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Red Internacional

La inflación en México se ha incrementado significativamente durante los últimos cuatro años, provocando una sensible pérdida del poder adquisitivo de los salarios, es decir, sus consecuencias recaen sobre todo contra los trabajadores.

Miércoles 10 de noviembre de 2021 | 22:02

La inflación en México es la más alta de los últimos cuatro años, según cifras que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), la inflación se ubicó en 6.24 % durante el mes de octubre, el porcentaje más alto desde diciembre de 2017, siendo que se había estimado en 6.16 %, con lo cual estuvo por encima de los previsto. Esto tiene que ver con el incremento de los precios de los alimentos y los combustibles.

Las mercancías de uso común (bienes y servicios) que más subieron fueron la electricidad (18.8 %); el gas doméstico LP (8.20 %); la cebolla (19.33 %); el huevo (4.51 %); el tomate verde (25.55 %) y la carne de res (1.23 %). Mientras los que más disminuyeron fueron el jitomate (8.47 %); el pollo (2.72 %); la naranja (17.71 %); el aguacate (8.62 %); y la gasolina de bajo octanaje (0.36 %).

Los estados que se vieron más afectados por las presiones inflacionarias fueron: Tabasco, con un 2.45 %; Coahuila, con 2.29 %; Nuevo León con un 2.26 % y Campeche con 1.75 % por encima de la media nacional.

Altos precios y salarios magros

En México, el salario mínimo para 2021 es de 141.70 pesos diarios, que son percibidos por 57.1 millones de trabajadores, de los cuales sólo 2 de cada 100 perciben más de 18,483 pesos al mes, un sueldo equivalente a cinco salarios mínimos, mientras que 31% gana de 0 a 3,697 pesos mensuales, o sea, un salario mínimo. Lo que nos indica en primer lugar que los sueldos son muy bajos y claramente insuficientes, porque en los hogares se gastan en promedio 15,799 pesos mensuales para el mantenimiento del hogar y el pago de deudas.

Si observamos los promedios de salario mensual, vemos que para que un hogar pueda funcionar necesita más de una fuente de ingresos. Con una sola persona trabajando no alcanza, se requieren varios miembros de la familia laborando para completar el gasto, lo que nos muestra lo bajo que son los salarios en realidad. Ya que una canasta básica alimentaria representa 3,383 pesos mensuales en zonas urbanas, de acuerdo con el Coneval, 57% del gasto de los hogares se destina sólo a la alimentación y el transporte, lo que niega el acceso constante a otros bienes y servicios.

Así, mientras que la inflación se incrementa aceleradamente, los salarios no lo hacen al mismo ritmo; esto más allá de que los aumentos salariales durante el gobierno de AMLO han sido relativamente superiores a los sexenios anteriores, lo cual sin embargo se mostró insuficiente para cubrir el consumo imprescindible y los gastos básicos, como planteamos arriba. Veamos las cifras: a inicios del 2021, el salario mínimo se incrementó 15%, impulsado por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que significó pasar de 123.22 pesos mensuales a 141.70 pesos mensuales. Lo cierto es que las presiones inflacionarias han provocado que ese incremento se reduzca, en términos reales, a un 8.7%, es decir, la subida de los precios hizo perder poder adquisitivo a los salarios en lo que va del año, según cifras de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami).

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Mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores

La inflación se produce fundamentalmente por presiones del “mercado”. Por ejemplo, cuando se dan incrementos en los costos de producción de las empresas, como puede ser en los precios de las materias primas, los empresarios tienden a trasladar dichos aumentos al consumidor final para mantener sus ganancias.

La población trabajadora se encuentra así sujeta a los vaivenes de las ganancias del capital. Cuando éste no logra recuperar lo invertido incrementando las ventas, lo hace incrementando los precios. Incluso si hay un incremento de salarios por el que se sienten afectados, también incrementan los precios, produciendo la inflación.

En ese sentido se requieren medidas que eviten que las pérdidas de los empresarios -que son el resultado de la irracionalidad y la voracidad capitalista- se descarguen contra la población trabajadora. En primer lugar, se requiere de un aumento salarial de emergencia que de verdad cubra la canasta básica y que en unos meses no pierdan su poder adquisitivo ante la inflación. Lo cual requiere que los salarios se incrementen de acuerdo a la inflación real, para que la clase obrera pueda mejorar sus condiciones de vida. Esto debe ir acompañado por el control de precios, a manos de comités obreros y populares. Ya que el mercado no debe ser el que los regule sino el Estado; estas regulaciones deben ir acordes a las necesidades sociales y no acorde a las ganancias del capital.

Pero esto no se va a lograr solo. Lo cierto es que se necesita la movilización de los sindicatos y los trabajadores en general, ya que como se ha demostrado, ni los partidos neoliberales (PRI, PAN, PRD, etc.) ni el Morena están dispuestos a tocar las fortunas de los grandes empresarios. La solución no puede venir de la mano de ellos, sino de la fuerza organizada del proletariado mexicano y el pueblo pobre, de la movilización independiente que le imponga estas medidas a los de arriba.




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