Internacional

ELECCIONES EN EL ESTADO DE ISRAEL

Netanyahu entre la horca nacionalista y la espada imperial

Las elecciones en Israel presentan un complejo escenario, interno y geopolítico, para el primer ministro Netanyahu. Los problemas estratégicos que se le presentan a partir de sus promesas de campaña antipalestinas y el distanciamiento táctico de Donald Trump.

Sábado 14 de septiembre | 15:48

Podría decirse que la historia reciente de Medio Oriente, está marcada por la historia de la ocupación israelí de los territorios palestinos. Sin entrar en el análisis de la fundación artificial del Estado de Israel en 1948 que dio origen a la Nakba (catástrofe) palestina, digamos que en 1967, una vez finalizada las Guerra de los 6 días, Israel da el paso formal hacia el colonialismo en la Franja de Gaza y Cisjordania. Los sucesivos gobiernos continuaron el avance sobre estos territorios que la propia ONU había establecido de soberanía palestina con una estrategia de ocupación con colonos y progresiva anexión al Estado de Israel. Pero hasta el momento ninguno llegó tan lejos como pretende ahora Netanyahu si gana las elecciones del 17 de septiembre.

Benjamin Netanyahu (apodado “Bibi”) intenta ser reelegido por quinta vez, luego de mantenerse 13 años y medio consecutivos en el poder; llegando a ser el líder con más tiempo en el cargo, incluyendo al patriarca israelí, Ben Gurión. Para “Bibi”, en estas elecciones no sólo se juega la entramada política interna de Israel e incluso de Medio Oriente, sino también su libertad personal.

En los comicios de abril, donde se presentaron alrededor de 30 partidos, empató con Benny Gantz, el jefe del Ejército que dirigió la sangrienta Operación “Escudo Protector” contra Gaza en 2014, y ahora debe superar los ajustados datos que revelan las encuestas. En mayo, el Kneset (parlamento israelí) se disolvió por la dificultad de “Bibi” para formar un gobierno de coalición, que por las características del sistema político israelí, similar al europeo, ningún partido logró la cantidad de escaños (la mitad más uno, o sea 61 de los 120) para gobernar en soledad. Un mecanismo que obliga al sistema político a convocar a nuevas elecciones a los 25 días, si el primer ministro no logra una coalición de partidos para gobernar. En estos meses mucha agua corrió bajo el puente, presentándosele al primer ministro una serie de problemas a resolver para mantenerse en el poder.

El principal obstáculo que tuvo Bibi, fue que el ultraderechista Avigdor Liberman, del partido Hogar Judío, retiró el apoyo al Likud, presionándolo para que formase un gobierno de unidad nacional con el Azul y Blanco (Kajol Lavan) de Gantz y Yair Lapid. Un partido formado por militares condecorados que sintetizan el espíritu nacional judío. Por el momento, las encuestas develan que el Likud, partido de Netanyahu, incluso con el apoyo de varios grupos de derecha ultraortodoxos, no conseguiría la mayoría necesaria para lograr inmunidad parlamentaria, o el apoyo político necesario para permanecer en el cargo. Un objetivo imperioso tras las acusaciones por violación de confianza, soborno y fraude, cargos por los que quieren llevar a Netanyahu al banquillo de los acusados, siendo el primer juicio político a un mandatario en Israel.

Cisjordania, la eterna carta bajo la manga

Para ganar más base de apoyo en el electorado, Benjamin Netanyahu anunció este martes 10 de septiembre, una promesa de campaña fuerte: la anexión de los asentamientos colonos en Cisjordania, que representan un 30% del territorio. Un área que abarca 2.400 kilómetros cuadrados y que está cruzada por el Río Jordán, una fuente hídrica estratégica para Jordania e Israel.

Luego de la “Guerra de los 6 días”, Israel comenzó con la colonización formal del Valle del Jordán. Los primeros asentamientos fueron las colonias “nahal”, donde vivieron soldados, en un principio, para evadir la convención de Ginebra, para luego ser ocupadas por civiles. Hoy, la gran mayoría está ocupada por colonos nacionalistas-religiosos radicales que no estarían dispuestos a abandonar la zona en caso de un acuerdo de paz. El Likud, ha sido desde hace casi 40 años abanderado de la anexión de Cisjordania, y Netanyahu se propone cumplir el sueño de los nacionalistas de derecha de definir las fronteras del país con Cisjordania dentro, para conseguir el voto de los 400.000 colonos que viven en ese territorio palestino. Esto, además, tiende a compensar el voto árabe que representa el 8% del padrón y que se presenta unificado en estas elecciones en un mismo partido.

Esta decisión, bañada de campaña electoral, podría arrastrar problemas graves para el país hebreo. Es una nueva agresión al pueblo palestino que sería devastadora para lograr un hipotético acuerdo de Paz en el futuro: la política que impulsó la ONU históricamente es la “solución de dos estados” que tiende a consolidar la legitimidad del Estado de Israel y conceder a los palestinos los pequeños y divididos territorios de la Franja de Gaza y Cisjordania para terminar con los movimientos por la liberación de Palestina. Dependiendo de las distintas administraciones, la mayor parte de los países imperialistas apoyaron de palabra esta “solución”, al igual que la principal organización política palestina Al Fatah, el partido del histórico dirigente Yasser Arafat que hoy gobierna los territorios de Cisjordania (la Franja está en manos de Hamas). Hay que aclarar que esta política, de por sí perjudicial para los palestinos que debían aceptar la entrega de su territorio histórico arrebatado en 1948, hace años se ha vuelto utópica debido a la estrategia de ocupación con colonos y anexiones que impulsan los gobiernos israelíes.
Volviendo a la promesa de campaña de Netanyahu, los problemas diplomáticos para Israel podrían ser reales. España, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido ya advirtieron que el plan del primer ministro de anexionar al país el Valle del Jordán, la zona fronteriza con Jordania y que se encuentra en la Cisjordania ocupada, supondría una violación “grave” del derecho internacional. Incluso algunos países que apoyan a la Autoridad Nacional Palestina (llamado desde 2013 Estado de Palestina, gobierna la Franja de Gaza y las áreas aisladas que le quedan de Cisjordania) podrían retirar su apoyo a Israel y hasta aplicar sanciones económicas por romper la Carta de la ONU.

En caso de que fuera efectiva esta anexión podría desatar una oleada de violencia y un cese en la cooperación de seguridad con la Autoridad Palestina, por lo que las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) tendrían que tomar el control de las áreas que están bajo jurisdicción de la AP. Esto pondría bajo la responsabilidad israelí a más de 2,6 millones de palestinos. También anunciaría un aumento de enfrentamientos en Gaza donde en el trascurso de estas semanas Israel bombardeó posiciones de Hamas. Esto último se basaría en que llegaron 2 cohetes lanzados desde la Franja, pero de fondo están las presiones hacia Bibi de que tome una línea más dura con el partido islamista.

Estados Unidos y la administración Trump

Netanyahu venía desplegando una importante batería de políticas a nivel internacional, con acercamiento a distintos líderes de derecha internacional. Con Narendra Modi, de La India, Yair Bolsonaro de Brasil (donde existe una enorme base evangelista pro israelí), e incluso con Vladimir Putin alrededor de una política conjunta sobre Siria. En este último caso, ambos países tienen interés en frenar el avance e influencia iraní; el último mes Israel bombardeó posiciones militares iraníes en Siria, Líbano e Irak, mientras Rusia no emitió palabra alguna.

Pero por otro lado, Donald Trump, quien dio un giro (aún más reaccionario) a la política de Obama con respecto a Israel, viene siendo el gran ausente para “Bibi”, quien estaría necesitando todo su apoyo para lograr la reelección. Trump, que hegemoniza la supremacía blanca protestante, es el primer presidente norteamericano en reconocer la soberanía israelí sobre los Altos de Golán, trasladó la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, e intervino a través de su yerno Kushner con el llamado “Acuerdo del Siglo”, que buscaría un “acuerdo de paz” con los palestinos. Israel, probablemente sea el único país del mundo donde salir con Donald Trump en una foto de campaña sea favorable.

Que Trump le corte las alas al halcón Bolton, fue un golpe para Netanyahu, ya que con éste compartía la estrategia con respecto a Irán, quien sobre todo fue un alfil para romper el acuerdo nuclear, dejando a Israel como el único país portador de armas nucleares del Medio Oriente. Sin embargo, Trump ha cambiado su línea con respecto a Irán debido a su cambio de línea con China, análisis que exceden estas líneas. Pero lo que deja claro es que la posición de Bibi queda debilitada.

Kushner venía discutiendo con las monarquías del Golfo e Israel, el plan “Paz para la Prosperidad”. Un plan económico de gran envergadura para desatar las fuerza de trabajo palestina, e incorporar a millones al mercado laboral. Haciendo una inversión inicial en obras de infraestructura en Franja de Gaza y Cisjordania de alrededor de 28 mil millones de dólares, con la perspectiva de avanzar en el mismo sentido sobre Egipto, Jordania y Líbano. Si bien, Hamás y Fatah no apoyaban el plan, porque debían renunciar a sus aspiraciones territoriales históricas, mostraba la ubicación del imperialismo con respecto al conflicto histórico, que responde más a los objetivos internos con proyecciones hacia las elecciones del 2020 en EEUU, que encontrar verdaderas soluciones regionales.

Sin embargo, Israel ha demostrado una y otra vez que es un Estado colonialista que sólo puede sostenerse mediante políticas guerreristas con el apoyo del imperialismo. En este sentido, la guerra y el nacionalismo se profundizan cada vez más en los últimos años, corriendo más hacia la derecha toda la política israelí, interna y externa. En momentos en que las tensiones con el país persa y el equilibrio mundial caminan en puntas de pie, muchas veces al borde de provocar una guerra, no es conveniente desatar un nuevo conflicto en Palestina, que más allá de sus direcciones políticas, ha dejado claro que su resistencia es persistente.






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