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Red Internacional

El opio fue legal. En el siglo XIX fue usado masivamente.

Lunes 11 de abril | 18:47

En el siglo XIX, en Europa, los salones para fumar opio eran unos verdaderos centros de “perdición”. Fueron los británicos quienes impusieron la moda: exportado desde China, el opio se fumaba en largas pipas. Por medio de las “Guerras del Opio”, los ingleses convirtieron a India y China en sus principales fábricas de producción de amapola.

Su planta fue un éxito: en los medios intelectuales, el opio se convirtió en un verdadero elixir. Los “Prerrafaelitas” (de Rossetti) lo usaban de forma común; Thomas Quincey editó un Confesiones de un inglés comedor de opio y se convirtió en una Biblia de los opiómanos; los franceses Charles Baudelaire y Artur Rimbaud no sólo lo consumieron, sino que escribieron sobre sus efectos.

No sólo se consumió en el siglo XIX. En París, el poeta Jaquces Vaché, amigo de André Breton, falleció por una sobredosis de opio en los pulmones un 6 de enero de 1919. Vaché fue el centro, la fuente de inspiración, del surrealismo. Walter Benjamin experimentó con el opio y el hachís y detalló que los estupefacientes son una recompensa ante las humillaciones del capitalismo a los individuos: algo así como un sedante ante las humillaciones del capitalismo.

Proletarios y el opio

Karl Marx en su Crítica a la filosofía del derecho de Hegel inicialmente comparó el opio con la religión: “La miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo”.

Ya después en El Capital sostiene que “Al igual que en los distritos fabriles ingleses, también en los distritos agrícolas se extiende diariamente el consumo de opio entre los trabajadores y las trabajadoras adultas. Impulsar la venta de productos opiáceos es el objetivo de algunos emprendedores comerciantes al por mayor. Los droguistas los consideraban artículos
principales.” (Marx, 1976, p.31).

Las bases materiales

El opio se llamó “la droga de los pobres”, se usaba, no siempre fumada: se hacía en jarabe o se masticaba la planta de la amapola. Los proletarios la preferían porque el alcohol era muy caro y la planta del opio disminuía el apetito y eso abarataba la vida. Se usaba como sedante y analgésico. Para los nervios y para la migraña, se masticaba en pequeñas porciones y hasta se vendía en las farmacias a discreción.

Federico Engels publicó su maravilloso ensayo La situación de la clase obrera en Inglaterra en el que detalló las pobrezas, miserias, vejaciones, explotación redoblada y humillaciones que vivían las y los proletarios en la cuna de la revolución industrial.

Ahí se puede ver las causas del consumo del opio: bajos salarios, casas pequeñas con familias enteras amontonadas durmiendo en el piso, niños sin escuelas, sin parques sin ninguna esperanza de recreación, jornadas laborales de más de 12 horas, explotación, injusticias permanentes, miseria, pobreza material. El opio fue el analgésico y el sedante para que el proletario pudiera continuar viviendo un mundo humillante y explotador.

Despertar de la fuente anestésica

Mitigar y aliviar el dolor del mundo y del individuo que está enteramente solo ante los dolores que causa la explotación en el capitalismo, esa era la razón social del consumo del opio. Solo. Mirando el vacío. El proletario consume analgésicos para aliviar sus penurias materiales.

Karl Marx escribió que el obrero en el capitalismo se convierte en “un simple apéndice de la máquina” y el proceso de trabajo no sólo es la de extracción de plusvalía sino de deshumanización permanente. De ahí que la única forma en la que deje de existir la adicción al opio desde el punto de vista marxista era la solución de las bases materiales que causan el dolor y el malestar.

El capitalismo reduce al mínimo el vital humano en múltiples dimensiones: la calidad del sueño, la capacidad de reponerse, la calidad de la vista, el tacto, la memoria, la proyección de futuro, el modo de sentir, hasta el lenguaje como cualidad. La tasa de explotación no se mide sólo en la cantidad de plusvalor que se queda el patrón, sino también en la reducción al mínimo del vital humano del obrero y, con ello, de toda la sociedad; esa contradicción es lo que generaba la adicción al opio.

Desde el punto de vista marxista, la lucha por el aumento del mínimo vital social es una lucha política. Si la causa de la adicción es la explotación, la única forma de su abolición sería la segunda: la de la explotación capitalista. Despertar de la fuente analgésica: Marx opinaba que la criatura adolorida necesitaba tomar el destino de su vida en sus manos.

Fuentes:

*- Karl Marx, El Capital, FCE. México. 1976.
*- Karl Marx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1844/intro-hegel.htm




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