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Red Internacional

Durante septiembre la inflación acumula un 6 %, encareciendo productos indispensables en el día a día de las y los trabajadores mexicanos y depreciando el valor adquisitivo de nuestros bajos salarios.

Viernes 8 de octubre | 17:53

De acuerdo al último informe presentado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), México tuvo durante el mes de septiembre la subida más importante presentada desde abril en el Índice Nacional de Precios del Consumidor (IPC). La tasa mensual subió un 0,62%, acumulando un 6% anual.

Estos índices superan por mucho los datos del año 2020, que en el mismo mes se colocaron en 0.23%, acumulando un 4.01% anual.

Superan también el objetivo de inflación estimado por el Banco de México (Banxico) que es del 3%, con más o menos de 1% de error, estimándose entre el 2 y 4 %. Además, colocan a septiembre como el séptimo mes consecutivo en que la inflación se coloca por encima del estimado.

La inflación subyacente anual, que excluye artículos volátiles como los combustibles, alcanzó el 4.92% colocándose a niveles no vistos desde agosto de 2017.

De manera anual los precios de los agropecuarios han crecido 10.41% y las tarifas energéticas se han elevado un 8.55%. En efecto, el índice de precios de la canasta básica, que actualmente está conformada por 176 productos y servicios, presentó un aumento de 0.78% en el mes anterior y de 6.87% anual.

El pronóstico para los siguientes meses es la continuidad de la alza en la inflación, colocando como riesgo para incentivar esta tendencia: la depreciación del tipo de cambio, el incremento en energéticos y el próximo aumento en el salario mínimo.

¿Qué conlleva la inflación para las familias trabajadoras?

Para la clase trabajadora y el pueblo pobre, la inflación se traduce en una disminución de nuestro poder adquisitivo, si de por si nuestros salarios tienen que ser estirados para llegar a fin de mes con lo básico, hoy hay productos esenciales en nuestra dieta que no nos podremos dar el “lujo” de comprar.

Pues dentro de los productos que más se han encarecido están el chile serrano que aumentó un 54,39%, los ejotes con un 50,29%, el jitomate con un 32,25%, el gas doméstico LP con un 20,63%, la carne de cerdo con 17,45%, la gasolina de alto octanaje con 16,84% y el gas natural con 15,25%.

La crisis económica y sanitaria, provocada por el Covid-19, ha, tenido como consecuencia el aumento de la pobreza; el desempleo; el aumento de la precarización laboral (con bajas salariales o recortes de prestaciones); el endeudamiento para costear atención médica, medicinas o gastos funerarios; la pérdida de algún sostén de la familia, etc.

A pesar de las declaraciones del gobierno sobre la recuperación económica y la creación de nuevos empleos, la mayoría de las familias trabajadoras no han recuperado las condiciones de vida que tenían previas a la pandemia, aún cuando estas fueran también insuficientes para cubrir sus necesidades.

El aumento de la inflación también podría influenciar para el aumento de las tasas de interés, siendo el crédito el único medio a través del cual las familias pueden obtener un patrimonio.

Pero esta realidad no es la misma para todos, pues mientras las grandes mayorías siempre perdemos y tenemos que preocuparnos por el aumento del precio de productos básicos, los grandes empresarios mexicanos, como Slim, Salinas Pliego o Larrea, han aumentado su fortuna durante la pandemia, a costa nuestra explotación y la exposición de nuestra salud.

Frente a este panorama, una lucha urgente —que tiene que ser impulsada por las grandes centrales sindicales que se reivindican democráticas— es la demanda de aumento salarial, que cubra mínimamente con el costo de la canasta básica y se ajuste al aumento de la inflación, porque la clase trabajadora no debemos pagar una crisis que no provocamos.




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