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Red Internacional

JUVENTUD REVOLUCIONARIA. Lo revolucionario de la camaradería: crítica y ternura

El individualismo, cargado de egoísmo y falta de ternura, azota esta época neoliberal con más fuerza que nunca. Las personas nos encontramos atadas a una concepción romántica arcaica que es universal, que atraviesa la sociedad en todas sus clases sociales, pero que adopta un carácter demoledor en la clase trabajadora.

Miércoles 29 de junio | Edición del día
Foto: @Contrac_Mad

El amor y los afectos son, sin duda alguna, el paliativo de todo ser social, la fuente de serotonina y dopamina más potente, que llega a confundir a la razón y al más sensato de los seres. Ante una vida precaria, con una perspectiva desoladora de futuro, la búsqueda de la felicidad se vuelve una necesidad, una salida inevitable que transforma lo más preciado en un monigote de lo que podríamos aspirar a que fuera.

La soledad, en esta vida que nos ofrece el sistema capitalista devorador de tiempo y de ocio, es el detonante de esta búsqueda insana por un amor que haga que lo olvides todo, que sea el centro de tu vida y que arregle todo lo que está mal. Como si el amor fuera a arreglar tu trabajo precario para poder pagarte una habitación decadente o como si esas horas de trabajo te ofrecieran el tiempo para amar con profundidad en todas sus posibles variantes.

Con esta errónea concepción, convertimos nuestras relaciones en consumo, en fuentes de dicha propia, a la que nadie más puede aspirar, porque sería retirarte a ti misma la única posibilidad de ser feliz que parece brindarte la sociedad capitalista, posicionando al amor, a la amistad y a todo tipo de relaciones en un desierto en el que la ternura, el máximo entendimiento y la solidaridad quedan relegados a un segundo plano, absorbidos por la propiedad, el individualismo y el egoísmo.

Las revolucionarias, sin embargo, tenemos la responsabilidad de tornar el monigote en el que esta sociedad ha convertido las relaciones interpersonales, porque aspiramos a un cambio radical del orden social que no se conforme con conquistas parciales que nos concedan los agentes del capital. Es nuestra responsabilidad encontrar las formas más sinceras de tener cerca a las personas, cerca y no aprisionadas, es nuestra responsabilidad encontrar nuevas y mejores formas de relacionarnos, y es aquí, en esta búsqueda donde surge la camaradería.

Entre las compañeras militantes, que tanto tiempo pasamos juntas pensando un camino y luchando con la estrategia común y revolucionaria de superar el capitalismo, nacen irremediablemente relaciones de todo tipo con una diferencia clave, que es que ponemos en práctica y cuestionamos las relaciones a las que aspiramos. Las camaradas somos profundamente críticas entre nosotras, porque no creemos que el silencio y el resquemor sean fuente de superación, porque creemos que señalando las fallas (y las virtudes) del individuo podemos superarnos de forma colectiva, pero eso no es algo fácil de asimilar.

Estamos acostumbradas a que la crítica nos genere rechazo, a que nos aplaudan los errores y nos compadezcan sin aprendizaje. Salimos corriendo de las críticas porque no nos han enseñado ni a hacerlas con fundamento y con un fin ni a aceptarlas o debatirlas para mejorar el curso de las cosas, sin embargo, militando aprendes a encajarlas, a hacerlas y el por qué son necesarias.
La crítica es un acto de respeto hacia tu camarada que puede errar, y un acto contra el individualismo, que posiciona el pensamiento autónomo como única vía para ejercer.

Las camaradas, críticas consigo mismas, encontramos en esas apreciaciones contradicciones naturales, fruto de haber nacido y crecido en una sociedad que nos enseña la idea de propiedad. Es también nuestra responsabilidad luchar contra lo que hemos asimilado de esta sociedad, contra cómo están forjadas nuestras formas de sentir, encontrándonos con todo tipo de sentimientos, que, empapados de la lógica burguesa individualista nos generan desazón con la que lidiar, pero que es una tarea más sencilla cuando todas ponemos de nuestra parte para entendernos y buscamos la mejor manera de afrontar el sufrimiento, así como acabar colectivamente con la sociedad de clases.

Luchamos contra lo aprendido y contra lo que no tiene ningún sentido, sin perder la ternura, pero valientes y fuertes. Las camaradas generamos un entorno de relaciones críticas y conscientes, de ternura y respeto en una sociedad que todavía dista mucho de ejercer así, en una sociedad que no entiende que el amor pueda tener muchas direcciones y muchas formas diferentes, en una sociedad que no comprende que la familia no es indiscutible, que las amistades pueden fluctuar y que los amores no son propiedades, si no fuentes de confianza y ternura que pueden ser la fuente de confianza y ternura de otras personas sin que sea una amenaza, porque todas luchamos por la estrategia óptima de construcción común de una nueva sociedad sin clases y sin prejuicios patriarcales y frutos de la necesidad hereditaria.

Somos conscientes de las dificultades, pero apostamos por relacionarnos de forma sincera, crítica, libre y afectuosa, porque no podemos conformarnos con perpetuar las cadenas que nos han impuesto, porque incidiendo en las conciencias, dejando atrás prejuicios y educándonos en contra del individualismo, uniéndonos contra lo que nos oprime, la clase trabajadora, que es la única con potencial transformador, podrá desprenderse de todo un entramado de imposiciones sexuales, de género, clase y etnia, que no nos permiten ser felices, disfrutar de la ternura y crecer.

Aspiramos, porque no queremos ser egoístas, a que todas podamos sentir y practicar la camaradería, a que no tengamos que luchar contra sentimientos desagradables porque nos eduquemos con una concepción franca y desinteresada que no los genere.

Aspiramos a que las nuevas y amables relaciones que ejercemos y que vemos posibles se amplíen tanto que dejen de ser aisladas, y a que construyamos desde cero un sistema mejor, con relaciones más profundas y con tiempo para disfrutarlas, y con una estrategia clara, la del marxismo revolucionario, donde no dejemos de lado las nuevas formas que surgen de liberarse de las imposiciones burguesas de propiedad e individualismo, que genere cuadros con una empatía y capacidad de autocrítica más poderosa y transformadora que la voracidad codiciosa que nos han obligado a ser, y ante la que no nos queremos doblegar.

¡Abrid paso a una juventud vigorosa que ame la vida con todas sus alegrías, una juventud libre en sus sentimientos y en sus afectos!




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