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Red Internacional

Elba Esther Gordillo, una de las figuras claves del corporativismo sindical en México durante el neoliberalismo, conversó sobre distintos temas de la política nacional con los presentadores del programa La Silla Roja.

Lautaro AdrianoTrabajador de la educación pública e integrante de la agrupación magisterial y normalista Nuestra Clase

Miércoles 13 de julio | 23:51

En el programa, Gordillo refirió que su decisión de no apoyar la reforma educativa del ex presidente Enrique Peña Nieto fue causa para que la detuvieran en febrero del 2013: “No tenía más que dos [opciones]: traicionaba a mi gremio o aceptaba las decisiones de un presidente. No las acepté y ahí estuvieron los resultados”, dijo.

No obstante, su supuesta “oposición” a la reforma sólo tuvo que ver con que el ingreso y la permanencia en el servicio docente dependería ahora de la evaluación, lo cual le restaba control en el manejo de plazas a los líderes sindicales que se beneficiaban con ellas, comandados por Elba Esther.

Esto no tuvo nada que ver con la defensa de la educación y los trabajadores, como ahora nos quiere hacer creer para limpiar su imagen de corrupta.

Respecto al tema educativo, la ex lidereza dijo que “nunca ha sido prioridad la educación para nuestro país y eso hay que ponerlo en la mesa del debate”. Tales declaraciones resultan cínicas, pues ella es corresponsable de haber permitido que avanzaran los planes neoliberales contra la educación pública que se mantienen hasta ahora.

Mientras estuvo en la dirigencia nacional del SNTE permitió el abandono de las escuelas normales, la disminución del presupuesto educativo y el avance de la privatización de la educación, así como la precarización laboral de los trabajadores de la educación, expresada en la mal llamada ’reforma educativa’, una reforma laboral encubierta en contra del magisterio y la educacion pública.

En referencia al gobierno actual, mencionó: “no me gusta lo acontecido con el CIDE; no me gusta el desprecio y el trato con las universidades; no me gusta ver que los maestros no son tomados en cuenta”.

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Además, dijo que “se está cometiendo un grave error con la escuela de tiempo completo, que la cambien por La Escuela es Nuestra. Es lo mismo, nada más que hay una falla en la que no estoy de acuerdo y es no dar a los niños la alimentación y priorizar la infraestructura”.

La realidad es que el proyecto de escuelas con horario extendido, que recibirán recursos del programa La Escuela es Nuestra, no sólo deja de lado la alimentación de las y los alumnos sino que tampoco representa mejoras sustanciales en la infraestructura escolar pero sí un avance brutal en la precarización de la labor docente, al dejar en manos de las madres y los padres de familia la responsabilidad de pagar a las y los maestros las horas adicionales de la jornada escolar con recursos del programa.

El oscuro pasado de Elba Esther

Durante los largos 24 años que Gordillo estuvo al frente del sindicato más grande de América Latina, y podríamos decir que en parte gracias a ella, la educación sufrió una fuerte regresión.
Por ejemplo, a ella le debemos la eliminación de las plazas automáticas para los normalistas en 1999, pues como líder sindical burocrática contuvo el descontento de la base magisterial que en esos años se opuso a esta medida.

También firmó la Alianza por la Calidad de la Educación en 2008 con el ex presidente Felipe Calderón, con lo cual se impuso la Evaluación Universal a los maestros, que empujaba la docencia a la formación de mano de obra barata para las empresas maquiladoras extranjeras.

Como antecedente del Servicio Profesional Docente y del actual Sistema Integral para la Carrera de Maestras y Maestros, la Evaluación Universal abrió las puertas para la imposición de un régimen laboral de excepción para las maestras y maestros, que condiciona el ingreso, la promoción y los incentivos a evaluaciones estandarizadas que nada tienen que ver con la realidad educativa.

Por otro lado, Elba Esther usó su posición de dirigente sindical para enriquecer sus bolsillos y los de sus familiares, como denunciamos aquí. Con la descentralización educativa firmada en 1992, la burocracia sindical dirigida por ella pudo ejercer un mayor dominio sobre las plazas, para así poder venderlas y otorgarlas a familiares y amigos. Por otro lado, esto le permitía sujetar a los maestros disidentes, al tener el poder para retener su nómina.

Tal vez por olfato político, en el contexto preelectoral de nuestro país, Elba Esther reaparece en televisión pública. Como buena “charra” sindical, se está intentando posicionar al mejor postor, ahora que el PRI, partido en el que militó siempre hasta que la mandó a la cárcel en el 2013, puede perder el Estado de México, su bastión histórico.

Desde las elecciones del 2018, la maestra optó por apoyar al presidente Andrés Manuel López Obrador a través de las cúpulas locales que aún maneja, así como con su estructura propia que forjó durante más de 30 años y que, aunque está fuera de la dirección del SNTE, le sirve como coto de poder político. De hecho, esta estructura movilizó votos a favor de Morena bajo los nombres de las organizaciones Redes Sociales
Progresistas y Maestros por México, como denunciamos aquí.

Frente a la disputa interna de Morena por la próxima candidatura presidencial, Elba Esther alza la mano a las corcholatas políticas del partido del presidente para avisar que no pueden prescindir de ella.

Ante el peligro que representa el posible retorno de Gordillo, que se encuentra en campaña por recuperar la dirigencia del SNTE, frente a la camarilla burocrática comandada por Alfonso Cepeda, la tarea del momento es cerrarle el paso, y no hay mejor forma de hacerlo que luchando por la verdadera democratización de nuestro sindicato.

Para ello, desde la agrupación magisterial Nuestra Clase consideramos que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) debe apostarse a impulsar un gran movimiento magisterial en todo el país, independiente tanto del gobierno como de todos los partidos de derecha, desarrollando la movilización en las calles junto a las madres y los padres de familia y otros sectores de trabajadores.

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