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Los tiroteos masivos de extrema derecha son un producto del imperialismo

Docenas murieron en El Paso, Dayton y en Gilroy. La causa principal de violencia no son las enfermedades mentales. Esta se debe a la agresividad y al terrorismo supremacista blanco, mismo que es promovido activamente por el presidente Donald Trump.

Miércoles 7 de agosto | 17:20

El sábado 3 de agosto, Patrick Crusius, de 21 años, quien es seguidor de Trump y supremacista blanco, manejó 10 horas hasta la ciudad fronteriza de El Paso, de la cual el 80 % de la población es latina. Disparó y asesinó a 20 personas en un abarrotado Walmart en el que varias familias realizaban sus compras de regreso a clases. Unos 19 minutos antes había aparecido en la red una presunta carta del tirador que describe la “Invasión hispana de Texas”. Hablaba sobre “invasores con altos índices de natalidad” y de “la amenaza del conjunto hispánico que vota”, asimismo, describe que matar personas latinas es un “acto de autoconservación”.

Apenas unas horas más tarde, Connor Betts de 24 años asesinó a 9 personas en Dayton, Ohio. Sólo una semana antes, el 28 de julio, se había registrado un tiroteo masivo en el Festival del Ajo en Gilroy, California. En esa ocasión, Santino William Legan de 19 años asesinó a tres personas.

Tres tiroteos masivos en una semana

La causa principal no son las enfermedades mentales. Tampoco es el acceso a armas de fuego. Ni es culpa de los videojuegos o del fake news media, como quiere hacer parecer Trump. Esto es un asunto de terrorismo supremacista blanco.

Es responsabilidad de un presidente que promueve, con sus palabras y actos, la supremacía blanca cada día. Es por supremacistas blancos como Patrick Crusius, que obtuvo su mayoría de edad en la era Trump y cuyas palabras son una copia -casi textual- de los pronunciamientos de Donald Trump pues usan términos como la “invasión” de migrantes.

Toda esta sangre está en las manos de Donald Trump. Desde el inicio de su campaña presidencial de 2016, Trump ha estado lanzando los más viles discursos de odio desde su cuenta de Twitter y en sus eventos. Cuanto más se acercan las elecciones su incitación racista va en aumento. Sus eventos de campaña son mítines de animación para nacionalistas blancos.

“¡Envíala de vuelta! cantaban sus seguidores en un evento reciente, haciendo eco de la diatriba llena de odio de Trump contra las cuatro nuevas mujeres de color en el Congreso a las que se les ha apodado “el escuadrón”. El mandatario había tuiteado: “Por qué no van y ayudan a arreglar esos lugares desamparados e infestados de crimen de donde vienen”.

De hecho, Trump ha estado planteando que hay una invasión de criminales de piel oscura desde el inicio de su campaña en 2015.

En un evento en mayo, Trump dijo: “Cuando tienes 15,000 personas marchando, tienes a cientos y cientos de inmigrantes, y tienes dos o tres estupendos y valientes policías fronterizos -no olvidemos que no los dejamos usar armas… pero, ¿cómo pueden detener a esa gente?” Como respuesta alguien en la audiencia gritó: “¡Disparenles!” Trump rió y contestó: “Sólo en Texas se puede afirmar algo así”.

Aunque Trump ha intentado distanciarse de estos hechos violentos, la sangre derramada es una consecuencia directa de su comportamiento. No sólo ha negado anteriormente que la violencia supremacista blanca es una amenaza en los Estados Unidos. Ha hecho llamados, si bien vagos, sobre métodos extrajudiciales para deshacerse de los migrantes. Ha dicho: “No podemos permitir que toda esa gente invada nuestro país. Cuando alguien llega debemos, inmediatamente, sin jueces ni casos penales, regresarlos de donde vengan.” El periódico The Atlantic reportó:

“En las horas que siguieron a los tiroteos, Trump se limitó a tuitear, mandando una serie de breves mensajes de condolencias. “Dios bendiga a la gente de El Paso, Texas. Dios bendiga a la gente de Dayton, Ohio” dijo esta mañana. Tras esto, publicó un tuit sobre el trabajo conjunto del FBI y la fuerza judicial local.

Sin embargo, el día de ayer hubo un mensaje algo fuera de lugar que Trump, por alguna razón, pensó no podía esperar. Minutos después de haber escrito sobre las “numerosas muertes” en El Paso, tuiteó acerca de una pelea de un campeonato de lucha que se celebraría esa noche en el que estaría su seguidor Colby Covington. “Pelea con todo esta noche, Colby. ¡Eres un verdadero campeón!”, escribió Trump, mientras El Paso atendía a los heridos y hacía la labor de rescate de cuerpos.

Trump ni siquiera ha reconocido que estos fueron ataques terroristas hechos por supremacistas blancos. Para él, los enemigos son la gente con piel oscura. Ha lanzado más mensajes de odio hacia la caravana migrante que hacia los terroristas que en la semana pasada han asesinado docenas de personas.

Y, aunque las instituciones estadounidenses usan la palabra “terrorismo” casi exclusivamente para referirse a atentados perpetrados por gente de piel morena, sobre todo musulmanes, estas acciones de los supremacistas blancos no pueden ser descritas de otra manera. Es terrorismo y el principal instigador está en la Casa Blanca. Una y otra vez hemos visto cómo los tiroteos masivos son realizados por hombre blancos supremacistas que, muchas veces, aunque no siempre, atacan comunidades racializadas.

Por su parte, los republicanos que han apoyado al presidente a su discurso de odio y que han hecho comentarios de odio a su vez ahora dicen estar en shock. Algunos incluso han empezado repentinamente a pronunciarse en contra de la supremacía blanca.

Estos mensajes están llenos de cinismo. Todos sabíamos a dónde se dirigía el odio de Trump; todos sabemos que es el combustible del terrorismo blanco y nacionalista.

No obstante, los tiroteos masivos y el blanco-nacionalismo no comenzaron con Trump. Simplemente se envalentonaron con su administración.

No debemos desvincular estos tiroteos masivos de un tipo particular de violencia, entendida como la agresividad que despliega Trump para dominar y subordinar a los mexicanos, a los latinos en general, a las mujeres, de ser "bully" del mundo, y supremacista que ha sido cultivada en este país.

Un tipo de violencia masculina que proviene de un país que lanza, en promedio, una bomba cada 12 minutos alrededor del mundo sobre personas de piel que no es blanca. Viene de un país de fronteras, construido tanto por demócratas como republicanos para mantener a “esa gente” afuera, al mismo tiempo que participan en derrocamientos sangrientos de gobiernos elegidos democráticamente.

Tampoco podemos desvincular los tiroteos masivos de la violencia patriarcal: no es coincidencia que el tirador sea un hombre blanco, muchos de ellos con historias de violencia contra las mujeres. Como lo ejemplifica el caso del tirador de Dayton, quien llevó una "lista de violaciones" a la escuela, amenazó de muerte a mujeres y su hermana fue una de las víctimas. Aunque el sistema aliena y margina a las mujeres y a las personas trans, estos tiroteos no son perpetrados por grupos marginados. Están vinculados al patriarcado y a la violencia sexista tolerada por la sociedad, especialmente fomentados por Donald Trump.

Este tipo de discurso blanco y supremacista -el tipo que forja tiroteos masivos- es sólo el último eslabón en una larga cadena de violaciones estructurales en contra de personas de color: prisiones, brutalidad policial, imperialismo y colonialismo. Estos tiroteos masivos en los Estados Unidos son una extensión de la política norteamericana en América Latina y alrededor del mundo no es una aberración que se límite a la administración de Trump. Así es como se fundó Estados Unidos de América y es lo que “América” ha seguido haciendo.

Tuits: Steve Cohen
¿Quieres disparar un arma de fuego? ve a Afganistán o Irak. ¡Enlístate!
El republicano Steve Cohen pretende que el asesinato en masa se limite al otro lado de las fronteras de los E. U.A. Fuente: Twitter (mensaje eliminado).

Pete Buttigieg
No porté un arma de fuego en un país extranjero para venir a casa y ver que las armas se usan para masacrar a mis compatriotas.
Demócrata Pete Buttigieg, también a favor del asesinato en masa -siempre y cuando sea en otro lugar.

La violencia tanto económica como directamente física es el método más usado por las economías capitalistas. En el caso de la relación de explotación económica entre Estados Unidos y países latinoamericanos, el sistema capitalista requiere fronteras nacionales fortalecidas para así prevenir verdadera solidaridad internacional entre los trabajadores. Lo anterior se consigue fomentando la xenofobia, al decir que el movimiento de migrantes es “peligroso” y que representa “una invasión”. A su vez, esto hace crecer el apoyo a acciones violentas contra migrantes que intentan escapar de la miseria económica que trajo consigo el imperialismo.

Por todo esto, las soluciones que hablan de incrementar el control en la frontera y las medidas de seguridad no son soluciones en realidad. Esta ha sido la línea discursiva de todo un sector de demócratas, incluyendo a Bernie Sanders, quien dijo que se necesitaba invertir más “recursos en medidas de seguridad para combatir la creciente población de nacionalistas blancos”. Este tipo de propuesta busca armar a un Estado que ya sanciona el terror de la supremacía blanca. La fuerza policial es un bastión para la supremacía blanca mucho más atroz que los tiroteos masivos, ya que asesina a personas racializadas impunemente.

Y todos estos oficiales reforzando el cumplimiento de la ley en la frontera son supremacistas blancos. Si cupiera alguna duda de esto bastaría mirar el grupo de Facebook, expuesto recientemente, en el que agentes de la patrulla fronteriza, retirados y en servicio publican ruines mensajes. En un video en que se observa a un migrante cargando a su hijo en una bolsa de plástico a través del peligroso Río, una jefa de la patrulla fronteriza comenta: “Al menos ya lo tiene en una bolsa de basura”. La oficial y todos aquellos que publicaron mezquinos mensajes de odio siguen en ese trabajo.

Y hemos visto la delicadeza con la que los policías tratan a los terroristas y supremacistas blancos durante el arresto: sin ningún incidente, sin disparos, sin sangre, sin huesos rotos. No se puede decir lo mismo en el arresto de un afroamericano que simplemente camina por la calle. Una y otra vez la policía declara que no sabe cómo escalaron algunas situaciones, pero sí saben cómo manejarlas cuando están arrestando a hombres blancos de extrema derecha.

“El cumplimiento de la ley” es una gran parte del problema. No necesitamos más de esto, y eso es también la razón por la que soluciones que se enfocan en el control de armas de fuego no son verdaderas soluciones. ¿Cómo se puede pensar que la solución a la violencia de los supremacistas blancos es centralizar las armas de fuego en las manos de los supremacistas blancos del estado?

Tanto el partido demócrata como el republicano quieren una policía y un ejército con más armas, ambas instituciones que son necesarias para mantener el capitalismo por medio de la dominación de la clase trabajadora de los Estados Unidos y el mundo. Aunque los demócratas generalmente no utilicen el discurso incendiario y racista que Donald Trump acostumbra, sí administran el mismo sistema racista.

Los problemas del neo-fascismo y el crecimiento de la supremacía blanca y el terrorismo sólo se pueden resolver por medio de la acción colectiva de la clase trabajadora, en el lugar de trabajo o de estudio. La responsabilidad recae en Donald Trump y la derecha, así como en el colonialismo, el imperialismo, el sistema penitenciario y la policía -todas instituciones que debemos destruir organizados.

Traducción: Yazmín Peña

Esta nota se publicó originalmente en Left Voice, la edición estadounidense de la red internacional de la Izquierda Diario.






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