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Red Internacional

Hollywood. Marilyn Monroe y Ella Fitzgerald, una amistad unida contra la segregación racial

Décadas antes del Black Lives Matter, la actriz de Hollywood que falleció un 5 de agosto hace 60 años atrás, utilizó su fama e influencias para visibilizar el talento de su amiga, la cantante de jazz que ya era todo un éxito pero que sufría la discriminación por su color de piel. Esta es su historia.

Jueves 4 de agosto | Edición del día
Ella Fitzgerald y Marilyn Monroe

Década del ‘50 en Estados Unidos. El país (y el mundo) estaban en plena ebullición tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y los cambios políticos, sociales y culturales estaban a la orden del día. Sin embargo, había una cuestión que todavía era inalterable: el racismo. Irónicamente, esta condición no discriminaba entre gente famosa e ignota. La segregación racial era implacable y solía ser una gran traba para que muchos artistas pegaran el gran salto que consolidara el ascenso al éxito. Esta es la historia de amistad entre dos mujeres: Marilyn Monroe, de quien se cumplen este 5 de agosto sesenta años de su muerte, y la Dama del jazz.

La fama

Ella Fitzgerald lo sabía muy bien. Hija de una lavandera, nació en 1917 y al poco tiempo su padre, conductor de tren, las abandonó en un estado de pobreza extrema. Pasó por diversas situaciones de más pérdidas, fue internada en un reformatorio y su personalidad era cada vez más explosiva. Su único y gran amor era la música: bailar y cantar fueron sus grandes pasiones. Comenzó a cantar con apenas 17 años y a partir de entonces deslumbró a todos con su potente voz, convirtiéndose en una de las grandes promesas del pop y el swing con la interpretación de baladas. En 1941 comenzó su carrera solista y estuvo en gira con Gillespie y ya era muy famosa por sus grabaciones con Louis Armstrong y Duke Ellington entre otros. El camino a transformarse en la “dama del jazz” sin ninguna duda ya tenía su nombre.

Por su parte, Marilyn Monroe ya era una gran estrella de Hollywood en esa época. Cotizada y con un aura de glamour que llevaba encima, la actriz fue un emblema de la revolución sexual y una figura de renombre. Aunque era mucho más que una cara bonita, el mote de “rubia tonta” fue uno de los grandes prejuicios que se inmiscuyó en su vida pública y personal. Monroe buscaba la perfección dentro de sus interpretaciones y una de las áreas por las que quiso desarrollarse fue el canto: fue así que escuchó por primera vez la voz de Ella. Luego se conocieron y surgió una amistad entre ellas que llevaría a la cantante de jazz a lograr algo gracias a la pequeña ayuda de Marilyn.

“No se diga más”

A mediados de la década de los 50, todo artista que se preciara tenía la obligación de actuar en un club de Los Ángeles: el Mocambo. Frank Sinatra, Humphrey Bogart o Lauren Bacall eran algunos de sus clientes habituales. A pesar de su fama, Ella Fitzgerald había actuado en pequeños clubes de jazz pero el Mocambo era su objetivo. Aunque en esta sala ya habían actuado algunas artistas negras como Dorothy Dandridge y Eartha Kitt, Fitzgerald no les interesaba.

Pero Marilyn tenía la solución. Años de utilizar inteligentemente la fama y su sexualidad a su favor, le dieron la clave para ayudar a su amiga. Fue así que se comunicó con el dueño del Mocambo y, como si se tratase de una escena salida de El Padrino, le hizo una oferta que no podría rechazar: si Ella Fitzgerald actuaba ahí, ella estaría en primera fila siempre que eso ocurriera. Esto le garantizaría de forma directa no solamente mucha publicidad sino prensa y tener a otras grandes otras grandes figuras de Hollywood.

Fue así que Ella Fitzgerald estuvo dos semanas actuando en el Mocambo con las entradas agotadas, y Frank Sinatra y Judy Garland acudieron al estreno junto a, por supuesto, Marilyn Monroe. Sin embargo, el apoyo de la actriz hacia la Dama del Jazz también se tradujo en otras ocasiones. Las leyes imperantes en Estados Unidos con la segregación hacían que la población afroamericana tuviese entradas diferenciadas a la población blanca. Cuando coincidían en los mismos eventos, la actriz se negaba a esta situación y exigía que ambas entraran juntas por la puerta principal.

De esta manera, Monroe se convirtió sin quererlo en una precursora que utilizó a favor su fama contra la segregación racial y Ella Fitzgerald en una estrella en ascenso que al día de hoy, años después de su muerte, sigue siendo una de las voces más importantes e influyentes de la historia del jazz.




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