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Opinión

Marx y el crimen social del metro de la Línea 12

Toda la clase trabajadora está de luto ante la tragedia producto de la negligencia de altos funcionarios y la voracidad capitalista de las constructoras que edificaron la infraestructura del metro. Van algunos apuntes sobre este crimen social visto bajo la lente del análisis marxista sobre el sistema de producción capitalista, en el aniversario de Marx, nacido el 5 de mayo de 1818.

Bárbara Funes

México D.F | @BrbaraFunes3

Miércoles 5 de mayo | 12:20

Escenas dantescas que nos golpearon en la noche del lunes 3 de mayo. El colapso de la vía aérea del metro de la línea 12. Trabajadoras y trabajadores regresando del trabajo o yendo hacia él, algunos con sus hijos. Los que ya no regresarán. Los que luchan por su vida en los hospitales. Sus familiares, en la espera más tensa que nadie quisiera vivir. Los heridos que sobrevivieron al horror y quieren despertar de una pesadilla. Las y los trabajadores del metro que advirtieron una y otra vez de las fallas en la infraestructura. Los vecinos y usuarios que también denunciaron. Los de abajo, quienes no tenemos nada más que nuestra fuerza de trabajo.

Los altos funcionarios que a todos dieron la espalda. Porque con sueldos millonarios, ellos, sean del partido que sean, no usan el metro ni ningún otro transporte público. Tienen autos y choferes y generosas partidas para viáticos. Porque los empresarios beneficiados con los contratos de las obras de la línea 12 son generosos con ellos. Edificaron una obra defectuosa y mal planeada, con el esfuerzo de trabajadoras y trabajadores de la construcción de seguro con magros salarios, con poco o ningún equipo de protección para el trabajo, porque lo único que mueve a estos depredadores sociales es el afán de lucro. Son los de arriba, los propietarios de los medios de producción y los altos funcionarios a su servicio.

Ebrard, Sheinbaum, Mancera, Calderón, Peña Nieto, López Obrador, Horcasitas (director del Proyecto Metro), Bojórquez (ex director del Sistema de Transporte Colectivo Metro), Joel Ortega (ex director también), Florencia Serranía (actual directora) todos ellos son responsables de haber solapado a los empresarios que se enriquecieron con obras públicas que constituyen un riesgo para la vida de miles de millones de personas. Son responsables de la falta de mantenimiento y abandono del metro, al cual los trabajadores llevan sus propias herramientas para remendar lo que pueden. Los accionistas y directivos de ICA, Carso y Alstom son responsables también, por embolsarse miles de millones de dólares a cambio de construir una obra defectuosa.

Transporte y plusvalía

En pleno siglo XXI, el análisis marxista permite entender crímenes sociales como el colapso del metro en Ciudad de México. Una de las cuestiones que señala Marx en la crítica de la economía política es que la fuerza de trabajo humano es una mercancía, cuyo valor está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla: alimentos, vestido, vivienda, transporte. Los salarios son el pago que reciben para subsistir, y corresponde a una porción cada vez más pequeña del valor que producen en cada jornada laboral, mientras los empresarios les roban el resto de su trabajo. Las y los trabajadores sólo son un engranaje del modo de acumulación capitalista. Para los de arriba, sus vidas no valen.

Alrededor de 5 millones de personas usan el metro a diario. En el caso de la línea 12 en particular, los funcionarios declararon que unas 220 mil personas lo usan para transportarse. Con la creciente expulsión de familias trabajadoras del centro a la periferia de la ciudad, cada vez más personas deben recorrer una o más horas de camino para ir de su casa al trabajo, antes y durante la pandemia. Viajan en metro, metrobús, peseros, combis, bicicletas.

El servicio de transporte de personas y mercancías es esencial para el modo de producción capitalista, como se evidenció durante esta pandemia. Si las y los trabajadores no pueden transportarse a fábricas, empresas y comercios no hay actividad económica. No se producen bienes ni servicios, no hay circulación de mercancías.

Escribió Marx respecto al transporte que se trata de un trabajo productivo. “El valor de uso de las cosas sólo se realiza con su consumo y éste puede exigir su desplazamiento de lugar y, por tanto, el proceso adicional de producción de la industria del transporte. Por consiguiente, el capital productivo invertido en ésta añade valor a los productos transportados, unas veces mediante la transferencia de valor de los medios de transporte y otras veces mediante la adición de valor que el trabajo de transporte determina. Esta última adición de valor se descompone, como ocurre siempre en la producción capitalista, en dos partes: una es la que repone los salarios, otra es la plusvalía.” (Tomo 2 de El Capital, capítulo 6).

Algo tan rutinario como volver a casa luego de la jornada laboral, o volver al trabajo luego de unas magras horas de descanso es parte del proceso que mantiene la producción en movimiento. Pero el capitalismo rapaz de nuestros días sacrifica a las y los trabajadores en el altar de las ganancias. Se usan materiales de construcción defectuosos, se edifican obras en altura en terrenos no aptos para hacerlos, se reduce al mínimo el mantenimiento del transporte público.

El capitalismo mata. En el aniversario del nacimiento de Marx, sus palabras vuelan a nosotros con renovado vigor. El motor de la historia es la lucha de clases, y para superar toda forma de explotación y opresión, las y los de abajo tenemos que rebelarnos contra cada agravio del capital.

Por quienes estuvieron, por quienes estamos y por quienes estarán. Que la rabia se transforme en organización para destruir el capitalismo, con el sol rojo de la revolución, y construyamos juntos, cantando, un mundo nuevo donde nadie muera en tragedias evitables y la humanidad pueda desarrollarse plenamente.






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