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Hablemos de salud mental

La depresión es un trastorno mental frecuente dentro del sistema capitalista y una de las principales enfermedades mentales en todo el mundo. Hablemos un poco de esto.

Sábado 22 de febrero | 09:28

En el día de ayer las imágenes que se viralizaron sobre un suicidio en Córdoba generaron una catarata de comentarios en redes sociales pidiendo, con mucho criterio, que no se difundan y que en lugar del morbo al que nos tienen acostumbrados las redes sociales hablemos, en serio, de la salud mental.

Hace poco, las paredes de Chile en plena revuelta se iluminaban con una frase que decía: "Me di cuenta que no estaba deprimido, era el capitalismo" y es tan poderoso el sentido de esta frase como la comprobación de que la tasa de suicidios bajó considerablemente mientras el pueblo chileno estaba en las calles reclamando, luchando por una vida que merezca ser vivida.

¿Que es la depresión?

La depresión afecta a mas de 300 millones de personas en el mundo. Este trastorno presenta tristeza, perdida de interés, culpa, baja autoestima, trastornos de sueño y de apetito, cansancio y falta de concentración. También puede provocar síntomas físicos, afecta la capacidad de llevar a cabo actividades laborales y/o académicas, de afrontar la vida cotidiana, y en lo mas grave, se puede llegar al suicidio.

La salud mental aparte de incluir características individuales, incluye factores sociales, políticos, económicos, culturales y ambientales, como las políticas nacionales, condiciones laborales, etc.

Está problemática, que es histórica, ha sido abordada por Marx en su libro "Sobre el suicidio" donde relata allí historias que se nos presentan con descarnada actualidad: la tiranía familiar, el patriarcado, la violencia de género, el haber sido destituido de un puesto, el ser rechazado de un trabajo, la baja súbita de los salarios que tiene como consecuencias que las familias no obtengan lo necesario para vivir.

Mientras que un puñado de empresarios se llenan los bolsillos, el pueblo trabajador, jubilades, las mujeres y disidencias sufren las peores consecuencias. Gracias a sueldos miserables, la falta de empleo, la dificultad de estudiar por trabajos precarios, el no acceso a la salud o educación, y las perspectivas de una vida que empeora día a día, ¿cómo es posible que no repercuta en la salud mental?".

Sistema de salud y escasez de recursos

La divergencia entre la necesidad de un tratamiento psicológico o psiquiátrico y su prestación en todo el mundo, muestra que, en países con ingresos bajos o medios, entre un 76% y un 85% de personas con trastornos mentales no reciben su debido tratamiento. Así también, en países con ingresos elevados, entre un 35% y un 50%, tampoco reciben tratamiento.

Mayoritariamente las personas con problemas de salud mental, no recibe ningún tipo de asistencia ni en momentos iniciales de crisis ni en las evoluciones posteriores en sus procesos.

Teniendo en cuenta las estadísticas de la OMS (Organización mundial de la salud), los porcentajes de personas que no reciben ningún tipo de asistencia aun con trastornos mentales importantes, son altas. Considerando que antes de arribar a dimensiones tan evidentes de trastornos calificables, esas personas ya tenían padecimientos o los habían tenido en crisis previas que podrían haber sido atendidas. El porcentaje de les que deberían ser atendides y no lo son, es notablemente mayor.

A pesar de la "Ley de Salud Mental", ha habido pocos cambios desde lo material. Mas de 400 personas permanecen encerradas por la falta de políticas de viviendas y son víctimas de la violación sistemática de los derechos humanos.

A partir del año 2010, "Se instaló en todo el país la obligación de adecuar y sustituir los hospitales psiquiátricos por atención en todos los hospitales, centros comunitarios en los barrios y viviendas asistidas para que las personas que fueron institucionalizadas no permanezcan encerrades por no tener donde vivir. Esta ley nacional plantea un plazo para la sustitución definitiva de todos los manicomios para el año 2020".

Una iniciativa sin recursos, sin más personal, sin la incorporación de insumos y de condiciones dignas para las y los trabajadores y sin la mejoría general de las condiciones de las masas trabajadoras y los sectores populares. De este modo, difícilmente veamos la reducción de los índices de suicidio.

En 2015, Córdoba adhirió a la ley nacional de prevención del suicidio, sin embargo el reclamo por una salud mental integral y con presupuesto sigue estando vigente y en las calles, porque sabemos que acceder a esta salud es muy difícil en el día de hoy.

A nivel local, en Río Cuarto, quien quiera acceder a los pocos turnos que se brindan desde la salud pública puede llegar a esperar unos 3 meses sin ser atendide.

Siguiendo el ejemplo que mencionamos más arriba y sin pretender dar una solución hecha, sino aportar una reflexión partiendo de la experiencia viva que relatábamos al comienzo de la nota, consideramos que la lucha colectiva, organizada, por cambiar este sistema de raíz y sustituirlo por una sociedad sin explotación es la manera de acabar con todas estas tiranías que afectan y que llevan a una persona a decidir quitarse la vida, mientras tanto hay medidas indispensables, concretas, como: salario digno igual a la canasta básica familiar, trabajo en blanco, educación sexual integral en las escuelas, basada también en la ley de identidad de género, una ley de emergencia para acabar con la violencia machista, el derecho al acceso a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), acceso al deporte, a la cultura, para generar prácticas solidarias y comunitarias entre la juventud, por la atención a los jubilados y que tengan condiciones dignas, pero todo esto se conquista en las calles.

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