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Red Internacional

Frente a las miles de desapariciones, en México surgió el fenómeno de los colectivos de madres buscadoras. Escribimos esta nota en homenaje a ellas, en el contexto de la conmemoración del día de las madres.

Lautaro AdrianoTrabajador de la educación pública e integrante de la agrupación magisterial y normalista Nuestra Clase

Jueves 12 de mayo | 00:54

Ellas buscan. No sabían cómo, ni dónde, pero aprendieron. Tuvieron que hacerlo, porque si ellas no buscaban, ¿quién? La vida de los hijos de los pobres no interesa al Estado, por eso no les buscan; por eso los desaparecen.

Sólo armadas de palas y picos, atraviesan el fuego cruzado esquivando balas y amenazas. Poco importa que el calor hierva el aire. Ellas salen, bajo el sol que abrasa, a buscar a sus hijos, acompañadas de la maldita certeza de que no encontrarán buenas noticias.

Han aprendido a ubicar fosas clandestinas. Aprendieron también a identificar el olor de un cuerpo humano descompuesto. Incluso, en el proceso se han adiestrado en la excavación y limpieza de restos óseos.

En el dolor surge la solidaridad

En la búsqueda no han localizado a los suyos, pero sí a los de otras. Por eso, a pesar de que la probabilidad de hallar a sus hijos es poca, continúan, motivadas por que su trabajo ayudará a demás madres a terminar con su angustia.

Como Mirna Nereyda Medina, que tras cavar en una fosa clandestina en Sinaloa encontró los restos de Luis Alfredo Chávez, buscado por su madre hacía cuatro meses. Lxs desaparecidos son de todos.

Por ejemplo, el Colectivo jalisciense “Amor por Ellxs” anota en una libreta los rasgos de los cuerpos no reclamados que encuentran en las morgues. Tatuajes, lunares, color de ropa, tenis, todo lo que pueda ser una pista para quienes buscan a sus desaparecidos, sirve.

Tal Colectivo comprobó con su experiencia que las autoridades, locales y federales, no harán nada para realizar una búsqueda mínimamente seria. Han denunciado que no hay voluntad del Estado por apoyar a las cientos de madres que acuden desesperadamente a las dependencias públicas en busca de respuestas.

“Con frecuencia los policías que investigan las desapariciones no visitan las morgues para verificar si los cuerpos en el sitio coinciden con las personas que buscan.

Tampoco suele existir comunicación entre los responsables de los servicios forenses y las fiscalías. Cuando las familias preguntan en las dependencias con mucha frecuencia no encuentran información” explicó la vocera de “Amor por Ellxs” en una entrevista para la BBC.

Del dolor a la esperanza

Ellas se saben víctimas, pero no madres impotentes. Han convertido su dolor y rabia en esperanza, gracias a que perdieron el miedo y se organizaron para luchar por justicia. “Nos quitaron tanto que se llevaron hasta el miedo” eriza un grito mexicano en cada marcha que exige justicia.

Sí, México es el país de los desaparecidos, de las fosas clandestinas, de los feminicidios. Pero también es el país de las mamás buscadoras, de las mamás detectives que encuentran más cuerpos que la policía, de las decenas de colectivos de madres que se fundaron porque aprendieron que no podían confiar en las instituciones.

Ante la descomposición social que corroe a nuestro país, la resistencia de las madres organizadas que buscan a sus hijos surge como polo opuesto a la desesperanza, como ejemplo a no rendirse nunca.

Nuevamente el ejemplo de Mirna, que fundó el grupo Las Buscadoras tras la desaparición de su hijo. Así también María Hortensia Rivas lo hizo con el colectivo Familias Unidas, en Coahuila, luego que Victor Manuel, su hijo, desapareció en manos del Estado. A pesar de que el caso de Victor Manuel llegó hasta la ONU, Hortensia murió sin conocer el paradero de su hijo.

Según cifras oficiales, en México hay casi 99 mil personas desaparecidas. Esta escalofriante cifra no sólo se explica por el nulo interés de las autoridades, sino también por la complicidad de las mismas. La colusión entre el Estado y el crimen organizado ya no es noticia, lo demostró el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa y los casos de redes de trata de mujeres, en los que el pacto empresarios-políticos sale de relieve.

La organización independiente de las madres que buscan a sus desaparecidos nos aporta bastantes lecciones de lo que tenemos qué hacer frente al horror que día a día se enfrenta en México.

La organización independiente tiene que llevar a las comisiones de investigación integradas por familiares, especialistas y organizaciones de DDH, sumado a la más amplia movilización en las calles para exigir todos los recursos financieros y logísticos necesarios al Estado para investigar las desapariciones y dar con los responsables, como ejemplo el GIEI en el cayo Ayotzinapa o las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina.




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