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Red Internacional

Hoy, diversos sectores del gremio educativo, de todos sus niveles, están en lucha, porque el gobierno de la 4T no ha cumplido las expectativas de cambio y, por el contrario, se profundizó en la precariedad, tanto laboral como educativa.

Arturo RendónAcadémico de la agrupación Nuestra Clase

Jueves 25 de marzo | 11:38

Este miércoles llegó al Zócalo capitalino la Caravana del Sur de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), con miles de maestros y maestras provenientes de Sonora, Durango, Chiapas, Guerrero, Oaxaca así como de las secciones 9 y 10 de la CDMX. Sus demandas: la reanudación de las mesas de negociación con el gobierno, dado que, después de 18 mesas y 7 compromisos de acuerdo, nada se ha cumplido en los últimos dos años. Por el contrario, hoy se suma el reclamo de cancelación de las UMA que empobrece el ingreso de los jubilados del Estado, y se sostiene la exigencia de reinstalación de profesores despedidos, de basificación, pagos adeudados y condiciones dignas de trabajo, pues, en pandemia, se ha precarizado aún más la labor docente.

Con demandas parecidas vienen reclamando los profesores de asignatura de la UNAM, quienes iniciaron su movimiento denunciando la falta de pago en la Facultad de Ciencias, y ya se les unieron 17 facultades por la misma causa, donde salió a relucir que, más de 40 mil maestros y maestras del nivel superior también padecen de inestabilidad laboral y total precarización. Esta demanda se tradujo en paros con apoyo masivo de sus alumnos, quienes perciben claramente la injusticia. El movimiento estudiantil que está surgiendo en la UNAM en solidaridad con los profesores es un fenómeno político enormemente progresivo por sus demandas y sus métodos de lucha.

Esta situación de precariedad también se da en el nivel medio superior, pues hoy, 150 trabajadoras de intendencia del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) de la CDMX, mantienen un plantón frente del Senado de la República, por despidos injustificados en medio de la pandemia, y condiciones indignas de trabajo.
La movilización que se está gestando marca una tendencia al cambio —que hay que apostar a desarrollar— respecto a la situación de pasividad de los meses previos, resultado, en gran medida, de la acción de las direcciones sindicales y su tregua con el gobierno.

Pero ¿qué es lo que está pasando hoy con la educación superior en tiempos de la 4T? ¿Qué ha cambiado?

La Reforma Educativa y la Ley General de Educación Superior (LGES)

En 2019, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aprobó con su fuerza parlamentaria la nueva Reforma Educativa, la cual fue denunciada por especialistas y por sectores del magisterio, de ser una continuación, en un 90%, de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto. Al mantener el régimen de excepción laboral para los maestros de primaria y secundaria, restableció la carrera magisterial con otro nombre, lo que fomenta la desigualdad salarial y división entre los docentes y estableció el Nuevo Modelo Educativo pro empresarial y privatizador.

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Aunque iba dirigida, principalmente, al nivel básico, con ella también se apunta a la educación pública superior, pues reforzó los mecanismos de selección que dejan a miles de jóvenes fuera del sistema educativo cada año, elevando a rango constitucional estos filtros discriminatorios. En este punto es donde se revela que existe un ataque generalizado contra la educación pública de conjunto, pues, el ataque se da, tanto en nivel básico como a nivel superior y medio superior, como muestra tenemos la Ley General de Educación Superior (LGES), que se aprobó en marzo 2021, la cual no es más que un reforzamiento de la Reforma Educativa en las universidades y preparatorias.

Fue por esa razón que, las tres principales federaciones del sindicalismo universitario, -la FNSU, la CONTU y la CNSUECIC-, lanzaron un comunicado de prensa conjunto para manifestar su rechazo a la Ley General de Educación Superior. Por ejemplo, en el artículo 4° de la LGES se faculta a las universidades de imponer requisitos adicionales para poder realizar estudios superiores, una de las pautas similares al contenido de la Reforma Educativa, como a la vez, en sus artículos menciona que se establece la gratuidad de la educación del nivel universitario, aclarado, a renglón seguido …(de manera gradual y, siempre y cuando, haya presupuesto), cuando, irónicamente, ha sido el propio gobierno quien se ha negado a aumentar el presupuesto en dicho sector.

También, se vincula a las instituciones de educación superior con la necesidad de los sectores social, productivo y económico, es decir, se abre la puerta a la iniciativa privada y a los modelos empresariales, justo como ocurre en la educación básica. Por otro lado, esta ley no toca para nada el tema laboral, por lo que, ante la altísima precarización en las universidades, la flamante Ley no contempla en absoluto que las instituciones basifiquen a las y los maestros, dando luz verde a la continuidad y profundización de condiciones deplorables de trabajo para los profesores de asignatura.

Por otra parte, pero en la misma sintonía, la 4T, modificó el reglamento del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACyT, pero no para terminar con las desigualdades salariales entre los docentes, sino para profundizarlas concentrando los estímulos en ciertas áreas.

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Desigualdad social, precarización y pandemia

Las condiciones de precariedad laboral y la falta de atención a las condiciones educativas adecuadas durante la pandemia (como el suministrar internet gratuito, equipo de cómputo y material de trabajo en las casas) han ahondado el rezago educativo tanto para los maestros y maestras, como para los alumnos y alumnas. Muestra de ello es la Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación, ya que 435 mil estudiantes de tres a 29 años no concluyeron el ciclo escolar, en 58.9% de los casos tuvo que ver la pandemia de la Covid-19.

El segundo motivo de abandono del estudio, fue la falta de dinero: un 8.9% de los alumnos afirmó esto, lo que representa a 65 mil niños, niñas y jóvenes. Por otra parte, el 6.7%, es decir 49 mil de ellos, abandonaron sus estudios porque tenían que trabajar; el 29% de los estudiantes que no concluyeron el ciclo escolar, se indica que perdió contacto con sus maestros o no pudo hacer las tareas, mientras que el 22% porque alguien de la vivienda se quedó sin trabajo o porque se redujeron sus ingresos, y un 20% porque la escuela cerró de manera definitiva.

Ante esta realidad nos surgen dos preguntas ¿bajo estas condiciones el gobierno pretende hablarnos de una nueva normalidad y de la vuelta a clases presenciales? ¿qué podemos hacer entonces profesores, trabajadores administrativos y estudiantes?

Lo que nos queda hoy por delante es justo lo que están haciendo los maestros de la CNTE, las trabajadoras del IEMS o los profesores de la UNAM junto a los estudiantes, organizarnos para luchar por condiciones dignas, tanto de estudio como de trabajo, pero no de manera aislada sino en unidad de todo el sector educativo, en defensa de la educación pública y gratuita. Hace falta superar las divisiones entre los distintos niveles educativos, entre profesores, administrativos y personal de intendencia, y entre el sector público y privado que fomentan direcciones sindicales como el SNTE y las autoridades.

Es necesario imponerle al gobierno, en las calles, con todas las medidas sanitarias, un regreso a clases seguro, cuando haya condiciones para ello, así como la resolución de todas las demandas que hoy plantean los sectores en lucha, dirigidas a terminar con la precarización de la vida.

Para esto, desde el Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas y las agrupaciones de trabajadores al interior del sector educativo, consideramos fundamental la coordinación de los sectores que se movilizan en defensa de la educación pública y de sus conquistas laborales.

Es fundamental impulsar unitariamente un gran Encuentro Nacional, con representantes electos democráticamente desde la base, donde se discuta un pliego de demandas comunes —que retome en primer lugar la lucha contra la precarización laboral y las reformas reaccionarias— y un plan de acción de todo el sector educativo, que incluya, por ejemplo, proponer y organizar un paro conjunto. Y que a la vez busque la solidaridad y unidad con otros sectores de trabajadores que están resistiendo la precarización y los embates del gobierno y los patrones, como las y los trabajadoras de Notimex.

Desde la convocatoria a este Encuentro unitario, hay que exigirles a las centrales sindicales que se reclaman democráticas —como la Unión Nacional de Trabajadores, en la cual es parte destacada el STUNAM— que rompan la actual tregua contra el gobierno y pongan todas sus fuerzas al servicio de movilizar a las y los trabajadores universitarios y de la educación, para que seamos cientos de miles en las calles.




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