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Red Internacional

Migrar no ha sido nada fácil ni antes ni durante la pandemia, mucho menos para la población femenina.

Diana Bruja PalaciosMaestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Lunes 27 de diciembre de 2021 | 19:42

El incremento de las mujeres que migran, de todas las edades, es muy notorio. Son hasta el 52 % del total de migrantes, comparado con el 2018, año en el que fueron el 35.8 % y el 2019, en el que fueron el 41.5 %.

Cabe enfatizar que en sus propios países sufren violencias como la discriminación social, el machismo y el feminicidio; por lo que están expuestas a diferentes violencias de género a lo largo de sus vidas, lo que las lleva a caminar por el mundo en busca de una vida mejor, por más peligros que enfrenten en el trayecto.

Las mujeres que están migrando no sólo lo hacen como miembros de familias, sino por su cuenta como trabajadoras o refugiadas que huyen de la violencia estructural y sistemática que se forja con más políticas antimigrantes en el corazón mismo del capitalismo. Entre ellas, niñas que viajan solas.

Al no contar con políticas migratorias progresivas y sensibles al género, deben enfrentarse a la violencia de género, la violencia sexual, la violencia simbólica, la explotación sexual y trata, la violencia económica, entre otras, que les niegan el derecho a una migración libre y segura.

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Cabe destacar que no sólo tienen mayor riesgo de sufrir explotación laboral, al tener que asumir los trabajos más precarizados y sin derechos laborales, con salarios que apenas alcanzan para la supervivencia; sino también son víctimas de la violencia sexual que conlleva a embarazos no deseados e ITS (infecciones de transmisión sexual); de la trata de personas con fines de explotación sexual; y también son las más expuestas a padecer COVID-19, como explicamos aquí, ante la omisión del imperialismo y de los gobiernos subordinados a éste.

En entrevista con Irene N, estudiante de la ENAH, ésta nos comentó que, en su estadía por Sonora, encontró un paraje donde había árboles con ropas de colores; sin embargo, fue aterrador cuando le dijeron que esas ropas eran prendas íntimas de las mujeres migrantes que ya sabían que serían violadas a cambio de cruzar hacia el otro lado de la frontera con EE. UU.; las prendas representan trofeos para los “coyotes” y una burla para las mujeres migrantes y las sociedades que se dicen democráticas, ante toda la violencia que de por sí ya padecemos las mujeres.
Las estaciones migratorias y albergues se encuentran hacinadas y la presencia de elementos de las diferentes instituciones gubernamentales sólo empeoran las cosas, ya que tienen denuncias por maltrato, violencia sexual y hasta esterilizaciones forzosas.

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Ante esto, con sus escasos recursos, algunas mujeres migrantes usan métodos anticonceptivos desde antes de emprender su viaje; aunque sabemos que esto resulta insuficiente, pues no están exentas de contraer alguna ITS (infección de transmisión sexual) o de que falle el método anticonceptivo y obviando que resulta repudiable que las obliguen a usar su cuerpo como moneda de cambio; algo que nunca puede pasar como algo “normal”, pues estas situaciones les causan traumas psicológicos y emocionales profundos.

Violencia obstétrica en embarazos y abortos

En países como México resulta cotidiana la exclusión de la salud pública de las mujeres pobres y trabajadoras, por lo que no es un secreto que muchas acuden a prácticas clandestinas o inseguras ante la falta de legalización del aborto seguro y gratuito. Esto se maximiza en las mujeres migrantes quienes, al no contar con salud pública, se ven obligadas a abortar solas o en la clandestinidad e, incluso, a llevar hasta el fin embarazos no deseados producto de las múltiples violencias sexuales en su contra. Para aquellas que eligen ser madres, tampoco se les garantiza el acceso a la salud pública para llevar el seguimiento adecuado de sus embarazos.

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¡Por un mundo libre de violencia para todas las mujeres!

Resulta urgente y necesario que luchemos por derechos sexuales y reproductivos para todas las mujeres, trabajadoras, estudiantes, inmigrantes en el marco de la profundización de la violencia en nuestra contra. No podemos permitir que, mientras las autoridades actúan sin atender nuestras demandas de educación sexual integral en todas las instituciones públicas, acceso irrestrictos a métodos anticonceptivos y aborto legal, seguro y gratuito, además sigan avanzando en la normalización de la explotación laboral y sexual de las mujeres migrantes.

Por ello, desde LID exigimos alto a la represión de las y los migrantes y paso libre y seguro con derechos políticos y sociales. Hacemos un llamado a todas las organizaciones y colectivos políticos, sociales, sindicales, de mujeres y de la diversidad sexual, así como defensoras de DDHH, a pronunciarse en defensa de las mujeres en situación migratoria.




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