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Red Internacional

Opinión.Las aspiraciones democráticas y la consulta de juicio a los expresidentes

Apuntes para un debate con la política de la izquierda y el EZLN ante la consulta del 1 de agosto impulsada por el gobierno de AMLO.

Miércoles 21 de julio | 01:33

El hartazgo de las mayorías contra los partidos que impusieron el neoliberalismo durante las últimas décadas ‒cuya consecuencia fue la profundización de la desigualdad social y la miseria‒ fue lo que permitió a Andrés Manuel López Obrador triunfar en las elecciones del 2018.

La promesa de AMLO de castigar a “la mafia del poder” y enjuiciar a los expresidentes alentó las expectativas de la aplicación de justicia sobre los anteriores gobernantes.

Es incuestionable que el gobierno de la 4T construyó su hegemonía política sobre la base de la descomposición de los históricos partidos patronales y la crisis profunda que atraviesan como elemento clave para su recomposición.

Esto es así, porque los partidos como el PRI el PAN ‒y el PRD, la “pata izquierda” de régimen‒ desarrollaron transformaciones que, al profundizar los planes neoliberales contra las masas en los últimos 20 años, los debilitaron al grado de ir desvaneciendo las diferencias ideológicas y programáticas que les daban identidad a cada una de estas organizaciones que representaban a distintos sectores de la clase de la clase dominante.

La maniobra de la consulta del 1 de agosto: la ilusión de la democracia participativa

Entre los cambios que esperaba la población del gobierno de AMLO están el castigo a los culpables de las masacres de luchadores sociales, y la desaparición de estudiantes; de la entrega de los recursos naturales al capital extranjero; de la complicidad de autoridades en los crecientes feminicidios en el país; su complicidad con los grupos del narco; la militarización del país, y la aprobación de reformas estructurales que subordinan más a México a los Estados Unidos.

Sin embargo, a tres años del triunfo de AMLO, el gobierno ha solapado los privilegios que gozan los expresidentes.

Es evidente que hubo un impacto en las alturas donde, a cambio de que los expresidentes ‒que tiene mucha trascendencia política sobre grupos de poder en México, sobre todo los del PRI‒ no crearan ingobernabilidad en la 4T, AMLO, no pensaba meter a la cárcel ni a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto.

Y es que, por encima de la justicia para los de abajo, está la estabilidad que requiere la clase dominante para llevar adelante sus planes.

Fue la desilusión mostrada por sectores de la población que votaron por el Morena; el fuerte ataque del bloque opositor patronal PRI-PAN-PRD, que aunque, débiles aún, hace presión sobre la 4T, y los roces internos en el Morena por la carrera presidencial del 2024, lo que obligó al presidente utilizar la carta de la consulta.

Con la maniobra política de la consulta, AMLO busca varios objetivos. El primero es hacer mucha propaganda enfatizando sobre el carácter corrupto y autoritario de los gobiernos anteriores, para mostrar que entre la 4-T y ellos hay una gran diferencia. El otro es, a partir de polarizar más el ambiente político a su favor, fortalecer su base social y extenderla, pensando en el referéndum de mandato del próximo año. Busca llegar con una importante legitimidad para que el Morena mantenga la presidencia en las elecciones del 2024.

Así, ante las justas aspiraciones de justicia de las masas que ven cómo los de arriba se solapan entre ellos sus corruptelas, es entendible que gran parte de la población vea correcta la consulta del 1 de agosto.

De esta manera, la 4T vende la idea de que gobierna para el pueblo, y que es el pueblo el que decide sobre temas cruciales. Pero esta “democracia participativa” no incluye la decisión del pueblo sobre los grandes problemas estructurales que atraviesa la población trabajadora y las masas populares.

Por ejemplo, no le permite votar sobre si hay que aplicar o no los recortes presupuestales y los grandes despidos que éstos han provocado. Tampoco, decidir sobre los salarios de las y los trabajadores; así como cuánto es lo que deben percibir los funcionarios del gobierno de todo nivel. Tampoco se consulta a la población sobre la revocabilidad de los funcionarios. Por ejemplo, los ministros de la corte magistrados son inamovibles durante 15 años en los cuales se hacen millonarios al servicio de los grupos de poder económico y político.

Otra cosa sería que, lejos de una vía institucional, las masas trabajadoras y populares se movilizaran en la calle bajo una política independiente que le imponga al poder sus demandas con la fuerza organizada.

Una política equivocada de la izquierda, sindicatos y el EZLN

Algunas organizaciones de la izquierda no sólo ven correcta la consulta, sino que no alertan que en sí misma implica un desvío del descontento popular al crear la ilusión de que la democracia plebiscitaria es una gran joya del capitalismo.

Incluso el EZLN, da por buena esta maniobra de AMLO, pensando que la misma se puede convertirla en algo “independiente de los de arriba” y se movilice por una Comisión por la Verdad y la Justicia para las Víctimas. ¿Independiente cuando es organizada por el estado capitalista?

Pero, dada la fortaleza del gobierno ‒62% de aprobación‒, y con una mayor legitimación que obtendría la 4T al crear la ilusión de que se aplicó la democracia para las masas; y con la tregua de los sindicatos y organizaciones sociales con el gobierno, para que no surjan procesos de lucha de clases ¿se puede “convertir” en un día lo que no se hizo en años?

Incluso, el EZLN, va más allá al criticar a una institución como el INE por ser un obstáculo a la política que impulsa la institución presidencial.

Esta apuesta del zapatismo nada tiene que ver con una política de independencia de clase; algo elemental para proponerse enfrentar al neoliberalismo.

Lejos de llamar por una verdadera salida independiente donde las organizaciones sindicales, sociales, campesinas, estudiante estudiantiles y de la juventud y las mujeres, impongan con sus propios métodos de lucha y bajo una democracia directa, la solución a los grandes problemas nacionales, el EZLN, indirectamente, fortalece la política plebiscitaria de López Obrador la misma que utilizó para hacer aprobar por “el pueblo”, el Tren Maya, la Termoeléctrica de Huesca y la Refinería de “Dos Bocas”, entre otros megaproyectos.




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