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Red Internacional

Mujeres en la literatura.María Luisa Bombal, la escritora y el deseo femenino desde el surrealismo

Chilena, precursora del realismo mágico y del surrealismo en Latinoamérica, innovadora en técnicas literarias, crítica de la pedantería de los escritores y al papel que se intentaba asignarle a la mujer. "Recordar el ayer nos hace nacer. Imaginar el mañana nos hace nacer. Nacemos siempre en el presente. Siempre nacemos, jamás envejecemos. Siempre nacemos".

Liliana Vera IbáñezRedacción LID @liluzlisam / IG: @Pisotomia

Martes 8 de junio | Edición del día

“Y luego que hubo anochecido, se le entreabrieron los ojos. Oh, un poco, muy poco. Era como si quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas” desde donde observaba y nos invitaba a observar María Luisa, quien muriera el 8 de junio de 1980 en Santiago de Chile.

Así comienza La amortajada, una de sus obras que le diera comienzo a la novela chilena contemporánea, debido a importantes innovaciones en el plano temático y formal, como la incorporación del monólogo interior, atmósferas oníricas, ambigüedad en los espacios y tiempos narrativos, introspección psicológica de los personajes y un lenguaje metafórico y simbólico, entre otros procedimientos narrativos. Fue la introductora del surrealismo en la novelística chilena, exponiendo y ejerciendo modos narrativos imaginativos, simbólicos, sugerentes, patéticos.

Viña del Mar y más allá

María Luisa Bombal nació en el Paseo Monterrey de Viña del Mar, el 8 de junio de 1910. A los ocho años de edad, tras la muerte de su padre, se trasladó a París junto a su madre y hermanas. Concluidos sus estudios universitarios, regresó a Chile donde conoció a un joven amigo de la familia, llamado Eulogio Sánchez Errázuriz, con quien pronto inició una intensa relación amorosa que ocuparía varias páginas de su literatura.

La impresión que María Luisa despertó en los escritores de la época es unánime: "tiene demasiada personalidad para ser mujer" habían dicho. La “abeja de fuego” la llamó Neruda, por enérgica y apasionada. Es el año 1933 viajó a Buenos Aires con él. Cuando llevaba un año en Buenos Aires, publicó la primera de sus dos novelas, La última niebla gracias al auspicio de Oliverio Girondo y Norah Lange. Muchas veces, para burlarse de la arrogancia de algunos escritores, conversaban sobre poetas que ellas mismas habían inventado.

Al regresar a Santiago, en 1941, fue encarcelada por intentar matar a su ex pareja. Tras nueve meses recupera la libertad, en 1944 emprende un nuevo viaje a Estados Unidos, donde vivió veinticinco años. Allí se casó y tuvo una hija. Publicó su tercer libro, La historia de María Griselda en una revista norteamericana. En 1969, tras enviudar volvió a Buenos Aires, donde se quedó hasta 1973. Dos semanas antes del Golpe de Estado viajó a Chile, donde la dictadura le otorgó premios literarios además de una pensión de gracia.

Personajes femeninos: La amortajada y La última niebla

Ella se atrevió a hablar abiertamente de la rabia y hasta del deseo sexual femenino, emociones impropias de las buenas esposas y de las buenas madres. En sus obras aparecían personajes femeninos en situaciones de pérdida o acoso. Se alejó de la heroína romántica y representó mujeres fuertes pero también sufrientes, que hacían público lo privado. En definitiva, estas mujeres creaban mundos surrealistas para sobrellevar su realidad.

En La última niebla cuenta la vida de una mujer que se casa con su primo, al que no ama. Pero vive recordando un encuentro amoroso con un hombre a quien no conoce. De tanto repetir la imagen esta termina por disolverse en lo onírico, en ese no saber si algo fue real o no. Describe un orgasmo femenino: “Su cuerpo me cubre como una grande ola hirviente, me acaricia, me quema, me penetra, me envuelve, me arrastra desfallecida. A mi garganta sube algo así como un sollozo, y no sé por qué empiezo a quejarme, y no sé por qué me es dulce quejarme, y no sé por qué es dulce a mi cuerpo el cansancio infligido por la preciosa carga que pesa entre mis músculos”. Esta novela abría así un espacio de respiro a la mujer, en un año en que todavía carecía de derecho al voto.

La protagonista de La amortajada acaba de morir cuando el relato comienza, pero por la noche, mientras sigue amortajada encima de la cama, se le entreabren los ojos y, sin que los demás lo adviertan, ve cuanto pasa a su alrededor; la vista de quienes van a visitarla le trae recuerdos de su pasado, como a éstos se los trae la visión de la muerta. Así, a base de sus recuerdos y los recuerdos de sus allegados, el padre, el marido, los hijos, la hermana, se va entretejiendo la historia hasta que llega un momento en el cual la protagonista anhela "la segunda muerte: la muerte de las muertos".

El deseo de escribir

Pese a su brevedad, la producción de María Luisa Bombal logró una importante repercusión en el medio literario, instalándose como una de las primeras exponentes de la novela contemporánea latinoamericana. Su técnica ha sido comparada con la de autores señeros como la inglesa Virginia Woolf y el estadounidense William Faulkner. Asimismo, La amortajada ha sido señalada como antecedente de Pedro Páramo, única novela del mexicano Juan Rulfo.

Su adicción al alcohol la llevaron a terminar en una casa de reposo. En varias ocasiones tuvo que ser hospitalizada por crisis hepáticas. María Luisa Bombal falleció el 6 de mayo de 1980 en la ciudad de Santiago de Chile, víctima de una hemorragia digestiva masiva.

Sus obras fueron: El árbol, 1931; La última niebla, 1934; La amortajada, 1938; Las islas nuevas, 1939; Mar, cielo y tierra, 1940; La historia de María Griselda, 1946; The house of mist, 1947; La maja y el ruiseñor, 1960. En 1974 obtuvo el Premio Ricardo Latcham. En 1976 fue condecorada con el Premio Academia Chilena de la Lengua y en 1978 ganó el Premio Joaquín Edwards Bello. Su obra inédita y sus novelas más conocidas, fueron recopiladas y publicadas por Lucía Guerra diecisiete años después de su muerte, bajo el título de Obras completas.

Leer a María Luisa nos transmite esa pasión que abre puertas innumerables. "Y puede, puede así, que las muertes no sean to­das iguales. Puede que hasta después de la muerte, todos sigamos distintos caminos.“ (La amortajada).




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