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Análisis.La crisis de los semiconductores y cómo afecta la industria en México

Tensiones internacionales, pandemia y producción reducida de semiconductores. Causas y consecuencias.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Martes 17 de agosto | 11:15
Imagen: Pok Rie vía Pexels.

Una pieza minúscula, que puede ser de selenio o silicio, entre otros materiales, es el engranaje clave de circuitos integrados capaces de conducir electricidad. Es el cimiento sobre el que se edifican todos los sistemas electrónicos y computacionales, desde los más simples (en electrodomésticos como una licuadora) hasta lo más avanzado de la tecnología, como inteligencia artificial, sistemas de comunicación 5G o maquinaria industrial. Su aplicación: teléfonos móviles, computadoras, automóviles, electrodomésticos. Los semiconductores son los protagonistas de un drama económico.

El problema es que el grueso de la producción de semiconductores está en manos de sólo dos empresas: la taiwanesa TSMC y la coreana Samsung, que controlan el 56% y 18% de la manufactura mundial de semiconductores. Según Intel, junto con China llegan al 80% del mercado. Estados Unidos les sigue con 15% y la Unión Europea con 5%.

Aunque este año con las prisas por la reapertura económica en todo el mundo, el problema de la escasez se agudizó, en realidad el problema existió desde antes. Este año, en febrero, con la ola de frío de febrero -los días de los apagones en el norte de México por falta de suministro de gas natural- se detuvo la producción de la planta Samsung en Texas, que suministraba chips para el mercado estadounidense. En marzo pasado, una fábrica de semiconductores de Japón, Renesas Electronics, se incendió y esto afecta el suministro para Toyota, Honda y Nissan.

Con la pandemia, bajó un 20% la venta de vehículos en el mundo. La industria automotriz suspendió los pedios de microchips. Por otro lado, se dinamizó el crecimiento de la demanda de computadoras -por el home office y las clases en línea-, teléfonos inteligentes, pantallas táctiles y consolas de videojuegos.
De acuerdo con datos de la consultora Gartner, entre 2014 y 2019 las ventas del mercado de semiconductores para la industria automotriz han crecido a un ritmo anual del 6,1% a nivel global, y se espera que el crecimiento siga y en los próximos 20 años llegue a multiplicarse cinco veces.

Los microchips en la disputa Estados Unidos vs China

En la carrera tecnológica que juegan Estados Unidos y China, los microchips también son una pieza fundamental. El gobierno chino aspira a lograr la autosuficiencia y Estados Unidos busca cómo frenarlo y ponerse a la delantera en el desarrollo tecnológicos.

Los semiconductores son la primera importación de China, que sólo en 2018 adquirió 312 mil millones de dólares, alrededor de 25% de lo que gastó en comprar petróleo. En 2020, el flujo de fondos para empresas productoras de semiconductores ascendió a 35,200 millones de dólares.

El imperialismo estadounidense, por su parte, declaró que las exportaciones de empresas de ese país al productor chino SMIC, el más importante del gigante asiático, podían ser utilizadas con “fines militares”.

A su vez, la administración de Biden impulsó una inversión de 52,000 millones de dólares en la industria de semiconductores, y el Senado de ese país votó un proyecto de ley que incluye créditos fiscales, reembolsables a la inversión, y un fondo federal para igualar los incentivos fiscales estatales y locales para inversiones en la producción de semiconductores. Por su parte, tanto la taiwanesa TSMC como Samsung dieron a conocer sus proyectos de desarrollar instalaciones de producción en territorio estadounidense. Sin embargo, aunque todo esto se logre -una cuestión que no está asegurada- la realidad es que son proyectos a mediano y largo plazo.

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Efectos en la industria automotriz

Uno de los sectores más golpeados por la escasez de chips fabricados a partir de los semiconductores es la industria automotriz. Hasta los modelos de automóviles menos sofisticados requieren cientos de estas piezas diminutas para su fabricación. Los microchips son piezas fundamentales para las unidades centrales electrónicas de los carros o para controlar su tracción. Y también hay demora en las entregas de chips para conexiones de WIFI y bluetooth. El desarrollo de automóviles eléctricos e híbridos implica mayor digitalización, y profundiza la dependencia de estas piezas.

La escasez de semiconductores, y como consecuencia de esto, de los microchips, afecta a la industria automotriz en todo el mundo. Implica paros de producción por falta de suministros, cuyo costo pagan las y los trabajadores del sector.

México, uno de los mayores productores de vehículos del mundo, cuya industria es parte de la importante cadena de valor montada en América del Norte desde el TLCAN —hoy T-MEC—, sufre el impacto de ser una gigantesca línea de montaje que requiere de piezas de importación como los microchips para mantener en funcionamiento la producción automotriz, que representa un 20% del PIB industrial.

Ahora, el optimismo inicial de este año como posible recuperación, se estrella ante la crisis de escasez de microchips. Según datos del Inegi, en 2020 la producción de automóviles había caído un 34% entre enero y julio respecto al mismo período de 2019. Y en 2021, también entre enero y julio, se armaron 1.8 millones de carros, por debajo del año previo a la pandemia, pero con una recuperación de 20% respecto a 2020.

En julio pasado, la recuperación se desaceleró. La combinación de falta de chips y la menor capacidad de transporte marítimo contrajo la producción de nuevo, que bajó a unos 221 mil vehículos, la menor cifra este año y un 26% inferior a la de julio del año pasado.

La consecuencia: la imposición de paros técnicos o reducciones de turnos, como el caso General Motors, Volkswagen y BMW. Esto con el agravante de que en general la producción se realiza just in time, lo cual implica que no hay grandes almacenamientos de mercancías.

Detrás de las cifras, están las y los trabajadores del sector automotriz. Las patronales toman a cuenta sus días de vacaciones a cambio de los paros técnicos, y cuando no hay más días, empiezan las reducciones salariales.

La mayoría de las direcciones sindicales pacta con las trasnacionales, dejando de lado los intereses obreros, que ven cómo sus condiciones de trabajo y de vida se van degradando. En algunas fábricas, como General Motors, se expresa el descontento contra la burocracia de la CTM. Son las y los trabajadores los que tendrán la última palabra: o recuperan los sindicatos para enfrentar los nuevos ataques de la patronal o cargarán sobre sus hombros los costos de esta crisis.

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