Juventud

#FUE EL ESTADO

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales a 5 años de Ayotzinapa

Como en otros momentos, los estudiantes ocupamos el proscenio en aquel proceso de movilizaciones y organización, ¿que implicó esto para la FCPyS?

Jueves 26 de septiembre de 2019 | 18:27

Es imposible pensar en el 2014 como un año aislado en la historia del movimiento estudiantil que le dio vida. Como siempre, la FCPyS ha sido punta de lanza de los procesos estudiantiles.

Apenas dos años atrás esta joven generación había participado en el movimiento #YoSoy132, con marchas y asambleas multitudinarias, que en nuestra facultad, por ejemplo, ocupaban las salas del edificio F para discutir el programa político, denunciando el regreso del PRI al poder.

En 2013 volvimos a salir con la lucha del magisterio en contra de la Reforma Educativa que se había aprobado unos meses atrás por los partidos del Pacto por México (donde participaba el PRI, PAN y PRD), nutriendo las marchas en contra de la represión a la lucha de los miles de maestros que viajaban de cada rincón del país hasta la capital.

El recuento podría incluso ir más atrás con la participación de los estudiantes, en la lucha codo a codo con el SME, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, en contra de la militarización.

Ayotzinapa, las 43 gotas que derramaron el vaso

Años de distintos procesos estudiantiles le costó a los universitarios forjar esa joven generación de activistas que fueron vanguardia para este proceso, y el ánimo de los miles de jóvenes que se sumaron a las decenas de acciones que denunciaron la militarización del país y el actuar represivo del ejército, sobre todo en contra de la juventud y sectores disidentes.

El 2 de octubre de ese año, apenas 6 días después del ataque del ejército a los estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos, y aún con muy poca información, dado que las autoridades y los medios de comunicación estaban tratando de contener la noticia, se llevó a cabo la movilización conmemorativa de la matanza de Tlatelolco, donde la exigencia con vida de los 43 y la denuncia al ejército comenzó a tener eco.

Después de eso, la FCPyS llevó adelante un importante proceso de organización, con asambleas que al principio contaron con cientos de estudiantes. Posteriormente se hizo partícipe de las asambleas interuniversitarias que se comenzaron a organizar, en coordinación con otras escuelas y universidades.

Este mecanismo retomó los métodos de organización democrática del Consejo General de Huelga de la UNAM, cuya efectividad se mostró en que la lucha de 1999-2000 logró frenar el reglamento general de pagos que quería imponer la Rectoría. Para cada interuniversitaria eran elegidos delegados rotativos y revocables que asistían a estos espacios para llevar el mandato de base de la discusión efectuada dentro de la facultad.

Al final de octubre y durante noviembre algo cambió. El descontento se hizo más fuerte y de la consigna que cuestionaba la violencia en contra de los estudiantes con la consigna “Pienso, luego me desaparecen”, se dio un salto a la denuncia de todos los partidos del régimen, que de alguna u otra forma se habían visto coludidos, con la poderosa consigna “Fue el Estado”.

Lo que primaba entonces era la necesidad de la independencia política del movimiento estudiantil de todos los partidos del régimen. Esta fue la primera vez que se logró “sacar” al PRD de la universidad después de su legitimación, por algunos sectores, en el movimiento estudiantil desde la huelga del 99.

El 13 de octubre, por ejemplo, la asambleas de la FCPyS desenmascaró la política del grupo “Redes Universitarias” como operador del PRD, que primero peleo porque la facultad no se sumase a la jornada de paros por la aparición de los 43 programada para el 14 y 15 de octubre, porque “era innecesario parar”.

Al no poder ganar la discusión, buscó hacer una consulta alterna en urnas entre estudiantes. Finalmente tuvieron que retirarse entre gritos y abucheos de la base estudiantil. Sobra decir que un sector de ese grupo, ahora milita en Morena y más tarde formaron, junto a otros estudiantes, lo que hoy es RELEVO XXI.

Las asambleas que habían comenzado con apenas unos cientos comenzaron a ser nutridas por miles. En la FCPYS llegaron a nutrirse con alrededor de 2 mil estudiantes, las movilizaciones eran multitudinarias, en la mayoría nuestra facultad acudió con la misma cantidad de jóvenes.

A esta generación le había tocado ser testigo de las detenciones arbitrarias y la represión sistemática de movilizaciones. El caso más emblemático fue el 1 de diciembre de 2012, donde no sólo hubo más de cien detenidos, sino que una bala de goma dejó en coma a Juan Francisco Kuykendall, el cual murió un año más tarde.

Entonces éramos conscientes de que el régimen político mexicano haría hasta lo imposible por desmovilizarnos. Con grupos de infiltrados, en distintas movilizaciones se llevaron adelante acciones como la quema un metrobus, o la quema de la puerta del palacio nacional el 8 de noviembre. Todos montajes para contraponer la opinión pública a la justa exigencia de miles de estudiantes.

Además de esto, la ola de criminalización incremento. Era común las detenciones arbitrarias, aunque a las pocas horas dejaban salir a nuestros compañeros, era una amenaza latente contra la disidencia.

El 19 de noviembre, se llevó a cabo la última interuniversitaria de ese proceso en el auditorio Flores Magón. Una de las discusiones fue la “toma del AICM”, que implicaba una movilización para detener el acceso. Sin embargo, no se contaba con la alianza de otros sectores clave como los trabajadores del aeropuerto, por lo que la acción fue únicamente entrar en una ratonera, pues tal como ocurrió no se pudo detener el acceso, e inmediatamente enviaron a reprimir la movilización.

La acción no fue votada por la mayoría del pleno. Aún así, sectores estudiantiles que veían esto como una acción “contundente” la llevaron adelante. A las pocas horas del 20 de noviembre, ya había varios detenidos, entre ellos varios estudiantes de la UNAM. Sin embargo, la represión había dejado una lección clara para el movimiento estudiantil. Frente al Estado, todos los detenidos en movilizaciones o acciones de protesta eran nuestros presos.

20 de noviembre, el punto más álgido

El 20 de noviembre fue el día que se expresó de forma más contundente el descontento en las calles. Desde las 4 y hasta las 8, cientos de miles de personas, trabajadores, estudiantes, mujeres y jóvenes abarrotaron el Zócalo de la CDMX, con contingentes que no paraban de llegar.

El Estado lo sabía. Si debía dar un mensaje claro, debía ser en ese momento. Así que alrededor de las 8 pm cientos de granaderos, y elementos de la policía aventaron petardos hacia los manifestantes, una vez propagado el pánico, se detuvieron arbitrariamente a 11 jóvenes, entre ellos 3 estudiantes de la FCPyS.

El sábado 22 de noviembre, estos estudiantes, que en realidad pudieron haber sido cualquiera de nosotros fueron enviados a penales de máxima seguridad. Fueron liberados en menos de una semana, por la presión que tuvo alcances incluso a nivel internacional. El mensaje llegó a los huesos de los miles de estudiantes: en verdad nos estábamos enfrentando al Estado.

¿Que faltó?

A pesar de que el ánimo estaba en su mayor punto, era notorio también el desgaste de los estudiantes que le dábamos vida. El Estado había tratado de golpearnos en múltiples momentos, como fue con su cínico anuncio de su “verdad histórica” que se difundió por los medios de comunicación ante los ojos atónitos de esta rabiosa generación.

No les creímos y seguimos sin creerles. No obstante, la impotencia y la rabia, aunado a cuestiones objetivas, como final del semestre que implicó vaciar las universidades como núcleo de la organización y discusión, terminó por disgregar las fuerzas.

El principal error, que nos costó caro, fue no hacer un llamado más enérgico a otros sectores en lucha, como el magisterio combativo que había salido apenas un año atrás, para que los estudiantes no la peleáramos solos.

Pero sobre todo, y esta fue la posición de quienes conformábamos la juventud del MTS en aquel momento, debimos pelear porque la base de trabajadores, aglutinados en sindicatos, en gran parte sometidos a sus direcciones sindicales canallas, hicieran un llamado a paro nacional desde la base. Nuestro objetivo era empalmar la profunda rabia de trabajadores y estudiantes, en una acción de unidad capaz de paralizar las ganancias de capitalistas y empresarios, hasta que aparecieran nuestros 43. Con la fuerza que se tenía en ese momento, era totalmente posible.

¿Qué nos queda?

Hace apenas unas semanas, las movilizaciones que se desprendieron de la invitación de Ricardo Anaya a la FCPyS como docente de un diplomado, terminaron en un fuerte cuestionamiento a la estructura antidemocrática de la universidad y en la discusión sobre la necesidad de defender la educación pública y gratuita.

Esta conexión no es fortuita, es la respuesta de una generación que no olvida, que sabe el potencial del movimiento estudiantil organizado, que masificando sus propios espacios de organización y discusión política, puede llegar a cambiar la correlación de fuerzas con las autoridades e incluso con el Estado.

Este texto no pretende ser una rememoración histórica, sino un pedazo de memoria de quienes lo tuvimos todo en nuestras manos, obsequiado para las nuevas generaciones, para que no olvidemos que el ejército en las calles, como es ahora la Guardia Nacional, no es algo nuevo. Que mientras ellos “se reconcilian” y perdonan a los responsables de esta masacre, nosotros no olvidamos y no perdonamos. A 5 años la exigencia por nuestros 43 sigue siendo ¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!






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