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Red Internacional

Gira por Centroamérica del presidente de México. López Obrador lleva “desarrollo”, planes sociales y represión contra migrantes

Se entrevistará con presidentes de cinco países de la región para discutir medidas contra la migración.

Por segunda vez en su gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) viajó a Guatemala para iniciar su gira por Centroamérica y el Caribe, a pocos días de la llamada con su homólogo en Estados Unidos, Joe Biden.

Uno de los objetivos de la gira es el encuentro con los presidentes de Guatemala, Alejandro Giammattei Falla, de El Salvador, Nayib Bukele, de Honduras, Xiomara Castro, de Belice, John Briceño, y de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez para avanzar en la implementación del Plan de Desarrollo Integral El Salvador-Guatemala-Honduras-México, anunciado desde 2018, evaluar el impacto de programas sociales aplicados en dichos países, promover la integración y cooperación económica e impulsar la modernización de la infraestructura de la frontera sur de México con Guatemala.

Por otro lado, otro de los objetivos de la gira, sin duda el más importante, es garantizar la principal preocupación de la Casa Blanca, que se ha instalado como objetivo prioritario de la región: el control de flujos migratorios y el ingreso de migrantes hacia territorio estadounidense.

El rol de México como país “tapón” que contenga el avance de migrantes desde Centroamérica es fundamental para garantizar la agenda imperialista, y el gobierno mexicano actúa como correa de transmisión de los intereses de Washington.

Por eso, AMLO ha desplegado una política que combina la propuesta de desarrollo en clave neodesarrollista, a partir de una mayor inversión pública en empleo y fomentos para el campo -incluso aportó 15 millones de pesos a dichos gobiernos-, y una política de tolerancia cero con la población migrante, reprimiendo y desarticulando toda caravana que atraviesa la frontera y violentando derechos humanos a diestra y siniestra.

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Planes sociales, la panacea frente a la violencia y la pobreza

Según las declaraciones de la presidencia, la aplicación de programas como Sembrando Vida en la región permitiría dar empleo a 240 mil campesinos y retener a 90 mil personas en sus países. En el caso mexicano, los aproximadamente 430 mil beneficiarios -que por trabajar bajo esta figura no tienen reconocimiento de su relación laboral con el gobierno y, por lo tanto, tampoco derechos laborales-, tienen que enfrentar falta de insumos y herramientas. Además, son sometidos a jornadas extenuantes “esclavizados en su propia tierra”, como han declarado campesinos.

Además, como ocurre con otros programas sociales bajo el gobierno de la cuarta transformación, suele condicionarse el apoyo y la entrega de recursos a actividades proselitistas, por ejemplo, presionando a campesinos para pronunciarse a favor del controvertido megaproyecto del Tren Maya, según han denunciado sus beneficiarios, Este actuar no puede descartarse en otros casos, y la precarización será, indudablemente, un elemento común más allá de las fronteras.

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En el caso de Guatemala, ya existen acuerdos para implementar conjuntamente los programas de Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, este último ha sido denunciado por priorizar las ganancias de las empresas que se benefician del trabajo mal pagado y precario de los “becarios”. En El Salvador, donde el programa Sembrando Vida comenzó a aplicarse desde mediados del 2019, son beneficiarios casi 11 mil campesinos, la mitad de la población objetivo.

A pesar de que para la población beneficiaria estos planes pueden representar la diferencia entre un ingreso y la miseria, son completamente insuficientes para transformar una realidad estructural construida por siglos de expoliación y saqueo. En realidad, son políticas que representan migajas mientras buscan fortalecer la popularidad del gobierno, mientras se preservan las ganancias y privilegios de las grandes empresas capitalistas.

Además, la política represiva desplegada por el gobierno de AMLO, el ejército y la Guardia Nacional (nueva corporación policíaca que tiene como una de sus principales tareas preservar la gobernabilidad en las zonas fronterizas y en donde se impulsan megaproyectos), ha derivado en decenas de casos de homicidios dolosos y desapariciones forzadas, además de un sin fin de denuncias por violación a derechos humanos de personas migrantes, campesinos y pueblos originarios.

Esto en el marco de la continuidad en la política de militarización del país que ha garantizado el gobierno de AMLO, implementada desde los sexenios del PRI y PAN -partidos de la hoy oposición conservadora-, para dar gusto a otra de las preocupaciones de seguridad nacional de EEUU, el crimen organizado y el combate al narcotráfico. Esto ha dejado cientos de miles de asesinados, desplazados y desaparecidos, incrementó el feminicidio, fortaleció las redes de trata y profundizó la descomposición social.

AMLO en el gran tablero de la política internacional

AMLO se ha distanciado de Washington en varias oportunidades, por ejemplo, con su negativa a votar a favor de las sanciones a Rusia por la invasión a Ucrania en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), medida empujada por EEUU y otros países imperialistas. O en sus declaraciones sobre Cuba, reivindicando la resistencia cubana desde la revolución del 59 y exigiendo a Biden el fin del bloqueo a la isla, y la propia visita a aquella es un gesto que llega en un momento de debilidad del gobierno y una fuerte línea represiva contra la disidencia crítica en la isla.

Incluso antes de iniciar la gira, AMLO instó a EEUU a agilizar la ayuda para Centroamérica, criticando que se hayan aprobado con mayor celeridad los fondos para ayudar a Ucrania en el combate a la invasión rusa.

Aun así, la realidad es que el gobierno de AMLO ha mantenido lo fundamental de la subordinación política y económica al imperialismo yanqui, como expresa el TMEC, la versión renovada del Tratado de Libre Comercio (TLC) que ha permitido que México profundice su rol de plataforma maquiladora en una de las cadenas de valor más importantes del mundo.

Jen Psaki, vocera de la Casa Blanca, calificó la llamada entre AMLO y Biden de fines de la semana pasada como “muy constructiva”, particularmente en torno a temas como el control de flujos migratorios en ambos países, las duras medidas antimigratorias durante la pandemia y los temas a abordar en la Cumbre de las Américas. Es decir, básicamente reconoció la disposición al diálogo y la cooperación por parte de su patio trasero.

Por eso es fundamental que, de la mano del cuestionamiento a los planes de los distintos gobiernos, que garantizan, a su manera, los intereses de los capitalistas nacionales y extranjeros en la región, también se repudie la subordinación al imperialismo que mantienen todos, incluido López Obrador, de la mano de levantar una perspectiva antiimperialista que luche por acabar con la injerencia de EEUU en América Latina, termine con el despojo y la expoliación, y rompa con las instituciones y políticas que implementan, con bota militar, la agenda imperialista en la región.

Solo la acción organizada combativa e independiente de la clase trabajadora del campo y la ciudad y los sectores populares, en una verdadera colaboración internacionalista del proletariado multiétnico de América Latina y EEUU, podrá romper lazos con los capitalistas, sus gobiernos y acabar con el yugo imperialista.


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