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LUCHAS OBRERAS

La chispa que incendió Coca-Cola se extiende a Toluca

Los paros en la Ciudad de México, que ahora se extienden hacia Toluca, nos plantean sacar lecciones para fortalecer las nuevas acciones que puedan llevarse a cabo en otras plantas o centros de distribución.

Alex Osorio

México

Jueves 27 de junio | 13:02

Desde el viernes los trabajadores de los Centros de Distribución (CEDIS) de Coca Cola en la Ciudad de México comenzaron a parar. La razón es que el sindicato perteneciente a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) acordó con la patronal que se modifique el esquema de pagos, eliminando las comisiones y dejando sólo el sueldo fijo, lo que representa una clara violación al Contrato Colectivo de Trabajo (CCT).

Esto implicaba que los trabajadores que reparten los productos en toda la ciudad se quedaran sin la mayor parte de sus ingresos y, encima, la patronal les impuso una reducción de su ya de por sí bajo salario, en caso de que no repartan todos los productos que salen en cada ruta.

Esto hizo que el hartazgo acumulado de jornadas laborales de entre 14 y 16 horas estallara y desde el viernes se parara en Tlalpan y La Viga. En el fin de semana se fueron añadiendo otros CEDIS como Zaragoza y el lunes se sumó Mixcoac, el CEDIS más grande de la ciudad y hacia la tarde ya se hablaba de un paro en Fresno.

El lunes, desde temprana hora tanto los directivos como la burocracia sindical intentaron convencer a los trabajadores de que entraran a trabajar para después negociar. Los trabajadores resistieron toda la mañana, llevaron adelante un bloqueo del acceso principal del CEDIS en Tlalpan y comentaban sobre la posibilidad de realizar una marcha hacia la Junta Local de Conciliación y Arbitraje.

Sin embargo, ante la traición de sus dirigentes y la falta de una perspectiva superior, la demanda de la mayoría de los trabajadores no fue defender sus condiciones salariales y de trabajo estipuladas en su CCT, pisoteadas por la patronal, sino pelear por su liquidación al 100% y su recontratación bajo el nuevo sistema de pagos.

Para la tarde la patronal dio un giro y con sus abogados comenzaron a difundir la amenaza de despedir por faltas a quienes iniciaron la lucha, además de decir que el paro era ilegal, repitiendo el mismo argumento que usaron los patrones en los primeros días de la lucha obrera en Matamoros.

Junto a esto la patronal inició negociaciones con comisiones de trabajadores por separado en cada CEDIS, sin permitirles contar con asesores legales de su confianza (más allá de los charros del sindicato Libertad que se hicieron presentes en Tlalpan para tratar de aprovecharse de la situación).

Hacia la tarde ya estaban los resolutivos de la negociación en los que se estableció que si bien no se va a recuperar el esquema de comisiones, habrá algunos incentivos para los trabajadores y se irá despidiendo cada mes a dos de ellos.

Esto fue considerado por los trabajadores más combativos como una derrota, ya que legitima el ataque patronal sin ningún beneficio para los trabajadores, gracias a la unidad entre los patrones y el sindicato charro que jamás respaldó la lucha. Pero aún no está dicha la última palabra.

Es necesario sacar conclusiones de esta primera batalla para que en las próximas los trabajadores puedan salir victoriosos.

La fuerza de los trabajadores

Esta lucha tiene que partir del enorme precedente que sentaron y el potencial que mostraron los trabajadores parando la distribución de Coca Cola en la CDMX. Por la mañana varios trabajadores decían con toda seguridad: “este movimiento es en toda la ciudad y puede extenderse a Chalco y La Paz (municipios del Estado de México)”.

En Mixcoac, los trabajadores decían que sin ellos los directivos no podían hacer nada, que ellos son los que mueven todo. Los trabajadores se dieron cuenta del enorme poder que tienen, lo que se confirmó cuando uno de los directivos les comentó que las pérdidas por un día de no trabajar, sólo del CEDIS de Mixcoac se calculaban en 8 millones de pesos, algo que les dio aún más rabia a los trabajadores.

En La Viga un trabajador comentaba que tras 14 horas de trabajo regresaba con por lo menos 200 mil pesos, de los cuales no recibía ni el 1% como pago de la jornada.

Los trabajadores comprobaron que su fuerza reside en parar y organizarse, vislumbrando en el horizonte la potencialidad del paro de labores como método de lucha.

¿Qué hacer con el sindicato?

El sindicato de la CROC actuó para contener la fuerza de los trabajadores. En todas las plantas se presentaron delegados que, junto con la patronal, se encargaron de amedrentar a los trabajadores y persuadirlos para entrar a trabajar.

Los trabajadores comentaron que en 4 de las 5 plantas que estaban paradas están afiliados al mismo sindicato de la CROC, lo que dejó ver a una escala menor pero similar al SJOIM en Matamoros, que en cada empresa los delegados hicieron política contra el paro y las demandas, pero por la fuerza del movimiento tuvieron que integrar a las negociaciones a representantes elegidos por los trabajadores en lucha de cada fábrica, con la intención de cooptarlos y utilizarlos para convencer al resto de la base de la política de la patronal.

Siendo así, el gran faltante para contrarrestar la fuerza de la patronal y sus aliados los charros sindicales fue la realización de asambleas de base donde se decidiera el rumbo de la lucha y sus demandas, como mecanismo para evitar cualquier intento de avalar acuerdos desfavorables para los trabajadores, lo que pudo haber dado aún más fuerza a la lucha. Era también muy necesario, ante la intención de los patrones de dividir al movimiento, coordinarlo entre las distintas plantas, rechazando negociar por separado.

Esta fuerza organizada hubiese podido plantear no sólo la defensa del salario y los derechos laborales establecidos en el CCT sino también la necesidad de la reducción real de la jornada laboral, así como un aumento de salario, para que éste iguale al menos la canasta familiar para todos los trabajadores.

Las multimillonarias ganancias de la empresa le permiten fácilmente satisfacer estas demandas y, si en vez de eso, pretende esclavizar aún más a los trabajadores es sólo por la gigantesca ambición de los patrones. Esto podía demostrarse exigiendo la apertura pública de los libros de contabilidad de la empresa, obligándola a que compruebe los pretextos que utiliza para afectar a los trabajadores.

Unidos y organizados, los trabajadores podrían haberle exigido e impuesto al sindicato un emplazamiento legal a paro o huelga por violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo.

De negarse, podría haber sido la antesala para plantear la necesidad de echar a patadas a los charros del sindicato, llamando a elecciones donde la base trabajadora organizada en asamblea escogiera a los trabajadores que verdaderamente los representan en cada planta, en la perspectiva de pelear por la dirección del mismo sindicato para ponerlo al servicio de las necesidades y la lucha de los trabajadores.

Esta visión permite evitar la trampa de generar un pequeño sindicato que, al agrupar sólo a un sector de trabajadores combativos, no logre disputarle la representación de la mayoría al sindicato charro, quedando aislado y sin posibilidad de incidir en la lucha por mejores condiciones laborales y salariales para los trabajadores.

Las lecciones plasmadas en esta nota se vuelven fundamentales si consideramos que pese al golpe que le asestaron a los trabajadores de la ciudad, su lucha marcó un precedente que hoy contagia a los trabajadores de la Coca Cola en Toluca y seguramente a otros trabajadores, al servicio de quienes ponemos nuestro diario y las primeras lecciones de la lucha en la Ciudad de México, con la intención de que puedan fortalecer la suya, partiendo de la experiencia hecha por sus compañeros.

La lucha de los trabajadores de Coca Cola -así como las que dieron recientemente otros sectores de trabajadores como en Matamoros- plantea la necesidad de construir, al interior de los centros de trabajo, una corriente clasista y democrática que luche justamente por lo que estamos planteando aquí como primeras lecciones: recuperar los sindicatos como organizaciones para la lucha, impulsar la coordinación entre los sectores que salen a pelear, y proponer un programa contra los bajos salarios, la precarización laboral, los despidos y el ataque a nuestras conquistas.

El MTS y la Izquierda Diario ponemos nuestras fuerzas al servicio de eso, apostando a la organización de los trabajadores bajo una política independiente del Estado, la patronal y los partidos a su servicio.






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