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Historia y actualidad de la lucha por el aborto

Hoy es 25 de julio, día en que en Chile se realizará la séptima marcha por el aborto, es importante retomar las lecciones del movimiento de la marea verde y la pelea aborto legal que ha sido, por décadas, una demanda central del movimiento de mujeres internacional.

Yamila Martínez Urrutia

Estudiante de Básica en el Pedagógico y militante de Pan y Rosas.

Joseffe Cáceres

Auxiliar de aseo. Dirigenta sindical, Asociación de Funcionarios ANFUMCE ( Ex-Pedagógico). Pan y Rosas.

Jueves 25 de julio | 08:15

Durante los últimos años, y desde las masivas movilizaciones por Ni Una Menos, el movimiento de mujeres se transformó en un protagonista de las calles en el mundo entero, abriendo debates sobre el machismo, sobre los derechos de las mujeres, y también sobre el rol de la derecha, las iglesias y los empresarios para perpetuar condiciones desiguales y precarias principalmente a las mujeres trabajadoras, pobres y migrantes.

En ese sentido, el año pasado, la "marea verde" que se desarrolló en Argentina exigiendo el aborto legal, libre, seguro y gratuito, desbordó la cordillera, inundando toda América Latina peleando por un derecho que por años nos han negado los gobiernos de turno, tanto de derecha como de centro como el kirchnerismo en Argentina o la ex Concertación en Chile.

Hoy 25 de julio, día en que en Chile se realizará la séptima marcha por el aborto, es importante retomar las lecciones del movimiento de la marea verde y la pelea aborto legal que ha sido, por décadas, una demanda central del movimiento de mujeres internacional. Aún más cuando la reciente lucha de profesores, liderada por más de un 75% de mujeres, que con más de 7 semanas de impacto a nivel nacional reabrió el debate sobre las necesidades de la educación pública, de una educación no sexista y laica, y por una educación sexual científica y sin la moral de las iglesias.

Un poco de historia

La pelea por el derecho al aborto no es solo del último tiempo. Aunque las voces de los conservadores digan lo contrario, mujeres y cuerpos gestantes abortamos y siempre lo hemos hecho. La realidad es que quienes tienen dinero para costearlo lo hacen de forma segura y quienes no, en la clandestinidad y de manera riesgosa. Esta fue la verdad que las pibas argentinas relevaron diciendo que "es legal o clandestino". Por eso, el derecho a abortar en condiciones salubres y que el Estado se haga responsable ha sido por años una pelea fundamental.

La primera vez en que esta demanda se hizo efectiva, fue en el proceso de la revolución rusa de 1917, cuando trabajadoras y trabajadores tomaron su destino en sus propias manos con un gobierno de la clase trabajadora. Las y los revolucionarios de aquella época sabían que ningún sector de la humanidad puede ser libre si se mantienen las condiciones de opresión a las mujeres y, por eso, hace más de 100 años fueron pioneros de lo más avanzado que ha mostrado la historia: divorcio, aborto legal y gratuito en el hospital y sin restricciones, comedores, jardines infantiles y lavanderías populares -para socializar las tareas domésticas- e intensos debates sobre el matrimonio y la familia.

Luego de ese importante hito que cambió la vida de las mujeres en Rusia, desde la década de los 70s en la mayoría de los países capitalistas se avanzó en este derecho, aunque en su mayoría con límites y restricciones.

En Chile existen diferentes experiencias en torno a este derecho. En el año 1931 era legal el aborto terapéutico, es decir, en caso de riesgo de muerte de la persona gestante. Esta legalidad fue sobrepasada cuando en la década de los 70s, las y los trabajadores del hospital Barros Luco ampliaron esa definición, señalando que cualquier embarazo no deseado atenta contra la vida de las mujeres, especialmente las más pobres, por lo que decidieron realizarlo sin restricciones. Mostrando una vez más, como ya lo habían hecho los trabajadores en la Rusia de 1917, que es fundamental que la clase trabajadora tome la pelea por el aborto y los derechos de las mujeres en sus manos.

Fue en la década de los 80s, con la constitución de Jaime Guzmán y el dictador Pinochet, que la dictadura militar barrió con este derecho, señalando que "la madre debe tener el hijo aunque salga anormal, no lo haya deseado, sea producto de una violación o aunque de tenerlo, derive su muerte".

La pelea por un derecho que irrita a los conservadores

Desde entonces, el derecho al aborto fue negado, y la demanda de que fuese legal fue haciéndose cada vez más sentida. Y es que quienes aplastaron a este derecho son parte de los sectores de la sociedad que han buscado siempre mantener a la mujer como persona de segunda categoría, precarizando nuestras vidas y agitando ideas conservadoras sobre nuestra sexualidad. La derecha, junto a las iglesias, serviles a esta moral misógina y aliada de los empresarios, quieren mantener esa opresión sobre nosotras pues es así como podemos mantener una división de roles en que somos las mujeres quienes nos encargamos de las tareas domésticas, trabajo no remunerado que abarata las ganancias de los capitalistas.

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Pero no solo la derecha se opuso a este derecho mínimo, sino también la ex Concertación que no modificó esta ley heredada de la dictadura que nos obliga a abortos clandestinos y embarazos no deseados. Fue recién en el 2017 cuando en el Gobierno de Bachelet se avanzó parcialmente con el aborto terapéutico en caso de riesgo de muerte de la persona gestante, inviabilidad fetal y violación. Y fue solo a raíz de las importantes movilizaciones que desde el 2013 se hicieron cada vez más importantes, cuando nos impactó el caso de Belén, una niña de 11 años embarazada producto de violación, que estaba siendo obligada a parir.

Este proyecto significó un avance, pero muy por debajo de las necesidades, cubriendo solo un 3% de las razones por las que abortamos y siendo cuestionado, incluso, por la Organización Mundial de la Salud que ha recomendado que el aborto en Chile sea garantizado sin restricciones, siendo el aborto clandestino la 3ra causa de mortalidad de las mujeres.

Los grandes desafíos de la marea que inundó la lucha docente

El paro nacional que impulsaron las y los profesores durante más de 7 semanas, tuvo como protagonistas a este movimiento de mujeres que remeció Chile y el mundo los últimos años, poniendo al centro de las demandas el reconocimiento de la mención de educadoras parvularias y diferenciales. Fueron las profesoras organizadas, junto a sus colegas, las que se propusieron enfrentar al gobierno y una Ministra de educación intransigente; las mismas profesoras que el año pasado fueron parte de la marea verde y la pelea por el aborto legal. Y así, demostraron el potencial del movimiento de mujeres para articularse en unidad con otros sectores, como fue durante la movilización docente, y dinamizar franjas de la clase trabajadora, una clase trabajadora cada vez más feminizada.

Unidad que el gobierno, los empresarios y los políticos patronales no quieren que se desarrolle. Por eso, después de la enorme movilización que desplegamos el pasado 8 de marzo, la derecha buscó limitar esta fuerza, cooptando nuestras demandas con un discurso de progreso y de tener más mujeres en cargos gerenciales o ministerios; a la vez que impulsan reformas estructurales que vienen a precarizar aún más la vida de la clase trabajadora, especialmente de las mujeres que sufren la brecha salarial, los trabajos más inestables y las pensiones más bajas.

Y quienes están a la cabeza del movimiento de mujeres, en la Coordinadora Feministas en Lucha y la Coordinadora feminista 8 de marzo, y quienes dirigen organismos estudiantiles y sindicales como la Confech o el Colegio de profesores, como el Frente Amplio, no se la jugaron por impulsar la unidad de las mujeres con profesores, estudiantes o trabajadores movilizados. Buscaron quitarle el potencial revulsivo, luego de que el año pasado, cuando la marea verde impulsaba una enorme fuerza por el aborto legal, rebajaron las expectativas de esa demanda, llamando a pelear solo por la despenalización y, hoy, ni siquiera esa pelea vienen impulsando, a pesar de ser un eje que estaba en el programa electoral de Beatriz Sánchez y su promesa de un gobierno feminista.

Pero las mujeres en el mundo, siendo casi la mitad de la clase trabajadora internacional no tenemos por qué contentarnos con ese camino de migajas, pudiendo revolucionar la organización de trabajadores y estudiantes y constituir una fuerza de mujeres, jóvenes y trabajadores que conquiste demandas, como el aborto legal, libre, seguro y gratuito, y retomar la pelea por la educación pública, gratuita y no sexista. Peleando por una educación sexual integral y científica sin la moral de las iglesias y por la separación efectiva de las iglesias y el Estado.

Pero, también, que sea una oposición al gobierno, que se proponga derrotar en las calles las reformas de Piñera.

Quienes militamos en la agrupación Pan y Rosas a nivel internacional, somos las mujeres que no renunciamos a esa pelea por nuestras demandas, y por darlo vuelta todo. Sabemos que la alianza con la clase trabajadora y otros sectores de la sociedad como la juventud, la diversidad sexual y de género y los pueblos oprimidos, podemos tirar abajo al capitalismo patriarcal y cimentar las bases de una nueva sociedad en que no exista explotación ni opresión.

En esta perspectiva, marcha junto a Pan y Rosas este 25 de julio, ¡seamos miles en las calles por el aborto legal, libre, seguro y gratuito! ¡La lucha docente es la lucha de las mujeres!






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