Mundo Obrero México

PRECARIZACIÓN LABORAL

Llamadas a deshoras, mayor control y carga laborar: la vida con el teletrabajo

Aunque las patronales han presentado al teletrabajo como una forma de conservar los empleos en medio de la pandemia, para millones ha significado el aumento en la precarización laboral.

Joss Espinosa

@Joss_font

Martes 25 de agosto

Desde que inició la pandemia, parte de las patronales del sector administrativo y de servicios, así como todo el sector educativo, adoptaron la modalidad de trabajo desde casa, nombrado comúnmente home Office o Teletrabajo. Las imágenes que rondan en internet, de lugares muy espaciosos, con oficinas en casa, equipos adecuados y personas “felices” están muy lejos de la realidad de millones de trabajadores.

Aunque muchas empresas lo anunciaron como una medida para continuar con empleos, este ha sido un pretexto para aumentar la carga laboral y la precarización laboral.

Este modelo fue adoptado sin ningún tipo de regulación, por tanto las jornadas laborales antes marcadas, básicamente desaparecieron.

La mayoría de las y los trabajadores bajo esta modalidad denuncian que su jornada se extendió, sin el pago de horas extras. Algunas y algunos están sujetos a la hora que los contacten sea via telefónica o por mail, teniendo que realizar labores fuera de los horarios de trabajo.

Algunos incluso, tuvieron que acceder a instalar aplicaciones en sus teléfonos o computadoras, desde las cuales el patrón o los supervisores pueden vigilar y controlar que es lo que hace el empleado, algo completamente violatorio de la privacidad de trabajadores y trabajadoras.

A esto se suma, que al pasar más tiempo en casa, las tarifas de luz y otros servicios aumentan. Además las patronales no se hacen responsables de los costos técnicos que implica realizar trabajo desde casa, como los antes mencionados, o el pago del internet, la compra de aparatos electrónicos adecuados para el trabajo.

Muchas y muchos no cuentan siquiera con un lugar adecuado para el trabajo; tener una silla especial, un escritorio o un estudio, son básicamente lujos, si contemplamos el hacinamiento en el que vive gran parte de la población.

Todo esto ni siquiera ha implicado un aumento salarial, para cubrir los gastos antes descritos o lo equivalente al aumento de trabajo y de jornadas laborales. Incluso en algunos casos han tenido que aceptar recorte salarial para no ser despedidos.

Ni que decir para aquellas madres, que al estar los hijes con el programa de las clases en línea y aprende en casa II, recién aplicado hoy, tienen que combinar las horas laborales con el cuidado de hijes o incluso de enfermos, así como el resto del trabajo del hogar, algo de lo que no están exentos los varones, pero que recae mayoritariamente en las mujeres.

Todo esto genera, altos niveles de estrés, ansiedad y represión, cosa completamente invisibilizada por las patronales que hablan de “los grandes frutos” del teletrabajo. Y es que, en una situación como esta, seguimos siendo las y los trabajadores quienes seguimos pagando los estragos de la crisis, modificando nuestros ritmos de vida, mientras las patronales siempre buscan la forma de que sus ganancias no se vean mermadas.

Algunas cifras que reflejan la realidad

Hay estudios, que reflejan que México lleva la delantera en la implementación de Teletrabajo con un 34 %. Aunque el 70 % de las empresas no lo consideraba como una opción antes de la pandemia, esto fue modificado en plena crisis sanitaria, pues de no ser así muchas empresas hubieran abandonado sus funciones.

Un 56 % piensa que es positivo no gastar tiempo y dinero en transportarse. Por otro lado un 60 % indica que el ambiente de la oficina propicia mayor atención a los asuntos laborales, mientras el 23 % se considera aislado y extraña a sus compañeres.

En tanto a las condiciones laborales un 33 % aseguran que trabajan más horas y 16 % vive una “conexión permanente” al trabajo y el 12 % no cuenta con lo necesario para realizar las labores de forma saludable.

Aunque estas parecieran ser solo cifras, son encarnadas por millones de trabajadores, que han visto un aumento en la precarización a través del teletrabajo, mientras las patronales siguen aumentando sus ganancias.

Es urgente que las patronales se hagan responsables de lo que implica el teletrabajo, aumentar el salario para que las y los trabajadores puedan pagar los servicios que se necesitan para realizarlo, dotarlos del equipo de cómputo necesario, y exigir una regulación real para el teletrabajo. Por otro lado, aunque esta modalidad se impone hoy como una necesidad, no puede ser la norma saliendo de la pandemia, implicaría la ruptura de relaciones sociales muy profundas y el aislamiento de miles.

Esto último le sienta bien a las patronales, pues en muchas ocasiones, lograr la fragmentación y el aislamiento de las y los trabajadores, es una medida preventiva para que estos miren en el otro su realidad y se organicen para luchar por mejores derechos y condiciones de vida.

Queda claro, que aunque el teletrabajo es presentado como un éxito, y como una salida ante la pandemia, aunque tenga algunos “beneficios” para las y los trabajadores, como no tener que transportarse, el verdadero beneficio se lo llevan los patrones.






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