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Red Internacional

Nuevo León anuncia medidas represivas para aquellos que no porten cubrebocas o realicen reuniones de más de 20 personas.

Miércoles 4 de noviembre de 2020 | 20:35

Durante las últimas semanas, México se enfrenta a un repunte de casos de COVID-19, las cifras oficiales de casos confirmados se acercan al millón y hay 92,593 decesos. A pesar del aumento de contagios, Claudia Sheinbaum declaró que la CDMX continúa en semáforo naranja. El resto de estados se mantienen en naranja y en amarillo, a excepción de Chihuahua que permanece en rojo. Los hospitales se siguen saturando y si bien se han anunciado las primeras pruebas de la vacuna, no hay garantía de que haya una cura pronto.

El aumento de casos en todo el país está íntimamente ligado a la implementación de la Nueva Normalidad, en la que miles de trabajadores regresaron a laborar sin las condiciones necesarias para garantizar su salud.

El cubrebocas a punta de pistola, mientras seguimos sin pruebas

Desde la expansión de la pandemia a inicios de este año, en todos los países, pero a diferentes niveles se implementó una cuarentena, como una insuficiente medida para contener el virus. En países latinoamericanos como Argentina y Chile se implementaron toques de queda y se militarizaron las calles para “prevenir los contagios”. Medida que sirvió especialmente al gobierno chileno a contener las multitudinarias protestas en contra de Piñera.

Organismos internacionales como la ONU alertaban desde comienzos de la pandemia que no debían usarse las medidas sanitarias para contener el virus como un pretexto para violar los derechos humanos de la población.

En México se han comenzado a anunciar en algunos estados medidas represivas ante la población que no use cubrebocas. El gobernador de Nuevo León, Miguel Enrique de la O Cavazos, declaró que “estaba preocupado por la cantidad de personas que no creen en el virus y que realizan actividades y reuniones sociales” por lo que su administración decidió implementar multas y sanciones, que van desde los 20 hasta los 100 mil pesos por incumplir las medidas sanitarias como es el uso de cubrebocas.

Nada mencionó sobre la cantidad de trabajadores que tienen que salir todos los días a laborar, con la única protección de un cubrebocas y el temor de contagiar a sus familias. De poco sirve que las clases presenciales se hayan cancelado si los padres de familia salen todos los días a laborar, exponiéndose al virus y a contagiar a sus hijos.

Estas medidas lejos de garantizar la propagación del virus, amedrentan a la población que ya enfrenta la pandemia en pésimas condiciones sanitarias y sin acceso alguno a una educación científica que permita interiorizar la gravedad del COVID-19. O medidas científicas no coercitivas como el teste masivo -usado con éxito en otros países-.

El 4 de mayo de este año, Giovanni, un albañil de 30 años que se encontraba transitando, junto con su familia en una calle de Jalisco, fue detenido por 4 policías, con el pretexto de que no portaba cubrebocas. La detención fue grabada por el hermano de Giovanni. La familia se presentó a los separos para pedir su liberación y ahí les informaron que se encontraba grave en el Hospital Civil. Al llegar el lugar les informaron que había muerto por traumatismo craneoencefálico. El cuerpo de Giovanni presentaba golpes en todo el cuerpo, claras señales de tortura y un balazo en la pierna. El alcalde de la región le ofreció dinero a la familia para que no difundiera el caso en las redes sociales. Hasta el momento 3 de los policías involucrados en el caso han sido vinculados a un proceso legal.

Medidas autoritarias como las de Nuevo León, solamente encrudecerán la represión hacia la población y casos como el de Giovanni seguirán ocurriendo. El manejo de la pandemia no puede quedar de las manos de un grupo político parásito que sin vivir las problemáticas de la clase trabajadora y desde arriba dicte leyes en beneficio de unos cuantos.

Crear una alternativa para los trabajadores

Que sea un comité de expertos epidemiólogos, junto a las organizaciones obreras y populares, quienes elaboren y supervisen la ejecución de un verdadero plan de contención, detección y combate a la pandemia, cuyo objetivo sea ¡salvar vidas! y que exija una declaratoria oficial de Emergencia Sanitaria Nacional. Las autoridades federales y estatales deben sujetarse a las directrices emitidas por dicho comité.
Ha quedado claro que la cuarentena es imposible de mantener para la mayoría de los trabajadores que se ven en el predicamento de guardarse en casa o salir a conseguir el pan de cada día. El manejo actual de la pandemia solo ha derivado en miles de muertes y contagios que podrían haberse evitado.

Es necesario que en cada centro de trabajo se implementen comisiones de seguridad e higiene que tengan independencia total de la patronal para garantizar la salud de los trabajadores y no las ganancias de los empresarios.

La aplicación de test masivos permitiría identificar los puntos de contagio y aislaros para que no haya propagación del virus, además de atender de manera oportuna a las personas cuyo resultado sea positivo. También es necesario garantizar un salario base de emergencia, acorde a la canasta básica para poder hacerle frente a la pandemia. Recurso que podría garantizarse de dejar de pagar la fraudulenta deuda externa.

En lugar de garantizar presupuestos millonarios a la Guardia Nacional, es fundamental aumentar el presupuesto al sector salud para que haya insumos suficientes para atender a la población y dotar al personal de salud con todas las herramientas necesarias para continuar laborando sin exponer sus vidas. En medio de la pandemia lo que necesitamos son médicos, investigadores y divulgadores científicos, no policías o militares.

La crisis sanitaria no tenemos que pagarlas los trabajadores, que a paguen aquellos que durante años han mantenido al grueso de la población sin acceso a un sistema de salud de calidad, que han precarizado tanto los empleos que es necesario tener más de uno para poder llegar a fin de mes, mientras llenan sus bolsillos.
Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias, que la crisis la paguen ellos.




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