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Red Internacional

Los sismos ocurridos en México el 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022 han provocado especulaciones en torno a la coincidencia de fechas, así como sobre si existe una "temporada" sísmica en nuestro país. Te presentamos una mirada sobre estos registros.

Martes 20 de septiembre | 10:50

"Somos como las mariposas, que viven un día y creen que es la eternidad"
—Carl Sagan

Por ahí circula la "estadística" de los años en que han caído sismos de más de 7.5 de magnitud y en resumen es:

1985: 19 de septiembre / Sismo 8.1
2017: 07 de septiembre / Sismo 8.2
2017: 19 de septiembre / Sismo 7.1
2021: 07 de septiembre / Sismo 7.1
2022: 19 de septiembre/ Sismo 7.4

Pero hay un problema con estos registros...

Datos de cuatro años no consecutivos no bastan para vislumbrar un patrón en la escala geológica de la tierra. Recordemos que la tectónica de placas (osea los movimientos de la corteza terrestre que producen los sismos) no se miden en años, sino en millones e incluso miles de millones, lo que conforman las eras geológicas.

Dicho de otro modo, si vemos los registros de millones de años, van a haber patrones aleatorios bastante curiosos, pero no dejan de ser producto del azar (además tenemos que considerar que el tiempo que llevamos midiendo los meses en el calendario gregoriano es de apenas unos cientos de años, cosa que tampoco alcanza para medir los ciclos terrestres).

Sumen a esto que a la especie humana le encanta buscar y reconocer patrones aunque estos no existan, y para ejemplo tenemos la pareidolia, o cuando todo lo que vemos se asemeja a una cara.

Pero acá la pregunta no es cuándo, sino cómo nos preparamos. Recordemos que México es un país sísmico. Todos los días tiembla porque estamos en el curso del llamado "Cinturón de fuego del Pacífico", o sea, la zona de mayor sismicidad del planeta y que, por tanto, no debería sorprendernos tener estos fenómenos de manera recurrente.

Las y los geógrafos repetimos esto como rezo, pero los desastres no son naturales. Un huracán, las lluvias y sismos ocurren todos los años, pero no debemos asociarlos con pérdidas, tanto de vidas como materiales.

Que las personas más precarizadas pierdan seres queridos o sus patrimonios durante un terremoto no es algo natural, esto viene de la mala planeación de las ciudades, la especulación inmobiliaria y la corrupción tanto del Estado, como de las empresas.

Acá es donde debemos actuar, no sólo tener presente que a nivel individual tenemos que prepararnos, sino también hay que organizarnos para exigir que haya planes ya no sólo de reconstrucción, sino de prevención tanto en infraestructura como en educación para prevenir de estos desastres.




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