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John Ackerman y su defensa de la “cumbre” AMLO-Trump

En una columna publicada este lunes en La Jornada, el politólogo y morenista John Ackerman defiende la visita que López Obrador realizará a Estados Unidos, con el fin de entrevistarse con Donald Trump.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Lunes 29 de junio | 15:56

Ackerman es un personaje polémico, incluso al interior del MORENA. Está identificado como uno de los exponentes del ala “radical” de ese partido. Sin embargo, su justificación de la visita de AMLO a EE UU no tiene nada de radical.

En su artículo, discute con quienes comparan el viaje de AMLO con el que realizó, hace 4 años, el ex presidente Enrique Peña Nieto, y sostiene que -a diferencia de éste- AMLO no busca apoyar a Trump.

Allí sostiene “Los críticos señalan que con su visita a Washington, López Obrador estaría haciéndole el caldo gordo a Trump y avalando su discurso racista y anti mexicano. Nada más lejano a la verdad.”.

¿Cómo justifica esta afirmación?

Primero, en algo que sólo puede definirse como una expresión de deseo: “No habrá subordinación alguna, sino un respetuoso intercambio de puntos de vista y planes para fortalecer la economía de la región norteamericana.”.

Luego, para fundamentar su afirmación, compara a AMLO con el expresidente estadounidense Richard Nixon, quien en 1972 visitó la China de Mao Tse Tung. Según Ackerman, Nixon, “defendió con dignidad los intereses de su país”. Eso sería un ejemplo de que AMLO también podría hacer lo mismo; encontrarse con alguien que tiene puntos de vista distintos, y defender sus intereses.

Los ejemplos de Ackerman: Richard Nixon choca la mención a Nixon y que Ackerman lo embellezca de semejante manera, presentándolo como un “defensor de la dignidad”.

La administración del republicano Nixon -cuyo historial fue profundamente reaccionario desde sus inicios en la política- estuvo por detrás del sangriento golpe de estado en Chile, una de las más terribles expresiones de la política imperialista estadounidense en esos años, la cual también incluyó la guerra de Vietnam, de la cual EE.UU. se retiró sólo cuando no pudo doblegar al heroico pueblo vietnamita.

Además, la campaña de Nixon en 1968 se centró en el lema “Ley y Orden”, una respuesta reaccionaria a la rebelión negra que recorrió entonces Estados Unidos. ¡Justo ahora que una nueva rebelión encabezada por los afroamericanos recorre el corazón del imperialismo estadounidense, a Ackerman no se le ocurre “mejor” ejemplo! Esto es una verdadera prueba de que los intelectuales de Morena, tan preocupados por justificar la “cumbre”, “ni oyen ni ven” las movilizaciones contra Trump.

Por otra parte, la comparación es un verdadero dislate. Nixon era el presidente de la principal potencia mundial. AMLO está al frente de un país que es sojuzgado y oprimido por el imperialismo estadounidense. Y como veremos, su historial está lejos de la soberanía.

AMLO y Trump, buenos amigos

Ackerman nos dice entonces que “no habrá subordinación alguna”. Pero esto no tiene ningún fundamento: esa subordinación ya existe.

Como decimos aquí, López Obrador y su canciller no sólo aceptaron -en plena pandemia- la deportación de decenas de miles de connacionales, sino que colaboraron en la deportación de decenas de miles de migrantes centroamericanos.

Hoy, con la creación de la Guardia Nacional, en Norteamérica hay dos muros: uno a la altura del río Bravo y el otro al sur, en el río Suchiate, con dos llaves y el mismo dueño. Esto marca una continuidad respecto a la política de sumisión que mostraron los anteriores gobiernos neoliberales.

Ahora, el anuncio de la cumbre viene precedida de gestos de amistad mutua: AMLO agradeciendo a Trump todo su apoyo, y éste diciendo que el presidente mexicano “es un buen tipo”. La próxima visita, y estos preámbulos, son parte de los intentos del gobierno por afianzar las relaciones con la Casa Blanca, en un momento en que la economía mexicana es de las más golpeadas a nivel internacional. Y para esto también es que impulsó la reactivación industrial, de acuerdo a las exigencias de las transnacionales y el gobierno de EEUU, sin importarle que millones de trabajadores sufren un aumento de contagios y fallecimientos.

Por eso que AMLO no duda en entrevistarse con Trump. Justo en momentos en que éste enfrenta las movilizaciones más importantes de su mandato. Justo cuando anunció que buscará suspender el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) contra los llamados “dreamers”, suscitando el repudio de latinos y migrantes. Pero de todo esto, López Obrador no dice una palabra. Por eso su visita sí es un verdadero espaldarazo para Trump.

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La Cuarta Transformación -a pesar de su retórica “progresista”- no rompe ni cuestiona la dependencia y subordinación económica y política del país al imperialismo estadounidense. Esa relación se expresa en distintos planos: en los acuerdos comerciales, en la llamada guerra contra las drogas impuesta por las distintas administraciones estadounidenses, y también en la aceptación de las políticas antimigrantes impuestas durante décadas por demócratas y republicanos.
Aunque Ackerman y otros pretenda justificarlo, los hechos hablan por sí mismos. Y la visita de AMLO es una nueva muestra de dependencia y subordinación al imperialismo y al gobierno estadounidense.

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