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Red Internacional

La preocupación e inconformidad priman en el magisterio ante el regreso forzado a clases presenciales, impuesto por la SEP en plena tercera ola de la pandemia en México. Tras la primera semana de clases, los contagios en las escuelas comienzan a multiplicarse. Ante ello, ¿qué propone la CNTE?

Miércoles 8 de septiembre | 19:58

Sin tomar en cuenta la opinión de las maestras y madres de familia, el regreso a clases presenciales fue impulsado por instituciones y organismos financieros internacionales - como la UNICEF, la UNESCO y el Banco Mundial -, el gobierno federal, la SEP, los empresarios y la Iglesia.

Distinto a lo que plantea el discurso oficial, dicho regreso se ha dado sin que existan condiciones realmente seguras, exponiendo a contagios de covid a toda la comunidad escolar y a nuestras familias, lo que ya está empezando a ocurrir.

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Aunque el presidente aseguró que el regreso a clases presenciales sería voluntario, en la mayoría de las escuelas se impusieron mecanismos para forzar la asistencia, a partir del Acuerdo 23/08/21, publicado en el Diario Oficial de la Federación, sin respetar los acuerdos de los Consejos Técnicos Escolares, sin permitirnos atender a distancia a las alumnas y alumnos que decidieran no acudir y tratando de impedir que nos comunicáramos y organizáramos, para enfrentar esto, con las madres y los padres de familia.

La respuesta de la CNTE

Ante esta situación, mientras los charros del SNTE avalaron la política oficial incondicionalmente, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) - que agrupa a un importante sector del magisterio combativo en varios estados del país -, realizó una consulta a madres y padres de familia para denunciar las condiciones precarias de las escuelas y cuestionó el regreso forzado a las mismas, reclamando que éste fuera realmente voluntario.

Algunas secciones sindicales dirigidas por la Coordinadora, como la 22 de Oaxaca, sostuvieron que no regresarán a clases presenciales en estas condiciones; la 18 de Michoacán también se opuso, hasta que el gobierno del estado (encabezado por el perredista Silvano Aureoles) pague los salarios que les debe a los maestros y les garantice el pago oportuno de sus próximas quincenas.

En Chiapas, maestros de la sección 7 y 40, trabajadores de la salud y estudiantes normalistas se manifestaron hace algunos días ante la visita de AMLO a la entidad, exigiéndole que atienda sus demandas, por lo que el presidente los acusó de chantajistas y de “hacerle el juego a la derecha”.

Por su parte, la sección 9 democrática, que agrupa a maestras y maestros de preescolar y primaria de la CDMX, convocó a asambleas masivas para discutir sobre el regreso a clases, en las que participaron cientos de compañeras y compañeros, que acordaron movilizarse a la SEP.

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Todo esto evidenció que existe descontento con la situación y cierta disposición a organizarse y pronunciarse por parte de un sector crítico de la base magisterial.

Sin embargo, la postura de los dirigentes de la CNTE no ha sido unitaria, sino diferenciada por estado, aunque tiene en común que está enfocada en que se reabra la mesa de negociación con el gobierno federal, luego de 18 mesas previas en las que no se resolvieron plenamente las demandas del movimiento magisterial.

Mientras tanto, a las maestras y maestros que buscan orientación en la CNTE, desde la misma se les plantea organizarse y resistir sin miedo desde sus escuelas, sin tener en cuenta las condiciones que hay en cada una, sin proponerles una política para fortalecerse y coordinarse, ni impulsar un plan de lucha unitario a nivel nacional, que es lo que hace falta para poder enfrentar el duro ataque de los gobiernos federal y estatales.

Siendo así, las acciones que llegan a convocarse, como la marcha del Zócalo a la SEP del pasado 27 de agosto, además de mostrar poca fuerza al no ser debidamente preparadas y organizadas mediante el convencimiento paciente de maestras y maestros, escuela por escuela, zona por zona y sección por sección, son orientadas una y otra vez a la búsqueda impotente del diálogo con el gobierno, en vez de buscar fortalecer al movimiento para poder imponer nuestras demandas con la movilización unitaria.

¿Qué necesitamos para conquistar condiciones seguras?

Aunque AMLO prometió la “revalorización” del magisterio, es evidente que la situación de las trabajadoras y trabajadores de la educación sigue empeorando. La reforma educativa neoliberal está vigente, como muestran los procesos del Sistema para la Carrera de Maestras y Maestros (antes Servicio Profesional Docente), que sirven para desplazar o negarles el derecho al trabajo y a la estabilidad laboral a miles de personas que desean ejercer la docencia.

El propio presidente ha querido desprestigiar a las maestras y maestros que con justa razón lo cuestionan, como sucedió en Chiapas; sigue la represión contra los normalistas que luchan por defender sus escuelas, las cuales cada vez tienen menos presupuesto; los egresados de las mismas no tienen asegurado su trabajo y tienen que competir por una plaza con otros miles de profesionistas. Mientras tanto, priman los contratos temporales para las nuevas generaciones de maestras y maestros, que luego son desplazados; se devaluaron las pensiones de los jubilados al calcularlas en UMAS; los salarios siguen siendo miserables, y un largo etcétera. Poco o nada ha cambiado.

Ante esta situación, la CNTE sigue siendo un referente de lucha para miles de maestras y maestros de todo el país y podría serlo para muchxs más. Sin embargo, su política conciliadora con el gobierno de la 4T, la cual siembra confianza en que éste tarde o temprano resolverá nuestras demandas, sin necesidad de una lucha superior a la que se ha dado hasta ahora, lleva a la impotencia y desmotiva a las maestras y maestros que quieren hacer algo para enfrentar la situación, impedir más contagios y fallecimientos y lograr un cambio real en la educación.

Soy maestra de primaria en la CDMX y he participado en las asambleas de la sección 9 democrática, así como en las acciones que ahí se han acordado. Les he cuestionado fraternalmente a los compañeros que las encabezan, la confianza que suelen depositar en la buena voluntad del gobierno y su propuesta de que resistamos solo desde nuestras escuelas.

Me parece que hoy más que nunca necesitamos la unidad de todo el magisterio nacional, impulsando asambleas o comités en cada escuela, que se coordinen por zona y por sección, para que la base se organice y tome sus propias decisiones, promoviendo la alianza con las madres y los padres de familia.

Así como asambleas o comités en cada entidad, en los que participen no solo las maestras y maestros de educación básica, sino también los de media superior y superior, de instituciones públicas y privadas, así como estudiantes, porque el golpe es contra toda la educación pública.

La CNTE tiene la posibilidad y la tarea impostergable de llamar a la unidad e impulsarla en los hechos, para acordar y comenzar a poner en marcha un plan de lucha nacional, con independencia del gobierno y las instituciones, que permita realmente conquistar nuestras demandas.

Para denunciar las condiciones de las escuelas pero también exigir un aumento sustancial al presupuesto educativo que permita mejorarlas y construir nuevas, con el fin de abatir el hacinamiento; garantizar insumos sanitarios y servicios básicos (agua, luz, internet, etc.); contar con personal médico y psicólogos; desarrollar vacunas para la infancia y que esté vacunada a la brevedad toda la población, entre otras medidas necesarias.




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