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Red Internacional

Competencia feroz para ser la más “bella” del mundo. La representante de Colombia, no pudo festejar mucho porque el presentador se “equivocó” de nombre.

Tomás Máscolo@PibeTiger

Martes 22 de diciembre de 2015 | Edición del día
MISS UNIVERSE 2015 WINNER MIXUP (COLOMBIA IS CROWNED BY MISTAKE) STEVE HARVEY MISTAKE - YouTube

"Amigos, tengo que disculparme. La primera finalista es Miss Colombia; Miss Universo 2015 es Filipinas", dijo Harvey el presentador, Pia Alonzo Wurtzbach es la ganadora. La colombiana Ariadna Gutiérrez Arévalo mostró su rostro feliz bajo la corona de Miss Universo que le duró apenas un minuto. La colombiana parecía no saber si se trataba de una broma y llegó a esbozar incluso lo que parecía una sonrisa.

Mi cuerpo no está mal, la moda sí

Las marcas de belleza que financian estos concursos tienen grandes negocios con líderes políticos. Así fue como Donald Trump, precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, salió a repudiar este “error”. Es quien hasta 2014 fuera el dueño y administrador principal del certamen, pero este año no le pareció “redituable”.

Fue la edición número 64 de este concurso de belleza que se transmite a nivel mundial. El consumo masivo y compulsivo, la competencia feroz, la banalización y el la tensión para tener “el cuerpo perfecto”, son las grandes protagonistas de la noche.
Los niveles más crudos de competencia implanta la agenda del mundo, la moda penetra en las revistas, los canales de televisión y las redes sociales. No es casualidad que estos concursos se instalen en verano, sin ir más lejos, son la excusa perfecta para imponer dietas siniestras que “ayudan” a bajar de peso de forma insana.

Aunque se cumplan todas las reglas, es imposible lograr tener los cuerpos de estas exponentes, precisamente porque es un objetivo que sólo busca vender. Vender ropa, productos de bellezas, incluso hasta dietas y descuentos en grandes cadenas de gimnasios. La inseguridad, la angustia, la frustración y la depresión parecen un final inevitable cuando la obligación es alcanzar un objetivo.

Estos “concursos” alientan lo peor del capitalismo, una competencia banal incitada por un estereotipo impuesto desde una cultura misógina y patriarcal. Las mujeres no son “objetos” de belleza, ni una mercancía que se expone al mejor postor.




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