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Red Internacional

El paso del huracán Pamela arrasó Nayarit, dejando al menos 9 mil damnificados, zonas incomunicadas por inundaciones y destrucción de caminos. Mujeres de la Red Observatorio Nayarit de la cuenca del San Pedro y de Acaponeta, damnificadas por el huracán, elaboraron un Diagnóstico General Comunitario del impacto.

Emilia Macías@EmiliaMacas1

Martes 19 de octubre | 14:38

Las afectaciones más destacadas son la falta de agua potable (urgente), los daños infraestructurales y la falta de alimentos en comunidades como Tamarindo, Pajaritos, Agua Verde y Los Sandovales, que al menos estos dos últimos continúan inundados con aproximadamente un metro de altura. Los municipios principalmente afectados son Huajicori, Acaponeta, Tecuala, Tuxpan, Ruíz, Rosamorada, Santiago Ixcuintla y San Blas.

A pesar de que el gobernador Miguel Ángel Navarro ha dicho que ha visitado los municipios siniestrados y acompañado a las personas que han resultado damnificadas, las mujeres de la Red Observatorio Nayarit, han denunciado la falta de ayuda en las comunidades alejadas de las cabeceras municipales. Solicitaron apoyo a toda la comunidad estudiantil para llevar productos de higiene, medicamentos, alimentos, entre otras cosas a la comunidad de Tuxpan.

El huracán también provocó el origen de un socavón en la carretera de Acaponeta-Tecuala por la presión del agua durante su paso, el desbordamiento de los ríos Acaponeta y San Pedro, afectando la comunicación en la autopista Tepic-Mazatlán y los accesos a la carretera Acaponeta-Tecuala, afectaciones a la Comarca Lagunera y daños en las viviendas.

Además, el Sistema Meteorológico Nacional avisó en sus pronósticos que el miércoles, los remantes de Pamela entrarían en interacción con un frente frío, lo que significa lluvias intensas en Coahuila, Durango, Nayarit y Sinaloa.

Es cierto que cuando se trata de desastres naturales, es imposible frenar el daño que ocasionan a su paso, sin la posibilidad de intervención del ser humano, se vuelven eventos trágicos para las personas damnificadas. Pero los daños no serían tan graves si hubiera un presupuesto mayor a la inversión en obras públicas, o un plan serio de urbanización. Si fuera así, no se inundarían muchas zonas cada que llueve.

Pero muchas de estas zonas, son viviendas de los sectores pobres de la sociedad.

Donde viven los políticos, los empresarios, los ricos del país, también se podría ver el impacto de los desastres naturales, pero ellos no forman parte de las 2 mil 500 familias damnificadas por el huracán Pamela; ellos no han perdido todas sus pertenencias de la noche a la mañana; donde viven no se inunda un metro de altura, porque al gobierno le conviene mucho más la inversión en la construcción de sus colonias, mientras que en las comunidades que no son de su interés, necesitan pedir ayuda a la propia comunidad y a otras, pues se han quedado sin lo más básico: no tienen ni agua potable, alimentos o electricidad.

La solución que el gobierno ha dado en general para las consecuencias de los desastres naturales, es mandar a la Guardia Nacional para supuestamente evaluar los daños y necesidades. Al tener mayor intervención en estos rubros, se ha justificado el aumento de control sobre los servicios públicos (por tanto, pueden determinar a quién se asigna ayuda), además del constante incremento de presupuesto a esta institución a pesar de ser -según la CNDH- la institución que comete más violaciones a los derechos humanos, con más de 200 quejas.

Por otro lado, el cambio climático también tiene un papel importante aquí. Cada año, las lluvias son más fuertes, los huracanes más agresivos, los tsunamis más impredecibles y la gente es desplazada. La pobreza extrema crece de un día al otro, pues miles de personas se encuentran sin vivienda y es casi nula la ayuda por parte del Estado.

Esto no sería así si no hubiera un exterminio de los recursos naturales por parte de las grandes trasnacionales que, sin importar las severas consecuencias, continúan con la explotación de materia prima como si fuera interminable.

Es urgente que se discuta la necesidad de terminar con este sistema que prioriza la ganancia empresarial por sobre la vida y la naturaleza, generando fuertes alteraciones, el derretimiento de glaciares y de los polos, generando cada vez huracanes más fuertes que afectan la vida de millones, sobre todo de los más pobres.

No hay otra solución que toda la producción sea transformada de raíz, que esté al servicio de la clase trabajadora, en relación armónica con la naturaleza y no al servicio del puñado de capitalistas ecocidas.




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