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Red Internacional

Los artistas de la CDMX, además de la precarización, se enfrentan a la represión constante.

Miércoles 11 de mayo | 12:56

En 2019 Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la CDMX, anunció la implementación del proyecto “Ciudad de México: Capital Cultural de América”, con la intención de que la urbe se convirtiera en la tercera más visitada a nivel mundial. Para arrancar su proyecto generó una estrategia que incluía a la industria pública y privada.

Esto sucedió el mismo año que se inauguró el primero de los Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes (PILARES), proyecto estrella de la administración de Sheinbaum, para poder combatir los índices de delincuencia en la ciudad y acercar a las comunidades prioritarias a los derechos culturales y educativos. Para el 2024 se tiene planeada la construcción de 300 PILARES con un presupuesto de 2,000 millones de pesos.

Sin embargo, a pesar del discurso con el que la 4T plantea la importancia de la cultura y la usa como trampolín político para las elecciones del 2024, poco se habla sobre la manera en la que trata a sus agentes culturales.

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Cultura sin libertad

Aquellos que se dedican al arte y la cultura, en su mayoría han tenido que ejercer nuestra profesión de manera auto gestiva ya que las oportunidades de encontrar un trabajo “formal” de esto son muy pocas y pésimamente mal pagadas. En muchos casos la retribución es simplemente el “amor al arte”. A pesar de ello parece que no solamente se niega el apoyo a los agentes culturales de la ciudad, sino que incluso se les ponen todas las trabas posibles. Como bien lo demuestra el caso de los artistas callejeros de la alcaldía Coyoacán, agrupados bajo el nombre de Artistas a Cielo Abierto, que han sido amenazados con ser retirados de las plazas públicas del centro de la alcaldía, con el pretexto de quejas de vecinos. Esta acción dejaría sin fuente de trabajo a mimos, payasos, músicos, cuenta cuentos, titiriteros, estatuas vivientes, etc. que llevan años laborando de manera independiente en esta zona.

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Esta es tan solo una de las medidas que toma la autoridad contra el sector cultural, que además de enfrentar estas trabas burocráticas ha sido uno de los más golpeados durante la pandemia sin ningún tipo de apoyo y ahora que se abre de nueva cuenta la posibilidad de laborar se le cierran las puertas en la cara.

Pero la represión del sector cultura no solamente se ve en los compañeros que de manera auto gestiva pintan de cultura a la ciudad. A nivel institucional también se muestra lo déspota que son las autoridades. Durante el proceso de protesta por los despidos masivos en los programas de Cultura Comunitaria que se efectuaron en febrero de este año y durante todo el proceso de lucha por la reinstalación de más de 750 compañeros, quedó claro que la exclusión del sector que se puso más a la cabeza de la organización del proceso de lucha fue una medida represiva para deshacerse del sector “incómodo”, que cuestionó la convocatoria exprés, la reducción salarial y el fraudulento proceso de selección en el que se publicaron incluso columnas de nombres repetidos e inexplicablemente quedaron cientos de lugares sin asignar.

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¿Qué postura toma entonces la autoridad ante los profesionales de la cultura? Si deciden evitar la burocracia institucional y ejercer su arte de manera independiente con sus propios recursos, se enfrentan no solo a la más profunda precarización, sino a la represión con violencia para ser retirados de los espacios públicos donde no solo crean su fuente de sustento, sino que se encargan de realizar actividades culturales accesibles para la población común y corriente, que no puede costear los caros boletos de teatros, conciertos y eventos que organiza el gobierno de la CDMX y a los que sí les destina grandes cantidades de dinero.

Y si, por otro lado, se decide formar parte de los proyectos culturales ofertados por la Secretaría de Cultura de la CDMX, en los que ni siquiera se nos reconoce como trabajadores, nos explotan, tampoco se nos dan los insumos necesarios para realizar nuestro trabajo y además nos usan a placer para cuanta actividad deseen, somos dejados fuera del programa como medida represiva cuando decidimos protestar por estos abusos, lo que implica perder la manera en la que nos mantenemos y a nuestras familias. Entonces ¿cuál es la alternativa?

Ante la represión, organización

La única manera de ponerle un fin a esto es por medio de la organización. La lucha en cultura demostró que es posible conquistar victorias, como lo fue la reinstalación de más de 750 compañeros. Pero es momento de apuntar más alto. ¿Por qué el arte y la cultura continúa siendo de los sectores con menos presupuesto al año? La precarización del sector cultural es histórica en el país, pero la 4T usa al arte como uno de los puntos principales en su agenda cuando en realidad queda demostrado que no solo no le interesa el acceso a la cultura para la población en general, sino que avanza a pasos agigantados sobre los derechos laborales del sector.

Por ello hacemos un llamado a todos los artistas independiente, integrantes de los programas sociales y a los agentes culturales de esta ciudad a que nos unamos organizadamente para exigir un cese a estas violaciones a nuestros derechos laborales.

Contáctanos: 5574795559




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