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Red Internacional

31 de octubre. Halloween: muertos, brujas y cosechas en el origen de la fiesta de las calabazas

Como cada noche del 31 de octubre, se celebra Halloween, una fiesta de orígenes paganos que el cristianismo resignificó en los países del hemisferio norte, se extendió a los EE.UU. a mediados del siglo XIX y se masificó, mediante la internacionalización y mercantilización, recién en los años ’80.

Lunes 31 de octubre | Edición del día

Halloween es la contracción de All Hallows’ evening que significa "Víspera de Todos los Santos". La celebración, también conocida como "Noche de brujas" o "Noche de difuntos" precede a la conmemoración del cristianismo occidental de Todos los Santos, que está fechada el 1º de noviembre en el calendario eclesiástico.

Sin embargo, sus orígenes se supone que se remontan al Samhain, una festividad céltica que se celebraba al final de la temporada de cosechas, es decir, al inicio del invierno en el hemisferio norte, cuando la noche se hacía más larga y se acortaban las horas de luz. Según las creencias celtas, en esa fecha se estrechaba la línea que dividía este mundo del "otro mundo", permitiendo a los espíritus traspasar a ambos lados. Para ahuyentar a los espectros malignos, se usaban máscaras y trajes que los imitaban y evitaban ser dañados por ellos. También era común celebrar banquetes en las tumbas de los antepasados.

Recién en el año 835, la Iglesia Católica instituye el día de Todos los Santos el 1º de noviembre, la misma fecha que los pueblos germánicos y celtas conmemoraban a sus difuntos, junto con el inicio de la temporada en que "todo moría" en la naturaleza. Aunque, además de la demagogia, se supone que la decisión del papa Gregorio IV se debió a que las peregrinaciones a Roma en verano ocasionaban grandes problemas para la salud pública y muchas víctimas letales, debido a la "fiebre romana" causada por los tórridos veranos y por eso, se eligió una fecha cercana al inicio del invierno.

Aunque recién a mediados del siglo XIX llega a Estados Unidos y Canadá, a través de los inmigrantes irlandeses y comienza a extenderse por todo el territorio norteamericano a comienzos del siglo XX. Sin embargo, su masificación recién llega en los años ’80, de la mano de la internacionalización y la mercantilización que introduce la celebración en otros países ajenos a esta tradición, mediante el impacto que causó la película de terror Halloween, de John Carpenter.

Cuando las brujas salen a las calles

En oposición a la noche de brujas del 31 de octubre, con seis meses de diferencia, los pueblos nórdicos también celebraban la noche de brujas del 30 de abril, con grandes fogatas para ahuyentar a estos espíritus que volaban hacia la montaña para hacer sus aquelarres. Una costumbre pagana de celebrar otro rito en una fecha opuesta en el calendario, para dar vuelta el significado de la anterior.

Lo cierto es que las brujas perduran como un ícono divertido para la publicidad de estas fiestas mercantilizadas que ya perdieron el sentido social que tenían en la Antigüedad. Fue el capitalismo, en sus orígenes desde las entrañas de la Edad Media, quien acabó con las brujas de la vida real. Así decidió denominar la Iglesia católica a las mujeres que aplicaban sus conocimientos de herboristería para las curaciones, la atención de los partos, el uso de métodos anticonceptivos y abortivos, etc. Por oposición a los herejes, que eran aquellos hombres que elaboraban teorías contrarias al dogma eclesiástico, las brujas eran las que transgredían los dictados del poder religioso sobre los cuerpos. Miles fueron torturadas y quemadas en las hogueras de la Inquisición. La "caza de brujas" es la expresión que atravesó la Historia para referirse a esta persecución, basada en falsas acusaciones, autoinculpamientos conseguidos mediante la tortura y delaciones obtenidas a través de las amenazas.

Las brujas de Salem, fueron algunas de las últimas condenadas entre 1692 y 1693, en un proceso contra cientos de personas, de las cuales veinte fueron ejecutadas en Massachusetts, Estados Unidos.

La última bruja

En 1953, el escritor Arthur Miller publica su obra Las brujas de Salem, contra el dogmatismo religioso de finales del siglo XVII, pero en lo que fue una denuncia metafórica del "macarthismo", aquel período entre 1950 y 1956, en que el senador republicano Joseph McCarthy inició un proceso contra personas sospechadas de ser comunistas, mediante declaraciones, acusaciones infundadas, interrogatorios y listas negras.

Es por eso que, algunos feminismos se reapropiaron y reivindican la figura de la bruja, como símbolo de las luchas feministas por los derechos de las mujeres y la posibilidad de construir una subjetividad femenina contraria a los estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal, basados en la irreverencia, la rebeldía y la resistencia. Brujas que no admitirían que su noche fuera transformada en una fiesta para el consumo, donde los que ganan son apenas unos pocos. ¿Truco o trato?


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