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Red Internacional

Hace 100 años. La historia de los obreros de Parma que echaron a patadas a 15 mil fascistas de su ciudad

Seis días de enfrentamiento en la ciudad italiana entre fascistas y obreros que terminó con la huída despavorida de los primeros.

Claudia Ferri@clau.ferriok

Viernes 5 de agosto | Edición del día

Todo comenzó en la madrugada del 2 de agosto del año 1922. Más de 15.000 “camisas negras”, también conocidos como fascistas, llegaron a la ciudad italiana de Parma desde distintas partes del país para reventar violentamente una huelga general de trabajadores.

No era la primera vez que lo hacían. Venían atacando huelgas y movilizaciones que por esos tiempos eran muchas. También quemaban locales de diarios y partidos de izquierda en distintos lugares porque su objetivo era disciplinar a trabajadores que levantaban un poco la cabeza y tenían una saña particular contra los comunistas. ¿Quiénes lo financiaban? los empresarios industriales y terratenientes.

Los que invadieron Parma estaban bajo el mando de Ítalo Balbo, uno de los principales jefes del Partido Fascita creado un año antes. Y para que puedan actuar libremente, los policías y funcionarios abandonaron las comisarías y las oficinas un día antes.

Las columnas fascistas decidieron atacar el barrio obrero llamado Oltretorrente que era el más alto de la ciudad, el más pobre y el que estaba organizando la huelga. Pero los atacantes no esperaban encontrarse con una resistencia muy grande de trabajadores y trabajadoras, niños, ancianos, vecinos y comerciantes. No era algo improvisado, estaban organizados por los Arditi del Popolo, una organización política y militar de la que muchos trabajadores eran parte y que se convirtieron en los primeros antifascistas. Gran parte de sus miembros habían sido ex combatientes de la Primera Guerra y aportaron con su experiencia. A las columnas obreras se sumaron además militantes socialistas y comunistas que tenían importante influencia en los lugares de trabajo.

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Cavaron trincheras, levantaron barricadas con vagones, autos, bancos, madera. Pusieron alambrados. Sabían que si los fascistas entraban a sus barrios, iban a tener que pelear cuerpo a cuerpo, casa a casa . Se prepararon para estos enfrentamientos físicos formando cuadrillas armadas formadas por 8 o 10 personas que se repartieron por todos lados. Los campanarios de las iglesias se usaron como torres de vigilancia. Plazas y carreteras bloqueadas y hasta se pusieron minas. Estaban quienes se encargaban de las tareas de defensa, de la higiene y salud, y de los suministros. Las mujeres armaban explosivos con aceites y gasolina, fabricaban cuchillos y dagas. Los comerciantes por su parte ayudaron entregando alimentos. Hasta había francotiradores obreros en los techos.

Luego de seis días de enfrentamientos y con la ciudad bloqueada, los fascistas huyeron, asustados y derrotados. También se fueron los terratenientes locales por miedo a represalias ya que estaban entre los que financiaron el ataque. Hubo 39 muertos y 150 heridos del bando fascista, y apenas 5 muertos y varios heridos del lado antifascistas.

El triunfo frente a los fascistas fue festejado en las calles con banderas rojas que colgaban de los balcones. Tuvo que ingresar el Ejército a intentar “poner orden”.

Guido Picelli, quién fuera de los principales dirigentes de los Arditi del Popolo, dijo recordando los hechos que “una de las reglas generales de la guerra, y por tanto de la lucha callejera, es nunca dejar la iniciativa a tu enemigo. Y en una situación en la que descubras sus intenciones y el plan de ataque debes frustrarlos, atacando antes, obligándolos a cambiar toda su estrategia mediante una acción determinada e inesperada”.

Si los trabajadores y trabajadoras de Parma pudieron ganar este ataque durísimo fue porque la organización y la disciplina se combinaron con el factor moral, es decir, con la voluntad de las masas de no rehuir el combate sino por el contrario hacerle frente.

Los hechos de Parma son un ejemplo de autodefensa obrera. Hubo otros parecidos en ciudades italianas como Roma, Viterbo, Bari y Sarzana. Aunque fueron realmente un golpe para el fascismo, no pudo detener el ritmo de los acontecimientos y en octubre de 1922, el partido de Mussolini se apoderó del poder político nacional, mientras que los Arditi fueron perdiendo fuerza y miembros, perseguidos.

Aunque fue una experiencia corta quedó marcada en la conciencia colectiva. Cien años después, los vecinos de Parma siguen recordando y homenajeando a sus antepasados: los primeros antifascistas. Por algo, Mussolini y sus seguidores se negaron a volver a atacar esta ciudad luego de tomar el poder.

Para conocer más sobre la historia de estos primeros antifascistas, los Arditi del Popolo, ingresá acá.




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