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Red Internacional

La SEP en algunos estados ha autorizado reprobar a los alumnos, en lugar de implementar un plan serio contra el rezago educativo.

Lunes 5 de diciembre de 2022 | 13:45

Desde hace unas semanas, tanto en redes sociales como en los medios de comunicación, así como en las escuelas, ha retomado relevancia el debate sobre el tema de la evaluación, con respecto a si se debe reprobar a los alumnos o no. Hay opiniones polarizadas de maestros y maestras, tanto a favor como en contra, pero este debate debe verse desde sus distintas aristas y ayudarnos a identificar, por ejemplo, si: ¿reprobando a los alumnos este sistema educativo podría mejorar? ¿al reprobar a los alumnos se combate el rezago educativo? Estas y más preguntas pueden abonar a la reflexión crítica sobre este sistema educativo.

¿Reprobar o no reprobar?

“Evaluar para mejorar”, esta fue la frase que impulsó la reforma educativa peñista, siendo uno de los elementos más criticados de este plan la evaluación punitiva hacia los docentes, ya que el que no pasara el examen podía perder el trabajo. El magisterio mexicano luchó para tirar esa reforma, y aunque el gobierno de la 4T prometió elliminarla, la preservó en su mayoría, por ejemplo mediante la USICAMM, un mecanismo que sigue imponiendo evaluaciones a las y los egresados normalistas para condicionar el ingreso al servicio docente, con requisitos absurdos, y aunque los cumplan no hay garantía de que les otorguen una escuela para trabajar. También para poder tener mayores ingresos o para subir de puesto, la USICAMM impone un examen.

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Las evaluaciones son procesos administrativos tediosos para los y las maestras que muchas veces se hacen fuera de la jornada laboral, incluso los días de descarga administrativa que se supone que son días asignados para sacar las calificaciones de los estudiantes, pero los directivos exigen que se tengan antes y ese día se impone como si fuera un CTE más. Además se nos presiona a que tenemos que comprobar con evidencias, rúbricas, exámenes, proyectos, etc., obligándonos a caer en el conductismo de que el alumno que entrega todo obtiene una buena calificación, sin saber si verdaderamente se logró el aprendizaje.

Es reprobable nuestro sistema educativo, que se ha basado en imponer notas numéricas a niños desde el preescolar hasta el nivel superior. Como menciona Ángel Díaz Barriga en el video que se presentó en el CTE de octubre, las calificaciones solo clasifican a los estudiantes y las notas numéricas no pueden reflejar la complejidad del proceso de aprendizaje. Además, en una de las primeras diapositivas, menciona que “quienes no están en la escuela no desertaron, fueron expulsados del sistema, que no reconoció su potencial, castigó sus debilidades”, y en efecto eso es lo que genera la reprobación de los alumnos, mayor rezago educativo y deserción escolar.

Otro intelectual que nos ayuda a reflexionar sobre este tema ha sido Hugo Aboites, justo en una nota reciente publicada en el periódico La Jornada titulada “Evaluación: crimen y castigo” en su inicio menciona que el reprobar a un alumno es un castigo, en el cual no es claro el crimen, y que por ejemplo no se sabe si es por no poner atención en clase, o por tener mala memoria.

En su artículo, Aboites también hace una crítica al papel que ha jugado el gobierno, en conjunto con la SEP, al no dar solución a las problemáticas educativas y al retroceder en esta nueva política para que los maestros puedan reprobar.

Por otra parte, para las y los docentes la realidad es que damos clases en condiciones antipedagógicas, con salones hacinados de alumnos, con más de 35 niños en primaria y en secundaria hasta 50 estudiantes, cuando la OCDE hace la recomendación de no más de 14 alumnos. Cabe mencionar que los exámenes estandarizados los sigue imponiendo la SEP, como fue el de diagnóstico de “Mejoredu”.

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Reprobemos este sistema educativo

Algunos maestros ven con buenos ojos esta política de poder reprobar, porque mencionan que de esa manera no se ocultará el rezago educativo. También expresan que es un mecanismo que utilizan para asegurar el control de grupo y para que se responsabilicen más los padres y las madres de familia en las tareas, trabajos y seguimiento de los estudios de sus hijos. Sin embargo, no se ven de raíz los factores que desencadenaron estas dificultades educativas y mucho menos como resolverlas, y eso nubla la crítica que tendríamos que hacer al gobierno y a la SEP por su responsabilidad en no garantizar la educación que merecemos.

La SEP no ha mostrado un plan serio para abatir el rezago educativo. Esta situación estaba antes de la pandemia y obviamente se intensificó con el confinamiento; en ese periodo, en lugar de haber otorgado equipos de cómputo a los alumnos y profesores, así como redes gratuitas de internet, por el contrario decidió darle un contrato millonario a las televisoras para crear el antipedagógico “Aprende en casa”.

Para poder verdaderamente cambiar este sistema los y las maestras debemos organizarnos, para exigir otra educación que contemple un mayor presupuesto educativo, que mejoren las estructuras de las escuelas, que estén equipadas con tecnologías y los servicios básicos (agua, luz, internet, etc), con plantillas completas, además de planes de estudios acordes a las necesidades de nuestros [email protected] y el pueblo trabajador.


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