada e intimidan a quienes exigen justicia, porque saben que las mujeres organizadas somos la fuerza más potente y que movilizadas en la calle reclamando nuestros derechos hacemos temblar cualquier régimen.

Desde la agrupación internacional de mujeres Pan y Rosas, militantes de la FT-CI e independientes, consideramos que es urgente construir una organización internacional de mujeres jóvenes y trabajadores que tenga como perspectiva crear alianzas de la clase trabajadora y los sectores populares entre países, para salir a las calles bajo la consigna de #NiUnaMenos. Es necesaria una alternativa independiente y con espacios donde las mujeres podamos organizarnos y dar la lucha por termina definitivamente con este sistema de opresión y explotación. No queremos seguir siendo violentadas y asesinadas, porque cuando actuamos juntas no hay nada que nos pare.

¡Exigimos todo! Nuestro derecho al pan y también a las rosas.






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