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Femini...¿qué?: un debate con el feminismo de la 4T

Joss Espinosa

Femini...¿qué?: un debate con el feminismo de la 4T

Joss Espinosa

Presentamos un análisis sobre la relación entre la 4T y el movimiento de mujeres. ¿Cuáles son las contradicciones que enfrenta el movimiento de mujeres y que necesita para avanzar?

Hace ya más de cinco años que el movimiento de mujeres ha tomado las calles. A nivel internacional hemos visto manifestaciones en contra de la violencia, por el derecho al aborto y por derechos laborales, y México no ha sido la excepción. En este marco vale la pena preguntarse sobre el curso del movimiento de mujeres, los actores políticos que actúan sobre el mismo y los marcos en los que se desenvuelve.

Este momento del país también está signado por la llegada al poder del Morena y Andrés Manuel López Obrador, capitalizando la esperanza de millones de trabajadores, mujeres y sectores populares que después de sexenios del PRI y el PAN, buscaban un cambio a la situación de precarización y violencia que se vive.

Entre esos aquellos esperanzados en el cambio que podía traer el proyecto de la 4T, se encontraban sectores del movimiento de mujeres y del feminismo que, ante un aumento exponencial a la violencia, depositaron su confianza en este nuevo gobierno.

A dos años de que AMLO asumiera la presidencia y mientras sostiene que la transformación del país está en curso, vale la pena preguntarse, cuál es el “feminismo” que defienden sectores que integran el gobierno y que tan real es que es que la 4T traerá cambios profundos a la vida de las mujeres, en un país en el que se asesinan a más de 10 de nosotras cada día y la violencia va en aumento.

La política del Morena hacia las mujeres, ¿contradicción o proyecto definido?

Desde que surgió el Morena, buscó fungir como contención de los movimientos de protesta que surgieron durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Incluso cuando grandes sectores se encontraban en las calles exigiendo justicia por Ayotzinapa, AMLO llamó a mostrar ese descontento en las urnas, dejando claro que para él la única vía de cambio era institucional y no, evidentemente, desarrollar la movilización hasta la caída de EPN. La llegada de AMLO a la presidencia permitiendo que el régimen de conjunto se relegitimara, después de sexenios de duro cuestionamiento.

Por otro lado, también tuvo una política para cooptar las demandas de los sectores de familiares de víctimas, entre ellas las madres que luchan por justicia ante el feminicidio, de ahí que surgieran los foros por la paz, los cuales fueron duramente cuestionados dado que el presidente sostenía un discurso de “olvido no, perdón si” ante los sectores que exigían justicia, también dejó claro desde ese momento que no iba a enjuiciar a ex presidentes o funcionarios públicos (pese a que se revelara su responsabilidad en crímenes de Estado); otro de los puntos controversiales fue el llamado de AMLO al papa para que participara de dichos foros.

También durante su campaña, una de sus grandes promesas fue la desmilitarización del país: lejos de concretarlo, AMLO creó la Guardia Nacional, elevándola a grado constitucional, con la que legalizó el actuar de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública.

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El Morena rumbo a la contienda electoral de 2018, con el fin de asegurar su camino a la presidencia, dio entrada e impulsó a ex integrantes del PRI, PAN y PRD, además de sectores empresariales y conservadores. Esta acción pragmática respondía a que, más allá de la creciente simpatía que generaba, necesitaba llegar a estados del país en los que la fuerza del Morena no estaba consolidada. Sin embargo, esto les jugó después “en contra”, con personajes como Lilly Telléz que, tras criminalizar a las mujeres por el derecho a decidir, saltó del Morena al PAN. El Morena tuvo también constante diálogo con los empresarios, a los cuales prometió estabilidad y una “reconciliación entre las clases” con un discurso de gobernar para ricos y para pobres, que hoy por la vía de los hechos se comprueba que el actual gobierno favorece a los grandes empresarios.

Por otro lado, pese a que figuras femeninas declararon que los derechos de las mujeres estaban contemplados dentro del Morena, esto fue cuestionado luego de que dicho partido anunciara su alianza con el conservador Partido Encuentro Social (PES) [1].

Cabe aclarar que, desde su formación, más allá de que el PES ha sostenido “no ser un partido religioso”, está más que claro que está conformado por diversos sectores de la iglesia cristiana-evangélica. Desde que fue impulsado como asociación civil, y más aún cuando obtuvieron el registro como partidos locales, el proyecto fue encabezado por diversas asociaciones religiosas del país, además de aliarse con el PAN en sus primeras elecciones. No es casual que los primeros lugares donde obtuvieron su registro fueron, precisamente, los estados más conservadores del país, e históricamente gobernados por el PAN. En torno a sus posturas, han sido muy claros en definirse como un partido que defiende la familia y se han declarado abiertamente en contra de la legalización del Aborto y el matrimonio igualitario.

Estos son solo algunos elementos que muestran la heterogeneidad al interior del Morena, y que se expresa también en la política sobre los derechos de las mujeres. Otro de los ejemplos es que, más allá de que sectores femeninos del partido han declarado que el Morena está a favor de la despenalización del aborto y pese a tener mayoría en el congreso federal, hasta ahora no se ha discutido ninguna de las iniciativas en ese sentido; esto mientras la derecha avanza en los congresos locales para bloquear el aborto.

Incluso las declaraciones más polémicas han venido del propio presidente, el cual en las mañaneras ha mostrado su conservadurismo y menosprecio a las demandas de las mujeres. Recordemos que, en la conferencia del 8 de marzo de 2019, en la que dio un discurso sobre la “igualdad”, fue interpelado sobre el aborto a lo que respondió: “Yo creo que no hay que abrir esos debates”, declarando después que lo primordial era el combate a la corrupción. Dicha declaración dejó claro que las vidas de las mujeres que se han perdido a causa de abortos clandestinos no es prioritaria.

Más de un año después, y en el marco del aumento de la violencia que trajo la cuarentena y el confinamiento, organismos señalaron que las llamadas de emergencia por violencia hacia las mujeres iban en aumento; ante esto AMLO, en una conferencia matutina en mayo, declaró que el 90 % de las llamadas por violencia eran falsas.

Más recientemente, y después de la represión ejercida por la policía de Claudia Sheinbahum a la movilización convocada en exigencia de la legalización del aborto para todo el país, López Obrador en la conferencia del 29 de septiembre aseguro que “el gobierno de la Ciudad de México ha actuado con mucha prudencia”, hizo un llamado a la no violencia. Días después, y en tanto que el 28S continuaba presente, llamó a la no violencia sentenciando que la única forma para avanzar en los derechos de las mujeres era la vía institucional. Incluso señaló que las manifestantes eran “conservadores” y “fascistoides”. La postura del presidente en torno a dichas movilizaciones es muy distinta a la que tiene en torno al plantón del reaccionario FRENAAA, que se encuentra protegido en el zócalo capitalino.

Las declaraciones de AMLO no son casuales, menos aún en las mañaneras que son el principal espacio desde el que marca la agenda política. De esa manera, queda clara su respuesta ante ciertos reclamos y sectores movilizados. Además de que ha sido muy enfático en remarcar que en su gobierno la única vía “legítima” para exigir derechos, es la subordinación a su gobierno y la vía institucional; mientras trata de deslegitimar todo movimiento o reclamo que le sea crítico e independiente a su proyecto.

Lo real es que en estos años del gobierno, la violencia no sólo no ha disminuido sino que va en aumento, y en el marco de la pandemia, el gobierno ha favorecido a sectores empresariales que han encabezado los miles de despidos y recortes que han afectado principalmente a las mujeres; mientras queda cada vez más claro que el Morena por “voluntad” no va a discutir ni aprobar la legalización del aborto, y AMLO ha llamado al “cariño” y la fraternidad como solución a la violencia y los feminicidios.

Hay feminismos y feminismos

Basta con mirar el periódico La Regeneración, impulsado por la Secretaría de Mujeres de CEN Morena, para dar cuenta de cuál es el feminismo que impulsan.

Aunque no hay textos específicos sobre la corriente o tendencia del feminismo que defienden, podemos sacar algunas conclusiones del contenido político que impulsa la Secretaría de Mujeres, así como del propio periódico antes mencionado. Uno de los pocos textos que resaltan con un carácter más teórico o histórico, es el artículo/compilación El ABC del feminismo, escrito y compilado por Teresa C. Ulloa Ziaurriz. En él, hace un recorrido particular de la historia del feminismo y se dan algunas conclusiones sobre la perspectiva del actual movimiento.

Aunque el compilado parte de hablar de las acciones “radicales” del feminismo como parte de su historia, lo que intentan resaltar y justifica dentro del texto es la vía institucional como la única para conseguir derechos y la igualdad de la mujer con el hombre; es decir, a grandes rasgos destacan un feminismo liberal. Se llega a alertar incluso sobre los “peligros” de las “posturas demasiado radicalizadas e inviables”, algo que, aunque no aclaran más a qué o quienes se refieren, apunta a invalidar las posturas y proyectos por fuera de la legalidad o el status quo.

Otra cosa que resalta es, la caracterización –breve- que hace del feminismo socialista, en torno a la cual afirma que: “Aunque hubo aportes esenciales como los de Alexandra Kolontai, también el socialismo estaba teñido de una ideología patriarcal. Las revoluciones socialistas no significaron un cambio sustancial para la mayoría de las mujeres.” [2], no es casual que tergiversen de esa forma a dicha corriente, dejando de lado las grandes aportaciones que las y los socialistas hicieron a la lucha por la emancipación de la mujer.

Aunque no queremos referirnos aquí ampliamente a dicha experiencia, vale la pena recordar que la revolución rusa de 1917, además de llevar a las y los trabajadores al poder, trajo la legalización del aborto, la despatologización de la homosexualidad, el derecho al divorcio, igualdad de salarios, voto universal, entre otras demandas (mismas que fueron cumplidas muchos años después en los países capitalistas, o que aun hoy no han sido cumplidas). Para las y los bolcheviques que protagonizaron la revolución rusa, la emancipación de las mujeres no era una demanda anexada al proceso revolucionario, sino una parte fundamental para pensar en la emancipación de la humanidad, y sentaron bases para la misma teniendo como puntos principales la socialización del trabajo doméstico que liberaría a la mujer de dicho rol, la incorporación de las mujeres al trabajo productivo, la disolución de la familia impuesta como núcleo reproductivo y de consumo; además del amor libre y la liberación sexual. [3]

Regresando al texto, más adelante afirma, que fue con el feminismo de los 70s, y sobre todo, a partir de Simone de Beauvoir que se critica por primera vez el rol de las mujeres como reproductoras y garantes de la crianza. Nuevamente, muestra un análisis sesgado, pues con lo antes mencionado queda claro que ya desde 1917, se cuestionó dicho rol, más allá de que los aportes del feminismo de la década de los 70 fueron y son muy importantes.

Posteriormente, Ulloa se refiere al giro que tuvo el feminismo en los 90s: “La incertidumbre posterior repercutió en un movimiento menos movilizado, pero más reflexivo, y a la búsqueda de lógicas dialogantes. En este contexto, uno de los cambios significativos lo constituye pasar (en general) de una actitud anti estatista a una postura crítica pero negociadora con el Estado y los espacios internacionales” [4]. Lo que aquí es señalado como un avance o acierto, significó para el feminismo la integración y adaptación al Estado, lo que garantizó que, mientras sectores del feminismo gestionaban políticas públicas en los países centrales y se aplaudía la integración de mujeres en cargos públicos, a nivel global se avanzó en las políticas neoliberales que trajeron mayor precarización y violencia para la mayoría de las mujeres.

En torno a esto, Andrea D’ Atri hace un análisis en su texto Con amplitud, pero también con estrategia en el que afirma:

“En tanto, a lo que hemos asistido, bajo la égida de los proyectos para el desarrollo, ha sido al crecimiento de una fenomenal desigualdad que, al tiempo que se promovía un “feminismo de los derechos”, descargaba sobre millones de mujeres las consecuencias más nefastas del ataque en regla a las masas del continente.” [5]

Del análisis que realiza Ulloa y a modo de conclusiones, en otro de los textos incluidos en dicha compilación exponen cual tendría que ser el rumbo que tome el movimiento de mujeres: “En síntesis, podemos decir que en Latinoamérica la principal tensión reside en cómo mantener la radicalidad del pensamiento y la acción, al mismo tiempo que se incursiona en espacios públicos y políticos más amplios, que permitan negociar y consensuar las propuestas y agendas que la mayoría de las mujeres necesitan.” [6]

Dicha conclusión, precisamente oculta las consecuencias que tiene el hecho de que el feminismo se integró al Estado; lo que pareciera justificar el por qué el emergente movimiento de mujeres debe adaptarse, precisamente, al nuevo gobierno.

Si analizamos las propuestas del Morena en torno a los derechos de las mujeres, va en la misma línea del texto antes descrito. Leyendo, tanto la agenda de mujeres, como el periódico La Regeneración, aunque hablan en abstracto del combate a la violencia y los derechos de las mujeres, podemos sintetizar que las principales propuestas son: por un lado, la paridad en los congresos y espacios de representación; y las demandas contra la violencia política.

La paridad fue presentada por el gobierno como el mayor logro para los derechos de las mujeres, anunciándose como el primer gobierno que logró esto en el congreso y en el gabinete del gobierno federal. Algo que se ha quedado corto si pensamos en que dicha paridad no se ha puesto en función de votar o impulsar derechos como el aborto.

Es importante recalcar que, aunque el movimiento de mujeres ha logrado ciertas conquistas como el derecho al voto, o a la participación de la vida política en el mundo, históricamente se ha mostrado, por un lado, que esos derechos fueron conquistados a través de la lucha y la movilización en las calles; y, por otro lado que, aunque son un avance, estos no siempre han significado cambios sustanciales en la vida de las mujeres trabajadoras y más precarizadas. Esto, entre otras cosas, se debe a que el hecho de que las mujeres tomen espacios de representación política, no quiere decir que dichos espacios estén al servicio de las grandes mayorías.

Sumado a esto, el feminismo liberal también trajo consigo el discurso de que en la sociedad ya estaban garantizados los derechos a las mujeres, relegando la emancipación femenina a una lucha o un “empoderamiento” individual; algo completamente absurdo si tomamos en cuenta las enormes desigualdades que existen en la sociedad actual. [7]

Diálogo e integración del feminismo actual

En torno al feminismo y el movimiento de mujeres actual, vemos diversas posturas por parte del Morena: desde sectores que opinan que el movimiento de mujeres tiene que conciliar y negociar con el Morena, llamando incluso a su integración, otros que descalifican las manifestaciones; destacando entre todo ello la postura de AMLO con comentarios como los anteriormente relatados. Ello resulta en una postura zigzagueante por parte del nuevo gobierno.

Dicho zigzagueo entre rechazar y conciliar se mostró de forma clara durante las movilizaciones de la diamantina hace un año; la jefa de gobierno Claudia Sheinbahum pasó de llamar violentas y calificar de actos vandálicos a las protestas, a impulsar a “diálogos” a puerta cerrada con supuestas “representantes” del feminismo. La premura de Sheinbaum, de convocar a un espacio con esas características, se debía a que comenzaba a cuestionarse el rol de la policía como una de las instituciones que son responsables de los casos de abuso, acoso, desapariciones y asesinatos hacia las mujeres.

Recientemente, en el foro “Feminismo: Presente y futuro” realizado el 5 de octubre por la Secretaría de la Mujer del Morena, Karla Motte, editora de La Regeneración, se refirió a esta dinámica: “Estas intervenciones [en el espacio público] han detonado espacios de diálogo con las autoridades, y la búsqueda de este movimiento de voluntad política para hacer avanzar la agenda del feminismo.” [8], lo que deja de lado es que, en dichos “diálogos” no estaban presentes el conjunto de sectores movilizados y, además de ser espacios cerrados, estuvieron conformadas por feministas afines al gobierno.

Ahora bien, del mismo foro podemos destacar algunos aspectos generales o comunes que sostienen estos sectores feministas del Morena: declaran que por primera vez existe este movimiento de mujeres gracias a la “apertura” dentro de la 4T, ignorando que las movilizaciones surgieron previo al nuevo gobierno y sectores de las madres de víctimas llevan ya una larga trayectoria de lucha; incluso obvian que el movimiento en México responde a una efervescencia internacional.

En segundo lugar, mencionan que la “acción directa” o intervención en el espacio público es importante para visibilizar, pero que es necesario que el movimiento feminista pacte, negocie e incluso se integre al gobierno de la 4T. También mencionan, como lo ha declarado AMLO en otro momento, que hay infiltración en el movimiento feminista y que hay sectores que quieren desestabilizar al gobierno, algo que hoy es usado hacia algunos sectores pero que dichas aseveraciones pueden escalar para descalificar a cualquier movimiento disidente al gobierno. Más allá de que sectores de la derecha intentan apropiarse de las demandas del movimiento de mujeres, la realidad es que el ataque y la acusación del Morena es contra todo el movimiento y busca desacreditar las justas demandas que se han impulsado.

Y por último, como un elemento altamente preocupante, es que negaron totalmente la represión ejercida por los elementos de la policía hacia las manifestantes el 28S. Llegando incluso a señalar que la violencia vino de las manifestantes al grupo Atenea de policías, y que dichos actos no pueden permitirse. Lo que se intenta ocultar es que, quien tiene la fuerza para ejercer violencia es el Estado con la policía y los medios de comunicación de su lado; algo que quedó claro con el operativo de miles de policías que atacaron con golpes, escudos, extintores y gas lacrimógeno, para impedir el derecho legítimo a la protesta social.

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Algunas primeras conclusiones

Es evidente es que la política del Morena es subordinar al movimiento de mujeres al proyecto de la 4T. Esto mientras el gobierno ha mostrado posturas conservadoras en torno al aborto, ha reprimido y criminalizado manifestaciones, dio continuidad a la militarización y ha permitido el avance de las patronales contra los derechos laborales. En síntesis, piden la subordinación del movimiento a un proyecto que claramente no tiene como prioridad las mujeres.

Por otro lado, el Morena, encabezado por AMLO, deja claro que para ellos la única vía legítima en su gobierno para conseguir derechos es por la vía institucional, tratando de impedir el desarrollo de una disidencia que lo critique de forma independiente y por izquierda.

Sin duda, que haya paridad en el congreso es un elemento reivindicable, y que genera amplia simpatía por sectores del feminismo y el movimiento de mujeres. Sin embargo, esto no ha significado un cambio sustancial para el conjunto de mujeres en el país. Dejando en evidencia que, aunque las mujeres ocupen cargos de representación pública, estas no representan a la mayoría de las mujeres, sino los intereses de sus partidos, y en este caso el proyecto de la 4T.

El discurso de infiltración que sostiene AMLO y sectores del Morena, como ya mencionábamos, busca deslegitimar al conjunto del movimiento de mujeres y sus demandas.

Por otro lado hay que denunciar también que la derecha intenta usar nuestras demandas como botín electoral de cara a las próximas elecciones, llamándose cínicamente feministas, mientras en gobiernos pasados han sido responsables principales del aumento de la violencia, la precarización y el feminicidio.

En este contexto, es importante que el movimiento de mujeres tenga consciente que ni el gobierno ni la derecha va a resolver nuestras demandas. De esto se desprende la necesidad de que tenga una clara línea de independencia política y organizativa; de la mano de levantar un programa de empuje las demandas de las trabajadoras y jóvenes precarizadas.

En última instancia, tener claro de dónde deviene la violencia y la precarización, y porque la opresión de las mujeres es uno de los pilares de este sistema capitalista, nos permite ver que más allá de los discursos, las demandas de las mujeres no podrán ser cumplidas hasta el final con un gobierno que no plantea romper con el capitalismo. Este breve análisis pretende abonar a problematizar, en este contexto, cuáles son los retos del movimiento de mujeres y para el feminismo, sobre todo para un feminismo que busque no solo la emancipación individual, sino la liberación de toda opresión y explotación para el conjunto de la humanidad.

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NOTAS AL PIE

[1Tras los comicios de 2018, al no alcanzar el mínimo de votos, el Partido Encuentro Social perdió su registro, de ahí que sus integrantes impulsaron el Partido Encuentro Solidario que recientemente consiguió su registro, integrado tanto por la misma militancia del viejo PES y la misma ideología. Aunque por cuestiones legales no pueden ir en alianza con el Morena en las próximas elecciones, sus dirigentes han anunciado que van a apoyar el proyecto del actual gobierno.

[2Teresa C Ulloa Ziaurriz, La Regeneración “El ABC del feminismo” en https://laregeneracion.com.mx/2020/02/28/el-abc-del-feminismo/

[3Para conocer a fondo sobre esto recomendamos el texto La mujer, el Estado y la revolución, en el que Wendy Goldman hace un extenso análisis de la experiencia de la revolución rusa, en el terreno de la emancipación de las mujeres.

[4Ulloa, Op. Cit.

[5Andrea D’ Atri, Con amplitud, pero también con estrategia, a la búsqueda de un nuevo encuentro entre feminismo y socialismo, en https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/autores/datri/2009/0001.htm

[6Ulloa, Op. Cit.

[7Sobre este proceso, Celeste Murillo hace un análisis en su artículo Feminismo cool, victorias que son de otras, en el también abarca la integración cultural del discurso feminista, y la permanencia de la opresión a las mujeres.

[8Foro “Feminismo: Presente y futuro” visto en https://youtu.be/EXqQa-8scHs
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