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Red Internacional

¿Qué onda con el Pase Reglamentado? La universidad debe ser para todxs

El pase reglamentado es una conquista de la organización estudiantil y tiene que ser un derecho extendido a toda la juventud, no limitado a quienes ya lo poseen.

Jueves 28 de julio | 16:48

Todo el mundo tiene un sueño, especialmente cuando se es joven. Desafortunadamente parece que las nuevas generaciones tienen más preocupaciones que sueños, o bien, que sus aspiraciones están profundamente signadas por las carencias de las que son presa.

El sueño de pisar la universidad, tener una carrera y un buen trabajo está presente en muchos adolescentes -y adultos jóvenes-, y mas allá de que un título no siempre garantiza una estabilidad económica, la educación debería ser una garantía para todxs, mas aun bajo un gobierno que se precia de ser democrático, como el de la 4T.

Una de las universidades por la que apuesta la mayoría de lxs estudiantxs es la UNAM, misma que mantiene sus puertas cerradas, ya que para acceder es necesario presentar un examen de admisión que está elaborado bajo la lógica de separar a los alumnos entre los “mejores” y los “del montón”. Es decir, nos están diciendo que hay alumnos de primera y de segunda, hay quienes merecen acceder a buenas escuelas y quienes deben resignarse a “lo que les toque”.

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¿Qué onda con el pase reglamentado?

En 2019, Salvador Malo Álvarez, exdirector general de Educación Superior Universitaria de la Subsecretaría de Educación Superior, dio una conferencia sobre la educación media superior y superior en Aguascalientes, misma en la que mencionó como un logro que el 40% de los jóvenes a nivel nacional logran entrar a la universidad.

Si lo vemos con ojos más realistas, estaríamos hablando de un 40% que se enfrenta contra un superior 60% de jóvenes que no ingresan a las universidades. Aunque los datos ofrecidos son de 2019, no es que la situación haya mejorado mucho, sobre todo con las secuelas dejadas por la crisis sanitaria de COVID-19.

Es importante tener esto en cuenta ya que incluso al ser aceptado en un bachillerato de la UNAM, aún es incierto nuestro futuro académico pues la asignación de carrera mediante el pase reglamentado está condicionada por promedio y años en los que se cursó el bachillerato.

En un país en el que -como en todo el mundo- los muertos de la crisis sanitaria fueron principalmente de las familias trabajadoras, en el que la inflación va a la alza y en el que muchos jóvenes tienen que mantener estudios y trabajo (en muchos casos teniendo que abandonar los estudios), el acceso a la universidad está regido por rubros inconsecuentes con la realidad que vivimos lxs jóvenes de la clase trabajadora.

¿Qué condiciones se requieren para acreditar el bachillerato en 3 años con un promedio mínimo de 9.0 para ser admitido en la carrera de nuestra elección?

Bueno, antes de la pandemia: tener la posibilidad de asistir diariamente a clases, en un estado más que adecuado, desayunado, limpio, descansado, sin problemas de salud, con todos los materiales necesarios y con un estado emocional y psicológico aptos para aprender.

Pero la realidad es otra, la vida es precaria; muchas de las características de un estudiante ideal las cubren las capacidades económicas: para tener al menos tres comidas diarias, poder costearse los materiales y recursos (pasajes, cuadernos, material de exposiciones, copias) o, ante los incipientes servicios de salud pública, poder pagar consultas particulares y cuidar su salud.

Quienes hemos de trabajar y estudiar o vivimos en las periferias y cubrimos tiempos de hasta una hora -o más- para llegar a la escuela, estamos lejos de asistir descansados.

Después de la pandemia las cosas cambiaron; no íbamos a clases pero tuvimos que endeudarnos o endeudar a nuestros tutores para comprar equipos electrónicos y tomar clases así como enfrentarnos al rezago digital y muchas veces, equilibrarlo con el impacto de haber visto morir a familiares y amigos por la ineficiente gestión de la pandemia. Muchos de nosotrxs ya trabajábamos, pero miles tuvieron que abrirse paso en el mundo laboral debido a la carestía de la vida.

En suma: existe un panorama perfecto para no concluir “en tiempo y forma, satisfactoriamente” la preparatoria y, por ende, no acceder a la carrera deseada ni siquiera con el “beneficio” del pase reglamentado.

¿Mucha demanda o poca disposición de garantizar el derecho a la educación?

Pensemos un escenario en el que el grueso de la población estudiantil consiguiera terminar la preparatoria en 3 años con un promedio de 9.0, ¿Todos entrarían a la carrera que desean?

No, porque el problema de fondo son todas las carencias y limitantes que tiene el sistema educativo: el poco abastecimiento de recursos, el número insuficiente de planteles, e incluso el escaso éxito que han tenido los programas impulsados por el Gobierno de AMLO para garantizar a la juventud trabajo digno y educación.

Pero el Estado y el gobierno universitario nunca admitirían que el error es negarse a ampliar la matrícula o construir facultades suficientes para cubrir la demanda. Se pretextan una serie de requisitos para ingresar a las facultades cuando el problema es estructural y para resolverlo se necesita la unión de estudiantes, trabajadores y profesores -así como del conjunto de clases populares-.

Todas las facultades del país deberían tener un buen nivel académico, infraestructura adecuada y trabajadores que laboren dignamente para que no se tenga que competir por obtener un lugar al interior de la UNAM y la juventud pueda acceder a la educación.

El pase reglamentado es uno de varios mecanismos que restringen la entrada a las universidades, segmentando nuevamente a los estudiantes en categorías y en muchos casos, orientando a miles a ingresar a carreras que no quieren cursar o que solo seleccionan para cubrir la segunda opción en el trámite de solicitud del pase (en la cual ni siquiera está permitido elegir campus) u orillándoles a esperar al siguiente año para intentarlo, aunque, tal como menciona el folleto “¿Qué onda con el pase reglamentado?”: los años que transcurren antes de ejercer el Pase Reglamentado, influyen para la asignación de la carrera.

¿Qué onda con la juventud organizada?

El ejercicio del pase reglamentado constantemente confronta a lxs jóvenes que tienen que presentar el absurdo examen de admisión y quienes aparentemente tienen la oportunidad de pasar directamente a la facultad por haber cursado la preparatoria en algún plantel de la UNAM.

Alguien podría pensar que si el problema es el pase reglamentado, entonces deberíamos anularlo y hacer que todxs tuvieran que presentar el examen de admisión, sin embargo esto solamente significaría recortar las oportunidades que los hijos de la clase trabajadora tienen para pisar las universidades.

Quienes escribimos en La Izquierda Diario consideramos que las universidades deben estar abiertas al pueblo, esto quiere decir que quien decida inscribirse a una carrera pueda hacerlo independientemente de su preparatoria de procedencia y, desde luego, no con base en los resultados de un examen estandarizado, completamente aleatorio y elitista.

Desde luego peleamos por un un aumento al presupuesto educativo que garantice el acceso irrestricto a la educación superior pues uno de los mayores logros de la clase trabajadora ha sido el abrir las universidades a lxs hijxs del pueblo, una conquista que no podemos permitir que decaiga.

Si quieres conocer más sobre este y otros temas o te interesa organizarte por una educación de calidad e irrestricta, puedes seguirnos en redes sociales como Agrupación Juvenil Anticapitalista, o escribirnos en IG como @juventud_anticap




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