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Red Internacional

Reproducimos a continuación el testimonio de una integrante del programa PILARES. Los jóvenes precarizados que laboramos dentro del programa tenemos un enorme compromiso con las comunidades, pero también exigimos que se respeten nuestros derechos como trabajadores.

Miércoles 27 de octubre | 13:07

Durante el proceso de selección para formar parte del Proyecto PILARES se incentivó, desde la administración, la urgencia de un cambio en las políticas educativas tradicionales en las que permeaba el autoritarismo y la verticalidad, recurrentemente nos hablaban de autores como Paulo Freire, quien urge a que más allá de la reproducción de palabras leamos nuestro mundo y así se lleve a cabo el desarrollo del conocimiento crítico para lograr la transformación. Aún recuerdo que leer a Freire me pareció fascinante, ¡cuantioso reto tenía por delante!, pero tratar de tumbar las rígidas estructuras educativas y crear lazos desde la horizontalidad en la comunidad que me vio crecer era realmente esperanzador.

Con el paso del tiempo este sentimiento se fue transformando; primero en preocupación, el primer reto era encontrar un espacio público en mi colonia (puesto que no existía un recinto que pudiésemos ocupar), misma que ha sido catalogada con un profundo rezago educativo y altos índices de violencia y es que, establecerse en un sitio a la intemperie sin seguridad social era una inquietud constante en el equipo de trabajo al que pertenecía y que estaba conformado por docentes talleristas y monitores.

Mi desarrollo dentro del Proyecto PILARES pasó por varias etapas: brigada (asentamiento en el espacio público), repliegue al PILARES más cercano a mi domicilio y nuevamente el establecimiento en el espacio público, a la intemperie, sin materiales, insumos y por supuesto como ya dije ¡Sin seguridad social ni ningún tipo de prestación!

De ahí llegaría un invitado incómodo, el COVID 19, mi LCP me informó que las actividades habían de realizarse en línea... talleres, charlas, asesorías, círculos de lectura, cursos para exámenes de ingreso a bachillerato y licenciatura etc. Trabajaba arduamente, puesto que detrás de una clase existe una cuidadosa planeación y organización. En el mes de febrero, con el inicio de las Jornadas de Vacunación, se me comunicó que PILARES formaría parte del operativo, que podía asistir de forma voluntaria, elegir el horario en que no tuviera actividades e ir a una sede cercana a mi domicilio. Poco se habría sostenido esta información ya que la gran mayoría de los LCPs (incluyendo el mío), por medio de amenazas, nos orillaron a asistir y cancelar o posponer las actividades que se venían realizando en línea; era recurrente escuchar que aquellos compañeros que se negaron por factores como: contar con alguna comorbilidad, evitar ser fuente de contagio para sus familias y no dar por terminadas sus actividades en línea fueron objeto de persecución y hostigamiento, removiéndoles de sus brigadas y aumentando sus jornadas laborales (aquellas establecidas en las Reglas de Operación).

Yo asistí al Estadio Olímpico Universitario sin estar vacunada, en un horario de seis de la mañana a siete de la noche (contando las horas de transporte). Ahí viví a flor de piel la precariedad laboral y el autoritarismo de las autoridades (LCPS y el Subdirector de la Operativa Norte), las llamadas de atención y los gritos eran recurrentes, además de que jamás se me dotó de insumos como cubrebocas, careta y gel antibacteral… Y si algo más se añadía a este terrible panorama era ver a compañeras embarazadas cubriendo las jornadas completas, agotadas y preocupadas asistían por orden de sus respectivos LCPs, no querían perder su empleo… Para este momento a mi preocupación se adherían el enojo y la indignación.

Para 2021 aquél Proyecto Educativo horizontal se convirtió en una utopía, sin esperanza, ultrajada y pisoteada; esta vez mi LCP me comunicó que PILARES se encontraba en una profunda crisis y que debía salir (junto con mi equipo) a las calles a tocar casa por casa con el chaleco bien puesto para “promocionar el programa”. Cito la forma en que debía presentarme con la comunidad:

«Buenos días, mi nombre es________ soy Servidor(a) de la Ciudad de México y vengo de parte de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
En esta ocasión nuestra visita pretende, principalmente, difundir las actividades llevadas a cabo en Los PILARES.»

Mi indignación no era la única, mis compañeros también se encontraban inconformes puesto que había un repunte de contagios en la Ciudad de México y nosotros en las calles y… sin seguridad social. Nuevamente, la orden de mi LCP era concluir mis actividades educativas en línea, esto significaba que aquellos quienes fuimos contratados para combatir el rezago educativo debíamos darles la espalda a nuestros alumnos, a la comunidad que había depositado su confianza en nosotros, me negué al igual que varios compañeros docentes y talleristas… las amenazas pervivían. El proyecto, aquel que prometía la apertura educativa, inclusiva, horizontal, crítica, que nos hablaba de Freire, se convertía en una vil y anticipada campaña política para visibilizar a Claudia Sheinbaum en su carrera presidencial, todo ello a base de precariedad laboral, amenazas y un hostigamiento constante.

A lo largo de mi estancia en PILARES he aprendido que como docente es vital analizar el mundo en el que habitamos, las circunstancias que nos rodean, leer y ejercer la palabra, sabernos sujetos colectivos y transformadores… repetir eso en clase sin ejercer la praxis me convierte en cómplice de un proyecto que reproduce un discurso liberador mientras que oprime, acosa, hostiga y precariza.

Yo
por eso
elijo
ejercer
la
palabra.

*Contáctanos por WhatsApp, las denuncias pueden ser totalmente anónimas: 5574795559.




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