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SUPLEMENTO

La lucha por construir organizaciones revolucionarias en el mundo que deja la pandemia

Santiago Lupe

La lucha por construir organizaciones revolucionarias en el mundo que deja la pandemia

Santiago Lupe

Un mundo en el que las características de la época de crisis, guerras y revoluciones se actualizan. La pelea por la construcción de organizaciones revolucionarias en cada país y a nivel internacional. Este artículo es una versión de la ponencia presentada por el autor en la Escuela de Verano Anticapitalista y Revolucionaria de la CRT en Barcelona el pasado 23 de julio.

Un marco mundial signado por una pandemia que está disparada

El marco mundial sigue estando dominado por la pandemia. Un hecho que nos presentan como un mal sobrevenido, pero que no es tal cosa. La pandemia es una expresión aberrante de las perspectivas que tiene para ofrecer el capitalismo a la humanidad.

Su origen, lejos de las teorías conspiranoicas o que pretenden culpabilizar a China como parte de las tensiones entre esta potencia y EEUU, es un modelo de agricultura intensiva y depredadora que lejos de detenerse sigue avanzando. Y en su gestión se ha desnudado el carácter irracional y barbárico de un sistema en el que el que el beneficio y los privilegios de una minoría absoluta, están por delante de las vidas de cientos de millones.

Lo vimos en la primera ola, en la que ningún gobierno, ni de derecha ni “progresista”, tomó las medidas posibles y necesarias para controlar su expansión o la producción de EPIs o respiradores. Lo vemos ahora, cuando se siguen blindando las patentes de las vacunas, para defender os beneficios de las grandes farmacéuticas y tratar de sacar ventajas competitivas entre los Estados, aunque eso implique prolongar la muerte de millones en 2/3 del planeta e incluso el riesgo de que nuevas variantes terminen anulando la inmunización y sea una vuelta a la casilla de salida.

En los países imperialistas, como el Estado español, empezamos el verano con una falsa sensación de fin de la pandemia. La quinta ola ha despejado esta falacia. Pero lo peor está ocurriendo en estos momentos en India, Asia, América Latina o zonas de África, como Sudáfrica. En la mitad de 2021 murió más gente que en todo 2020 y el ritmo de fallecimientos sigue creciendo según reconoce la misma OMS. Estamos en el peor momento de la pandemia.

Crisis, rescate capitalista y mayores tensiones geopolíticas

Esta crisis sanitaria ha traído consigo un nuevo capítulo de la crisis capitalista que se inició en 2008. Las históricas caídas del PIB mundial y de las principales potencias se agravó por la paralización de la actividad e intercambios, pero llovía sobre mojado. Los Estados capitalistas lograron salvar la crisis de 2008-2012 con un rescate masivo del sistema financiero y grandes empresas, como por ejemplo automovilísticas como GM en EEUU. Miles de millones que dispararon la deuda pública, se costearon, sobre todo en la UE y en particular en el sur de la UE, con brutales ajustes, recortes y contrarreformas laborales y de pensiones.

Pero estos rescates no devolvieron al capitalismo a una época de crecimiento vigoroso, sino más bien senil. Los economistas burgueses reconocían, antes de la pandemia, que la salida de la crisis de 2008 había dejado grandes desequilibrios como herencia, sobre todo el sobreendeudamiento de Estados y empresas que antes o después iba a producir una nueva recaída en forma de crisis de impagos, y un nivel de crecimiento pírrico, una especie de capitalismo zombi que se sobrevivía a sí mismo, sobre un manto de caída de las condiciones de vida de millones en todo el mundo, también en los países imperialistas.

Antes de la pandemia, todos los economistas burgueses ya reconocían que este capitalismo senil se encaminaba a una nueva recesión o crisis mundial. La irracionalidad del sistema lleva a que, existiendo la posibilidad de satisfacer las necesidades de toda la población mundial, de desarrollar formas de producción respetuosas con el ambiente para ello... esto no pueda implementarse porque la capacidad de realizarse generando beneficios para los ggrandes capitalistas está limitado por un mercado estrecho y una feroz competencia. Los capitalistas solo pueden seguir avanzando a costa de destruir a los competidores más débiles, generar escasez para millones... Esa es la lógica del sistema.

La pandemia aceleró esto, y ha producido caídas grandes caídas del PIB en EEUU, la UE o en el Estado español. La salida de esta crisis ha seguido en esencia el mismo esquema que la anterior. Todos los gobiernos implementaron políticas que combinaron algunas migajas para atenuar las consecuencias para las masas obreras y populares, sin evitar que el paro se disparara, la pobreza recuperara las peores cifras de hace una década, desahucios de miles... Y grandes políticas para las grandes empresas, a las que no solo no se les ha quitado ni un euro, ni confiscado nada para atender la emergencia sanitaria, sino que se les han regalado miles de millones de dinero público para su rescate.

Estado Unidos y China están a la cabeza de estos paquetes de mega inversión. Esto, unido a ser los primeros en controlar la pandemia, los pone a la cabeza de la recuperación. De ahí, que la guerra por la vacuna y el crimen de las patentes no es solo por los beneficios de las farmacéuticas, sino una competencia macabra para ver quien toma ventaja sobre los demás. La UE tampoco se queda atrás, los Fondos de Reconstrucción suponen más de medio billón de euros, de los que 140mil irán al Estado español, y sumarán otros 70 mil millones a la deuda pública para transferir de forma inmediata a las arcas del IBEX35.

Esto puede generar coyunturas o rebotes como los que estamos viendo y se anuncian para 2021. Pero los propios economistas burgueses advierten de dos límites claro.

El primero, es una salida que aumenta todavía más desequilibrios como el sobreendeudamiento de los Estados. Por otro lado, las empresas podrán llevar adelante inversiones subvencionadas, pero la estrechez de un mercado mundial donde poder hacerlas rentables, hace muy posible que no se salga del estancamiento de los últimos años.

El segundo, es que esta recuperación es desigual y anima todavía más la competencia y los choques entre las diferentes potencias y Estados. Cuando ganó Biden, algunos analistas burgueses se ilusionaron pensando que el fin de la era Trump devolvería a las relaciones internacionales a un marco de multilateralismo. Sin embargo, las razones de fondo de la política agresiva del trumpismo, de la vuelta al Estado nación, las tensiones entre USA y la UE, ambas con Rusia o China.... siguen vigentes y agravadas.

Eso explica la nueva ofensiva de USA contra China, a la que trata de arrastrar a la UE, como vimos en las últimas cumbres del G7 o la OTAN, o con las investigaciones que pretenden culpar a China de la creación de la pandemia de forma artificial.

La utopía de humanizar el capitalismo, una condena para la humanidad

Todo este repaso a los elementos de barbarie hacia los que nos conduce el capitalismo en el siglo XXI cuestiona y niega las tesis de los apologistas del mismo, pero también de aquellos que, consideran que es posible reformarlo, paliar sus efectos más aberrantes sin tocar de lleno los intereses y la propiedad de los grandes capitalistas, y derrotar por tanto a los Estados que les defienden.

El siglo XXI estará signado por los elementos que han servido de introducción al mismo, enormes crisis de distinto tipo, y mayores enfrentamientos, e incluso guerras, entre Estados, a nivel regional, pero también entre grandes potencias.

Aquellos que quieran dedicar su esfuerzo o su vida a estrategias de humanización pueden hacerlo, pero lamentablemente están condenados a fracasar, como han fracasado todos los intentos de humanizarlo en el siglo XX.

No se podrá acabar con el desempleo de masas, la pobreza que se extiende entre cientos de millones de seres humanos, sin poner toda la economía, todos los recursos que hacemos mover y funcionar las y los trabajadores cada día, no en función de la obtención de ganancias para una minoría, sino de la satisfacción de las necesidades de los más de 6mil millones que habitamos el planeta.

No se podrá poner fin a la depredación ambiental, que tiene consecuencias ya palpables a nivel climático o de generación de nuevas pandemias, sin una reconversión bajo control de la clase trabajadora, y no supervisada por los Estados y el capitalismo verde, que busca nuevos nichos de ganancia.

No hay salida por lo tanto sin tocar la propiedad de los capitalistas. Sin derrotar a sus Estados. Sin revoluciones triunfantes, con la clase obrera a la cabeza, que es la que tiene la capacidad de derrotarlos, por controlar los principales resortes que producen la riqueza, que generan el poder social y económico de nuestros enemigos, sobre el que se sustenta su dominio político y militar. Y es también la que tiene la capacidad de sentar las bases de otra sociedad, de construir una sociedad en la que todo lo producido por los seres humano esté a nuestro servicio.

Creo que a un año y medio de pandemia la idea que del capitalismo genera crisis es poco discutible. Que genera guerras, ahí está la historia del siglo XX, o más recientemente Siria, Ucrania, por nombrar solo los últimos conflictos regionales con potencias detrás.

Pero lo que también genera, y esto es lo que más nos importa y lo que es más determinante, son revoluciones. No hay en la historia un solo ejemplo que ante un aumento de las penurias contra los explotados no haya habido intentos de rebelarse, no haya habido insurrección de los esclavos.

La historia está llena de estos ejemplos. También la historia del capitalismo. Este sistema engendra su sepulturero, la clase trabajadora, y revoluciones que amenazan su supervivencia histórica y abren oportunidades de emancipación.

Ahora bien, son eso oportunidades. Quiero decir, que revueltas o revoluciones va a haber, ya hay una nueva ola de la lucha de clases de hecho. La cuestión es si estas revueltas pueden transformarse en revoluciones, y lo más importante, como nos preparamos para que estas revoluciones triunfen.

Una nueva ola de la lucha de clases, la pelea estratégica de la revuelta a la revolución

Antes de la pandemia, con los primeros aires de recesión económica, se produjeron ya los primeros episodios de esta nueva ola. En el mundo árabe con la rebelión del Rif en Marruecos, del pueblo argelino, del Líbano, las movilizaciones en Iraq, Sudan... en América Latina en Ecuador o la rebelión del pueblo chileno contra el régimen heredero de Pinochet. O en Francia, con la gran huelga de varios meses del transporte contra el pensionazo de Macron.
La primera ola actuó como una suerte de paréntesis. Pero pasada ésta vimos en el corazón del imperialismo USA el gran movimiento de Black Lives Matter, y hemos seguido viendo como las rebeliones y revueltas se extendían por América Latina, o en estos días en Sudáfrica la rebelión del pueblo negro contra la explotación y opresión que sufren como herencia del Apartheid.

El propio FMI alertaba en un reciente informe de esta situación, del peligro, para ellos, y la oportunidad, para nosotros, de que la pandemia de una ola de levantamientos a nivel mundial.

Ahora bien, esta ola será una gran oportunidad, pero no está determinado de antemano que las revueltas puedan transformarse en revoluciones, en cuestionamientos frontales al Estado capitalista que lo hagan tambalearse y abran la posibilidad de tumbarlo e imponer la voluntad de los oprimidos.

En esta escuela hemos abordado esta discusión clave, sobre la que venimos elaborando y discutiendo en nuestra corriente internacional, no con un fin analítico sino político. Lo hacemos al calor de la lucha de clases, de las revueltas que están ya sucediendo ahora, y en algunas de las cuales hemos tenido la posibilidad de intervenir directamente, como el proceso chileno.

Qué retos, desafíos, tareas... plantea el actual ciclo de la lucha de clases, signado por movilizaciones en general ciudadanas, aunque no sin intervenciones puntuales y muchas veces decisivas de la clase obrera, con todavía pocas instancias de autoorganización que permitan unificar las filas de la clase trabajadora, tejer alianzas con el resto de sectores populares y oprimidos, y desde ahí poder superar el rol de las burocracias sindicales, de los movimientos sociales y la izquierda reformista, que trabajan para desviar estos procesos a acuerdos con el régimen y una renuncia tras otra a las reivindicaciones y aspiraciones democráticas y sociales de las masas.

La pelea por construir organizaciones revolucionarias en cada país y a nivel internacional

Nos hemos detenido también de forma especial en la experiencia de nuestros compañeros y compañeras francesas de Révolution Permanente. Francia es uno de los epicentros históricos de la lucha de clases en Europa y a nivel mundial, que ha dado los procesos con mayor intervención de la clase trabajadora en los últimos años, y donde nuestra corriente está dando una pelea por que emerja una izquierda revolucionaria que no se subordine a los proyectos reformistas, que luche por poner en pie un partido revolucionario de trabajadores que asuma esa agenda, esos retos y desafíos para convertir las revueltas en revoluciones y las revoluciones en revoluciones triunfantes.

Y es que las ideas que estamos discutiendo en esta escuela no dejan de ser una síntesis de las lecciones de años, décadas, más de dos siglos de lucha de clase trabajadora por emanciparse. Lecciones que se plasman en un programa, en políticas concretas, que se engarzan en una estrategia para vencer... y que se tienen que encarnar en una fuerza material, hecha de hombres y mujeres, trabajadoras, estudiantes... que nos organizamos para pelear por ellas en nuestros centros de trabajo, universidades, barrios... para ofrecer una alternativa de dirección a la izquierda que lleva décadas conduciéndonos a derrotas o desvíos, traicionando y jugando para el enemigo.

Esa es la idea de partido, de la necesidad de construir partidos revolucionarios en todos los países, como parte de un partido mundial de la revolución. En esto ponemos nuestro empeño y energía los compañeros y compañeras de la CRT y nuestra corriente internacional.

Estamos haciendo esta escuela a 85 años de la revolución española, y la hacemos en Barcelona, la cuna de aquella revolución. Uno de los más importantes hitos de la historia revolucionaria de nuestra clase. En el que las obreras y obreros, junto a los campesinos pobres, lo dieron todo, colectivizaron las empresas y toda la economía, organizaron la distribución, la justicia, el orden público.... constituyeron las milicias y extendieron la revolución al campo... Una energía enorme que sin embargo fue aplastada a sangre y fuego por la burguesía republicana y el estalinismo.

La clase trabajadora lo dio todo, quienes no estuvieron a la altura fueron sus direcciones. Tanto las que se comprometieron de una manera explícita con la contrarrevolución republicana y estalinista, como las que, como las direcciones de la CNT y el POUM, hablaban de revolución sin preparar una estrategia que la hiciera triunfar, sin proponer una “hoja de ruta” independiente de los que serían los primeros verdugos de esta revolución, el Frente Popular, y transformaran esa enorme fuera social que se expresaba en los comités revolucionarios, las fábricas colectivizadas y las milicias en un ariete que impusiera la voluntad de los esclavos insurrectos tanto a los golpistas fascistas como a los republicanos que querían aplastar su revolución.

Construir ese partido, esa dirección alternativa, era sin duda la tarea más importante en la España de los 30. León Trotsky consideró la fundación de la IV Internacional, en 1938, como el hecho más importante de su biografía. Alguien que había sido presidente del soviet de Petrogrado en 1905, dirigido la insurrección en 1917, formado el Ejército Rojo, la Oposición de Izquierda en la URSS... consideraba que lo más importante había sido intentar establecer una dirección alternativa a la de socialdemócratas y estalinistas para las revoluciones que estaban por venir.

Vamos a un siglo XXI en donde esta necesidad volverá a hacerse patente, ya está sucediendo. Nuestra corriente internacional nos jugamos a que todos nuestros esfuerzos, nuestras distintas tácticas como decíamos ayer, se engarcen en un plan de conjunto para lograr la victoria. En esta escuela hemos discutido sobre algunos de los principales combates en América Latina, una de las zonas calientes de la nueva ola de la lucha de clases, y Francia, uno de los principales escenarios del debate en la izquierda mundial, sobre qué izquierda necesitamos para vencer.


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Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN
Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.
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