SALUD MENTAL Y CUARENTENA

La salud mental se deteriora a raíz de la pandemia

La pandemia mundial de COVID-19 ha traído cambios en nuestra vida cotidiana, con el fin de contener la propagación del virus nos hemos visto en la necesidad de resguardad confinamiento y evitar el contacto. Ante esta nueva realidad las afectaciones psicológicas van en incremento.

Lunes 12 de octubre | 22:31

Las medidas de cuarentena se traducen en un impacto psicológico asociado con la ansiedad, episodios de depresión, ataques de pánico, encontrando como dato que los pacientes con TOC, han tendido a empeorar.

Los factores que más estresan a las personas son no conocer el tiempo en que va a durar la cuarentena, temores a infectarse, pérdidas financieras, frustración bajo en confinamiento, entre otras.

Y es que bajo la crisis económica que se venía dando ya en el marco del capitalismo, la crisis de la pandemia vino a recrudecer aún más la realidad social dejando a millones de personas despedidos, siendo las mujeres las más afectadas, según los datos de la OIT.

Por otra parte, los trabajadores sanitarios de la primera línea, con sus jornadas extenuantes, discriminación y pérdida de colegas y familiares, sufren por igual una crisis en su salud mental y en su mayoría están sin la atención y apoyo para el tratamiento de la misma.

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La salud mental y los padecimientos que se acrecentaron a causa de la pandemia y sus consecuencias, no se explican solo por los problemas individuales de las personas. Estas afectaciones tienen un contexto social dado y deben entenderse también como padecimientos sociales colectivos y con determinadas razones estructurales enraizadas en el sistema capitalista.

Es por ello que se debe diferenciar el tratamiento y las medidas para enfrentarlo, tomando en consideración la mayor atención a poner en el caso de las mujeres, la juventud, las y los trabajadores y en aquellos países, ciudades y zonas de mayor marginación, precariedad y pobreza.

En ese tenor, lo que se desprende como necesidad ante esta realidad, es la urgencia de un plan a gran escala para atender la salud mental en la sociedad. Un plan de estas características, en primer lugar, debe garantizar que se brinde como derecho social, un servicio público de atención a la salud mental que cuente con presupuesto y recursos públicos suficientes. La inversión que exige esta necesidad, debe garantizar las condiciones dignas de trabajo y ejercicio profesional del personal de las distintas disciplinas que trabajan por la salud mental de la población.

En México no existe esta noción y no estuvo, ni está en los planes de los gobiernos ni los partidos en el Congreso el garantizar la salud mental como un derecho fundamental de la población. Es por ello que son las y los trabajadores, en primer lugar, los trabajadores de la salud, quienes deben tomar esta bandera como parte de su programa y planes de lucha para enfrentar la crisis capitalista y las consecuencias de la pandemia.

Las perspectivas de vida bajo este sistema son cada vez peores, la vida es otra cosa, dicen por ahí. Una vida que merezca ser vivida es una vida que, entre otras cosas, tenga salud mental para las y los trabajadores y los pueblos del mundo, y eso vale inmensamente más que las ganancias capitalistas.






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