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Red Internacional

SALUD MENTAL.Infancia y salud mental en la pandemia

A casi un año de permanecer bajo cuarentena, las niñas y niños del país y del mundo sufren los estragos de un capitalismo aplastante al que no le importa la infancia proletaria.

Domingo 7 de marzo | 16:29
Imagen: LuisAretio.com

La infancia es uno de los sectores más golpeados en la pandemia. A nivel mundial, según datos de la Unicef, al menos “1 de cada 7 niños y jóvenes han vivido bajo políticas de confinamiento en el hogar”. En otras palabras, 337 millones de niñxs en todo el mundo viven bajo la cuarentena obligatoria. Esto provoca los trastornos que afectan a las infancias del mundo; sin embargo, el colapso de millones de mentes jóvenes se debe, también, a las condiciones en que vive la juventud y la niñez, en especial la que pertenece a los sectores precarizados; es decir, la gran mayoría de la población.

En el caso de China, el país de origen del virus, un estudio realizado en 194 ciudades demuestra que durante la pandemia los síntomas de depresión y de ansiedad aumentaron un 16% y 23% en la población infantil encuestada. La acumulación de los padecimientos de estos niñxs se debe, principalmente, a un confinamiento en condiciones precarias, por no decir “inhumanas”.

En Latinoamérica, la situación se vive peor. Los casos de niños y niñas que trabajan en condiciones de explotación laboral en el continente han aumentado por la pandemia. En otras palabras, aunque el confinamiento se imponga, no se acata, pues es necesario llevar comida a la casa; esto implica que mayor población se exponga al contagio, evidenciando así que al capitalismo no le preocupa utilizar a los niños como carne de cañón para así acrecentar sus ganancias.

Trabajo y explotación infantil: luchar por el porvenir de nuestra clase

Con lo anterior, es obvio que en el mundo hay infancias explotadas, las cuales, viven en una realidad tan miserable que en ningún momento piensan en el estudio, pues el Estado se los ha negado. Casi el 70% de los niños a nivel mundial no tiene posibilidades de tomar clases en línea, un dato verdaderamente triste si se toma en cuenta la cantidad de aparatos electrónicos se que producen al día.

La producción de bienes electrónicos sólo está para el goce de las clases altas, haciendo que los empresarios lucren con el trabajo de millones de empleados.
Desafortunadamente, bajo este sistema, son muy pocos aquellos que pueden cubrir los requisitos que exigen las clases virtuales: internet propio (con buena capacidad), por lo menos un teléfono inteligente y una computadora, así como los útiles escolares básicos (cuadernos, lápices y otras papelerías). Es una realidad que un trabajador promedio no puede pagar estos insumos, pues los sueldos son excesivamente miserables, aún con jornadas de trabajo mayores a las ocho horas.

Por otra parte, quienes tienen el privilegio de tomar clases presenciales, están bajo un estrés sin precedentes. Someterse a estar frente a un aparato todo el día, en una casa pobre y reducida, porque en el capitalismo la vivienda es un negocio que pocos pueden costear. Además, es una irresponsabilidad total por parte del gobierno al forzar la escuela, pues deja rezagados a millones de alumnos de todos los grados.

No es de sorprendernos que la infancia esté sufriendo lo peor de un capitalismo decadente. Si en la "normalidad" los gobiernos invierten lo mínimo en la salud mental de sus habitantes, ahora, en la pandemia, con los sistemas de salud en pésimas condiciones, los servicios psicológicos están colapsados o simplemente son un negocio con jugosas recompensas para los empresarios, los cuales lucran con los problemas de una infancia proletaria.

Es deber de la clase trabajadora luchar contra un sistema que atenta contra la vida, contra la infancia. La estabilidad psicológica y mental de los niños depende de las condiciones del proletariado. Es una realidad que el hijo burgués tiene todas las comodidades para llevar una cuarentena digna; y si este niño privilegiado puede tener algún padecimiento mental, aún con toda esa comodidad pagada con la explotación de millones, es obvio que el niño proletario la pasará infinitamente peor.

Cuestionemos a los medios de comunicación que informan a medias y se callan al momento de hablar de la evidente realidad: la desigualdad y la explotación son el verdadero problema y origen de las complicaciones psicológicas en esta cuarentena.




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